RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #78

AZUCAR MAÑANERO

Cuando June Halstrom se sentó en la mesa de su cocina bebiendo su taza de café humeante matutino, pensó, "Dios, desearía que pudiese estar sentada aquí todo el día". Hacía frío fuera, unos seis grados bajo cero y June involuntariamente estiró su bata de felpa más tensa alrededor de su cuerpo. Tenía muchos recados que hacer hoy, y el día no se haría corto. Su ensueño se rompió con el sonido del teléfono de la cocina, y tras responder a él, era su vecina Bev que quería acercarse para una rápida visita. June empezó a protestar, pero lo dejó cuando su amiga dijo que estaba yendo y le colgó el teléfono. Dos minutos después oyó un golpe en la puerta trasera y Bev entró sin esperar a que le respondiese. "Ahora, Bev," protestó June, "tengo mucho trabajo que hacer hoy, y no tengo tiempo para ninguna bobada". Bev se dejó caer en una silla y se sirvió una taza de café, levantó la cabeza hacia un lado y miró a June con lujuria en sus ojos. "Ahora solo un minuto, Bev," le dijo June severamente, "no puedes venir y esperar que esté preparada para dejarlo todo y jugar" Bev ignoró los comentarios de su amiga y los esquivó. "Dime, ¿cuándo fue la última vez que Rich te lo dió?" "Bien debes saberlo," respondió June, "fue anoche, si hay algo de tu incumbencia, esto no lo es," "Abre tu bata June," le ordenó Bev, "déjame ver lo que Rich se folló anoche." June se mantuvo en su sitio y ni hizo ningún movimiento, solo permaneció allí con los brazos cruzados mientras negaba con la cabeza. Bev, alguien que no acepta un no por respuesta, se levantó y se acercó a June y toscamente apartó sus brazos y abrió la parte frontal de su bata. "Justo como pensaba," dijo Beb, "no hay costuras". La mano de Bev se deslizó hasta el coño de June y suavemente fisgó abiertamente las sujeciones de sus labios externos, y cuando su dedo se puso en contacto con el clítoris de June, ella dejó salir un gemido y se reclinó contra el banco de la cocina para sujetarse mientras sus grandes pechos se movían arriba y abajo mientras su respiración se volvía más laboriosa.

Seis meses antes cuando el marido de Bev le dejó, el hombro de June fue uno cercano sobre el que llorar, y como una cosa siguió a otra, pronto las dos mujeres estuvieron teniendo una sesión semanal de sexo lésbico muy intenso. Las dos eran tan diferentes como la noche y el día, mientras June tenía treinta y ocho años con una estructura matronal, setenta y nueve kilos empaquetados en un metro setenta, un gran pecho pesado con grandes pezones, culo grande redondo, un lanudo felpudo marron, y una larga melena de bonito pelo. Bev, por otra parte tenía solo veintisiete años, medía un metro cincuenta y cinco, delgada con un pecho muy pequeño y pelo corto rubio. Además mantenía su coño afeitado, suave como el culito de un bebé, así cuando estaba desnuda tenía la apariencia de una adolescente muy joven. Las dos eran el clásico "Mutt y Jeff", gran cuerpo rellendo June, y pequeña y delgada Bev. Desde que Bev vivía sola, obtenía la mayor parte de su liberación sexual de sus encuentros con June, y hoy se había levantado extremadamente caliente y estaba en la desesperada necesidad de liberarse. Por esta razón prácticamente había forzado el camino hasta la cocina de June, y aunque June había intentado mostrarse molesta con su diminuta vecina, su húmeda vagina era una delatora de que no le importaba la intrusión de su amiga en absoluto.

"Mmmmmmmmm," musitó Bev, "mama tiene un conejo caliente esta mañana, ¿ha estado pensando en ideas sucias?" "Eres como una pequeña puta," gimió June entre los dientes apretados, mientras la caliente mano de Bev trabajaba su coño. "Humph," resopló Bev, "tu siempre estas preparada, y este conejo tuyo está empapado siempre que lo todo." Eso era verdad, porque June tenía un cuerpo altamente sexuado que estaba en constante necesidad de atenciones sexuales. Su marido Rich la follaba al menos cinco veces a la semana, y eso era lo mínimo que le dejaba pasar. Estos encuentros con Bev realmente ayudaban a mantenerse lejos del abismo, y la pequeña puta realmente sabía como satisfacerla. "Vamos a la habitación," sugirió Bev, dirigiendo a June de la mano a través del salón y hacia las escaleras para la suite principal. June se tumbó y separó sus robustas piernas mostrando su peludo conejo húmedo, y sin decir una palabra, Bev tenía su boca sobre el gran coño, lamiendo el caliente clítoris oculto en el bosque vello púbico. En minutos June estuvo elevándose hacia un orgasmo que hizo que todo su cuerpo temblase como un bowl de gelatina. Bev adoraba que June se corriese en su boca, porque era un modo de sentirse realmente cerca de su mejor amiga, y aunque June era una atleta sexual, cuando Bev le hacía el amor, bien, era realmente especial, mas como verdaderas amantes. Su boca ahora cubierta con la eyaculación de June, Bev se deslizó y tomó un gran pezón dentro de su boca lo chupó con satisfacción, dándole a June una oportunidad de volver de sus alturas sexuales. La respiración de June gradualmente volvió a la normalidad y sus pensamientos se volvieron a satisfacer a la pequeña picaruela que había invadido su cocina solo quince minutos antes.

June acarició la cabeza de Bev mientras ella chupaba su teta y preguntó, "¿Cómo lo quieres hoy, cielo?, ¿Como siempre?". La succión más ferviente de Bev fue toda la respuesta que June necesitó, así que cuidadosamente apartó a Bev de su pezón y caminó al vestidor y abrió el cajón de abajo, y bajo una serie de calcetines y ropa interior, June sacó un consolador negro de veinticinco centímetros de largo sujeto a una correa. Siempre divertía a June que esta pequeña chica quisiera ser empalada por semejante objeto, pero en el caso de Bev, su pequeño coño parecía estirarse por encima de sus capacidades y facilmente acomodaba la montruosa polla. Tras deslizarse la erección y sujetar la polla en su enchufe, June se dió un vistazo en el espejo del cuarto de baño. "Dios mío," pensó, parecía obscena, una gorda mujer blanca con grandes tetas y una gran polla negra saliendo de su peluda entrepierna. "Qué incongruente puedes ser" murmuró mientras se dirigía a la cama. "Quiero montarla," ofreció Bev, mientras tocaba distraidamente su conejo. June se tumbó de espaldas en la cama y Bev le montó, guiando el monstruo hacia su estrecho conejo, centímetro a centímetro. Cuando había tragado toda la lanza, la absoluta sensación se estar llena de polla hizo que su conejo tuviese una fuerte contracción involuntariamente, haciendo que Bev tuviese un tremendo orgasmo. Se inclinó y tomó uno de los pezones de June en su boca y lo chupó con fuerza mientras su conejo explotaba otra vez alrededor del masivo falo de goma.

Estubieron así al menos unos diez minutos, con Bev teniendo varios orgasmos más deslizando la polla negra dentro y fuera de su suave coño. Cuando ambas estubieron totalmente satisfechas, June terminó con la fiesta diciendo, "Tenemos que dejar de vernos así, ¿qué dirá la gente?" "Bien," respondió Bev, "Solo les diré que he venido a buscar algo de azúcar." June rió y replicó, "Bueno, eso no es mentir."

FIN


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