RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #2

A LO LARGO DE LA TRAYECTORIA

La mañana era fresca y crujiente cuando comencé mi excursión hacia la cima del Terry Peak, y aunque era finales de Octubre, el sol comenzaba a calentar sobre el lado sur de la montaña Dakota. Había estado esperando la soledad de las montañas toda la semana y la grata idea de estar dos días fuera de la oficina. Hice mi mochila, recogí el bastón y salí a un buen paso. Ser el miembro más joven de una antigua cadena de despachos de abogados era sin duda un honor, pero eso también significaba que todos los casos más habituales y mundanos cayeran en mi camino, por eso, este fin de semana de montañismo haría que mi mente se despejara de la monotonía semanal.

Aunque las montañas Black Hills no son Grandes Cumbres, pueden rápidamente tumbarte si no estás en forma, y de hecho, en una hora ya estaba roto y buscando el rastro de algún lugar donde poder descansar mis piernas. Cuando me senté sobre una roca a comerme un plátano, oí una risa tonta procedente de un matorral como a treinta metros de distancia. Parecía una risa femenina seguida por otro ruido que más bien sonó como un gemido. Me levanté y fui a investigar y cuando me introducía entre los arbustos me llevé la gran sorpresa de mi vida: dos mujeres, a no más de medio metro de mí, se hallaban sobre una gran manta roja desnudas como malhechoras. Estaba clarísimo que no se encontraban tomando el sol ya que la rubia tenía la boca enterrada en el conejito de la morena. La chica morena gemía y retorcía sus pezones mientras que su amante le comía todo lo que merecía la pena. Yo sentí una gran excitación e inmediatamente se me puso dura al observarlas.

Me saqué el pene y comencé a frotarlo rítmicamente mientras la rubia hacía que la morena alcanzara un excitante orgasmo. Como la morena permaneció en postura orgásmica, la rubia se levantó, fue a su mochila y sacó una correa que hábilmente colocó en su cintura por encima de la entrepierna. Ahora que permanecía lascivamente sobre su compañera, comenzó a ……..como si fuera lo verdadero, mientras que mi propio miembro se ponía duro como el acero azul y estaba a punto de explotar. Bajé mi ritmo porque quería ver cómo a la morenita le entraba esa enorme polla de goma y, después de trabajarla durante algunos minutos, la rubia se metió entre las piernas de la morenita y lentamente comenzó a deslizar ese monstruo en el humeante coño de su amiga. Con cada pulgada dentro de ella, la morenita gemía más y más alto, pidiendo más, hasta que las ocho gruesas pulgadas se le clavaron muy dentro de ella y la rubia comenzó lentamente a bombear para dentro y para fuera en el estrecho conejito de vello oscuro. Algo que se me olvidó mencionar es que la morenita tenía uno de los conejitos más peludos que jamás he visto y contemplar a esta muchacha menuda con una gran mata de pelo oscuro siendo follada por un enorme consolador acoplado a una pechugona amazona rubia era… ¡¡¡la cosa más increíble que jamás había visto en la vida!!! La morenita comenzó a rogarle a su amiga que se la follara más duro y más de prisa y ella comenzó a aumentar el ritmo. ¡¡Se notaba que la rubia también se iba a correr!! Miré con atención y supe por qué - se trataba de un consolador doble cuyo extremo más pequeño ¡¡estaba clavado en el coño de la rubia!! ¡¡¡Me figuré que probablemente le estaría rozando directamente el clítoris mientras se lo metía en el conejito de la morena!!! Mientras las dos mujeres alcanzaban el orgasmo me machaqué la herramienta cada vez más de prisa, de modo que todos nos corrimos al mismo tiempo. Me tapé la boca para silenciar mis gemidos mientras expulsaba chorro tras chorro de caliente esperma aunque bien podría haber gritado porque cuando esas dos se corrieron dieron unos alaridos estremecedores que se podrían haber oído en Cheyenne hasta que la rubia se desplomó sobre la morenita y permanecieron tumbadas, pezón contra pezón, intentando recuperar el aliento.

Silenciosamente me subí la cremallera regresé al sendero principal, y mientras comenzaba a subir, una joven pareja pasó a mi lado y me preguntó si había algún lugar panorámico cerca. Reprimí una sonrisa y dije: "Cuesta arriba, no muy lejos".

FIN


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