RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #103
ALGÚN BAR CIELO
“Necesitas salir y divertirte, Sarah.” Me encogí de hombros. Greg tenía razón, necesitaba salir. Todo lo que había hecho en el pasado siempre era trabajar y volver a casa. No había tenido un ‘alguien significativo’ desde que Mandy y yo rompimos. Lo admito; intenté ocultarme tras el trabajo. Me dio una palmadita en la espalda, “Voy a hacerte ir al club esta noche y no hay nada que puedas decir o hacer para evitarlo. Ese es mi compañero de habitación, siempre mirando por mí. Suspiré y pregunté que a qué hora sería secuestrada. Él rió, “Bien Sarha, si es por la fuerza como ha de ser. Quiero salir de aquí en una hora, así que prepárate.”
Fui arrastrando los pies hasta mi habitación y abrí mi armario. No había salido durante tanto, que no recordaba que solía llevar para salir de bares. Mientras me cambiaba la ropa, Greg entró. “¿Necesitas ayuda?” “No me siento bien saliendo así que no se qué llevar.” Me rendí al hecho de que podría salir de esto y le dejé buscar agitadamente por mi ropero. “¡Ah ha!” dijo triunfante. Sacó la vestimenta y la sujetó frente a mí. Era el favorito de Mandy. Mini falda negra estrecha y combinando una blusa negra de un solo hombro de corte bajo sobre mi pecho. “Bien Greg, tu ganas.”
Mientras me duchaba pensé más y más sobre volver a salir. Sentía mariposas en la barriga. Apuesto a que ya no sabía ni como salir de marcha. El agua caía por mi cuerpo esbelto mientras me enjabonaba con jabón de frambuesa. Qué demonios. Lo peor que podía pasar era nada. Me quité la toalla y sequé mi largo pelo rojo.
Mientras íbamos hacia el club Grinders, sentí que las mariposas volvían. “¿Estás seguro de que tengo que hacer esto, Greg?” Sólo rió y me miró. Llegamos al parking y encontramos un sitio en mitad de ningún lugar.
Tras pagar al portero nos abrió la puerta. La música salió a la calle y las luces de flash traspasaban el parking. Podía sentir los graves en mi pecho y antes de saberlo estaba balanceándome al ritmo. “Ves te dije que esta era una buena idea, Sarah.” Nos abrimos paso hasta la barra y como había esperado Greg me dejó a mi aire. Pedí un ruso blanco y me senté en mi silla mirando el festival sexual frente a mí. ¿Cómo podía alguien esperar encontrar a nadie aquí? Así como pensé eso, volvía mi atención hacia la barra cuando vi de pasada a una bellísima morena mirándome. Al menos pensé que lo hacía. Mi corazón saltó. Pude sentir mis mejillas enrojecidas cuando se levantó de su asiento y se acercó.
“Hola.” Dijo con un fuerte acento sureño. “Soy Melissa y pareces sola querida.” Me reí nerviosamente. Hacía mucho que no oía una frase de coqueteo. ¿Qué demonios? Le seguí la corriente y me presenté. Nos sentamos y tuvimos una pequeña conversación mientras sorbíamos nuestras bebidas. En medio de una conversación sobre cómo nos ganábamos la vida, sentí su mano tocar mi muslo. Casi salto de mi silla. Ella rápidamente retrocedió y me disculpé, explicando que no había estado con nadie en unos seis meses. Ella sonrió y devolvió su mano. Durante lo que pareció una eternidad, me miró fijamente a los ojos. No sabía si inclinarme para besarle o no así que solo la miré. Su mano se deslizó de mi muslo hasta mi cintura, ella se inclinó y presionó sus suaves labios contra los míos. Mi cabeza empezó a girar cuando le devolví el beso y dejé que mi lengua se deslizase entre mis labios hacia su boca. No podía creer lo que estaba haciendo, y lo bien que me sentaba. Ella rompió nuestro beso y me preguntó si quería ir a algún sitio más tranquilo donde pudiésemos estar solas. Asentí con la cabeza. Le dije que necesitaba encontrar a mi compañero de piso y decírselo.
Una vez que se lo dije a Greg y dio su aprobación Melissa y yo nos fuimos a su casa. En el camino hacia allí no podía evitar pensar en cosas salvajes y locas, de todo desde ella siendo una loca asesina del hacha a mi media naranja. Era tan excitante. Pensé en su beso y me sentí humedecer. La miré por encima y me sonrojé. “Llegaremos en un par de minutos, mi apartamento está cerca de la esquina con Grinders.
Cuando entramos en el apartamento, la oí cerrar la puerta. Lo siguiente que supe era que estaba empujándome hacia ella y besándome firmemente de nuevo. Mientras sus manos recorrían mi cuerpo, me hacía caminar de espaldas. Casi con cada paso otro artículo de ropa era quitado. Tenía quitado todo salvo mi sujetador y mis bragas en el momento en que alcanzamos su dormitorio.
Me empujó de espaldas hacia la cama. “Condenada chica, sexy.” Con esto se quitó el resto de su ropa y se subió sobre mi cuerpo. Su suave piel sedosa se sentía tan bien contra la mía. Su cálida respiración húmeda hizo que se me erizase la piel. Deslizó una mano entre mis muslos y presionó contra la entrepierna de mis bragas de algodón. “Oh dios, alguien está terriblemente excitada,” exclamó. Tiró de mis bragas y las lanzó a un lado. Su cara estaba a centímetros de mi conejo afeitado. Me miró con sus sexies ojos verdes y no pude resistirlo. Levanté mis caderas mientras ella acercaba su cara. Mientras dejaba sus manos vagar por mi cuerpo sopló ligeramente por mis labios húmedos, haciéndome gemir y retorcerme. Oyendo mis gemidos urgiéndola, deslizó su lengua caliente entre mis labios y encontró mi clítoris abultado. Su lengua mandó escalofríos de éxtasis a mi columna.
Mientras aceleraba el ritmo mis caderas empezaron a molerse contra su cara. Mis gemidos crecieron en fuerza así como me llevaba más y más cerca del límite. Pude sentir mi clímax creándose en mi interior y como si lo supiese, ella deslizó un dedo en mi estrecho agujero. Instintivamente apreté fuertemente alrededor de su dedo. Deslicé mi mano hacia su cabeza y enredé mis dedos en su pelo. Mis gemidos venían con casi cada inspiración cuando su lengua golpeaba mi palpitante clítoris. “Vamos nena, quiero oír que te corres por mí.” Eso fue; su voz sexy me empujó al límite. Sentí mi cuerpo tensarse cuando mi clímax llegaba; aguanté la respiración un segundo y la solté con gemidos que llenaron todo su apartamento. Presioné contra su nuca con mis dedos agarrando su pelo. Mis caderas empezaron a desacelerar sus golpes mientras mi clímax decrecía. Su ritmo se hizo como el mío y lentamente me ayudó a bajar de mi clímax.
Una vez que estuvo segura de que había terminado completamente se deslizó por mi cuerpo. Presionó sus labios contra los míos otra vez, dejándome mi sabor. Nuestras lenguas se entremezclaron en nuestras bocas y mi dulzura llenó mis papilas gustativas. Rodó a mi lado jadeando. Yacimos allí un rato recuperando la respiración y entonces fue su turno. Pero esa es otra historia.
FIN
RELATOS EROTICOS
videochat
Prohibida su reproduccion total o parcial
Copyright © LS Interactiva Tele media S.L. 2003 - 2006 -