RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #74

BLANCO Y NEGRO

La limousina tranquilizó su ruta a través del tráfico, manteniendo a sus tres pasajeros inconscientes del mundo exterior. Sentada entre Steffi y Edward Colter, Dani gimoteó y masculló ruegos para que no le hiciesen ir. Una fuerte reprimenda de Edward solo mantuvo a Dani en silencio durante unos minutos, y pronto estaba otra vez rogando a los Colters que no le llevasen al hotel. Exasperado, Edward amonestó a su mujer, "Cristo, Steffi, haz que se calle, dale de comer si quieres, pero haz que esté en silencio, me está volviendo loco." Steffi ignoró el sarcasmo de su marido, abrió su blusa, desabrochó su sujetador y suavemente se puso a amamantar a Dani de su gran pecho. Confortó a Dani y acarició su cara, sabiendo que dándole el pecho a la joven era el mejor modo de calmarle porque era muy oral, tanto chupando un pezón o chupando la corrida de un gran pene. Dani había estado viviendo con los Colters durante casi seis meses siendo su juguete sexual, y como era totalmente sumisa y los Colters eran dominantes, satisfacían su urgencia natural diciéndole qué hacer y cuando hacerlo. Pasaban muchas tardes practicando cortos juegos sexuales, con Dani obedeciendo las órdenes de sus dos dueños. Cada noche, cuando los juegos acababan, Dani compartía su gran cama, normalmente yéndose a dormir con un pezón de Steffi Colter en su boca. Era la única cosa que instantáneamente le calmaba, tener el gran pezón de Steffi para chupar. Hoy Dani estaba especialmente alterada, porque sus dueños la llevaban a un hotel en el centro para tener una sesión con otro dominante. Normalmente esto excitaría a Dani, pero esto era diferente, el hombre que iban a encontrarse se llamaba Sir Midian, un dominante muy conocido en la escena sado-masoquista. Era un tremendo hombre negro, conocido por su insaciable apetito sexual por jovenes chicas blancas. Dani estaba aterrada por la idea de ser tomada y usada por el gigante negro ya que había oído historias de cómo su gran órgano había destrozado a más de una chica indefensa. No podía creer que sus propios dueños fueran a permitir que abusasen de ella y posiblemente la hiriesen de algun modo, y aunque siempre les había obedecido sin preguntar, esto podía ser demasiado incluso para una sumisa obediente como Dani.

El viaje en el ascensor al piso treinta lo hicieron con pocas o ninguna palabra, pero cuando estubieron finalmente frente a la habitación 3033, Edward miró a Dani y dijo, "No nos avergüences hoy, haz lo que te digan o serás severamente castigada, ¿me entiendes?" Dani bajó sus ojos y respondió suavemente, "Si señor, obedeceré a mi dueño todo el tiempo." Un fuerte golpe en la puerta y unos segundos después fueron conducidos hacia la habitación por una chica japonesa vestida con un kimono. Sentado sobre una silla acolchada estaba un hombre negro de aspecto fuerte vestido con un traje de seda pura blanca y una camisa de color malva. Su cabeza estaba suavemente afeitada, y cuando se levantó a encontrarse con sus invitados les sobrepasaba, siendo al menos quince centímetros más alto que Edward. Los dos hombres estrecharon sus manos y el hombre negro dijo, "Esta debe ser Dani, es incluso mejor de cómo me la describiste, Sir Edward" "Gracias, Sir Midian" respondió Edward, "es una pequeña zorra bien entrenada, creo que la encontrarás perfectamente aceptable para tus necesidades." Sir Midian caminó alrededor de Dani, observándola desde cada ángulo, hasta que se paró y ordenó, "fuera tu ropa, chica, y se rápida" Aunque no lo mostraba exteriormente, Dani nerviosa se quitó su ropa hasta que estaba de pie desnuda en medio de la suite del hotel. Aunque tenía dieciocho años, pesando sólo cuarenta y tres kilos y midiendo 1.52 podría haber pasado por una chica de catorce, y para mantener su apariencia juvenil, los Colters mantenían su zona púbica suavemente afeitada para que sus labios vaginales tuviesen la apariencia de alguien más joven. Lo único que los delataba era que eran mucho más rellenos e hinchados que los de una chica más joven y como sus pechos eran pequeños, solo una copa A, no había razón para que llevase sujetador. Esto mezclado con su pequeña estatura y la ropa de niña que le hacían llevar, hacía que Dani pareciese una adolescente.

La chica japonesa les mostró a Edward y Steffi sus asientos y les ofreció bebidas, y cuando estubieron cómodos, se alejó y empezó a ayudar a Sir Midian a quitarse su ropa. Cuando se quitó su ropa interior, hasta Steffi emitió un jadeo audible. Sir Midian tenía el pene más grande que hubiese visto en su vida. Colgando entre sus musculosas piernas, tenía la cabeza del tamaño de una pelota de tenis, y unos grandes testículos a juego. "Ven aquí chica," le ordenó a Dani, mientras estaba con sus manos en las caderas. Dani rápidamente se arrodilló frente a él, sin levantar todavía sus ojos del suelo. Estirando el brazo, él levantó su barbilla hasta que estubo cara a cara con su polla, y aunque estaba aterrorizada, la sola visión de sus genitales hizo que el conejo de Dani se inundase. "Hazmelo chica", fue todo lo que dijo, y Dani tomó la aterciopelada cabeza en su boca. Pudo sentir la fuerza que recorría su cuerpo, y ahora entendía por qué Sir Midian era casi una leyenda. Sabía que si el se lo ordenaba, dejaría a sus propios dueños solo por la esperanza de tener este pene en su boca. Mientras crecía en la boca, ella empezó a sentir más y más dependencia de ella para sustentarse. Sujetó sus bolas en una mano y el largo y grueso mástil en la otra y aunque solo fue un pensamiento pasajero, se preguntó cómo podría adaptarse en su pequeña vagina. Sabía lo que iba a pasar, que él pronto la estaría follando, pero ahora una paz interior se estaba apoderando de ella, sabiendo que este gran pene la protegería y nunca la heriría.

Ambos Edward y Steffi estaban sentados perplejos con lo que veían ante ellos, con su "bebé", arrodillandose en el suelo con esa gigante erección en su boca. La propia polla de Edward estaba dura como una piedra, y Steffi había metido su mano dentro de sus bragas y estaba frotándose arriba y abajo su raja. La chica japonesa se acercó y le ofreció chupar la polla de Edward, a lo que él agradecido la sacó y la deslizó hacia su delicada boca. Steffi no pudo aguantarlo más sí que se levantó y se quitó toda su ropa y se arrodilló para ayudar a la asiática con su marido. Sir Midian miró a Edward y le hizo un asentimiento con la cabeza, mientras ambos hombres estaban en una habitación de hotel teniendo sus penes chupados por mujeres muy atractivas. Miró hacia abajo a Dani y le dijo que parase y se levantase. Su polla estaba ahora totalmente erecta y parecía tener al menos veinticinco centímetros de larga y tan gorda como una muñeca femenina. Sir Midian cogió a Dani como si pesase menos que un paquete de azucar y situó su vagina sobre su polla mientras ella doblaba sus piernas alrededor de su cintura cuando la gran cabeza probaba su apertura. Ella contoneó su culo, intentando hacer más facil para él penetrarla hasta que finalmente su pene saltó dentro de ella, induciendo el primero de muchos tremendos orgasmos. Nunca había sido estirada como ahora antes, y cuando solo tenía unos pocos centímetros de polla en su conejo, él empezó un rítmico movimiento de balanceo que lentamente deslizó su vagina más abajo en su mástil, parecía que con cada centímetro, su coño explotaba en otro orgasmo. Dani tenía sus brazos alrededor del cuello de Sir Midian y podía sentir la gran fuerza que ejercía sobre ella. Cuando los veinticinco centímetros estuvieron dentro de ella, y ella estaba montando su gran palo, él le preguntó, "¿Cómo hago que te sientas, pequeña?" En su mejor voz de niña pequeña ella respondió, "Como un pequeño conejo, señor, me haces sentir como una pequeña vagina." "¿Y qué necesitas más que nada en el mundo?" continuó "Tu pene, Sir Midian, necesito tu pene en mi boca o mi vagina," le respondió. "¿Es ahora la cosa más importante de tu vida?" le presionó, "Oh si, ¡lo más importante en mi vida!" respondió.

Dani sujetó y montó la gigantesca polla todo lo que pudo, hasta que finalmente sus orgasmos se llevaban toda la fuerza de su cuerpo. Sir Midian la levantó de su tronco y la sujetó en alto en el aire, su vagina ahora a solo unos centímetros de su boca, y hambrientamente su lengua perpenteó y lamío los jugos de su chorreante raja. No pensaba que fuese posible, pero en segundos ella se estaba corriendo es su boca, el resultado de su insistente chupada a su clítoris. Suavemente, la tumbó en la cama y volvió su atención a Steffi, y aunque ella era una dominante natural, no tenía equiparación con el carismático hombre negro, así sólo con un golpecito de su dedo y ella estaba en el suelo frente a él venerando sus magnífico órgano.

El conejo de Steffi se tambaleó cuando sintió la protuberancia púrpura empujando el fondo de su garganta, mientras Edward miraba la acción a través de sus ojos entrecerrados, disfrutando completamente la mamada que la pequeña japonesa le estaba dando, y solo cuando Sir Midian montó a su mujer pareció prestar más atención. Steffi intentó relajar sus músculos vaginales para acomodar la gran polla negra empujando contra ella, pero era tan grande, que sabía que estaba a punto de ser estirado más de lo que nunca hubiese sentido. Como Dani, cuando la cabeza finalmente se deslizó dentro, tuvo un atronador orgasmo, la mezcla de dolor y placer confundiéndose juntos. Gimiendo y jadeando, le rogó que le follase y él era feliz obligandola con duros golpes que le desgarraban por dentro, llevando su umbral del placer-dolor a nuevas alturas. Ella miró entre sus piernas y vió la gran erección deslizandose suavemente dentro y fuera de su boqueante raja y solo el hecho de verla le produjo otro orgasmo, en lo que parecía una cadena de agitados clímax vaginales.

En una verdadera exhibición de dominio absoluto, Sir Midian ordenó a Edward que se acercase a la cama y se arrodillase. Cuando estaba en posición, Sir Midiam sacó su polla del coño de Steffi y la empujó dentro de la boca abierta de Edward. En segundos, su boca estaba llena de torrentes de semen, tanto que se le goteó por las comisuras de los labios y bajó por su barbilla hasta su pecho. Steffi rapidamente se inclinó y lamió el esperma y hambrientamente lo tragó. Sir Midian se levantó y miró a la carnaza sexual que había dejado y finalmente dijo, "Voy a llevarme a Dani conmigo, puede que la devuelva o puede que no, ¿me entiendes, Edward?" Con los ojos vidriosos, Edward respondió en una voz rota, "Si, Sir Midian, lo entiendo." Un rato más tarde, Edward y Steffi estaban solos en la suite del hotel, intentando pensar en lo que había pasado. Steffi descuidadamente masturbaba su conejo, recordando la sensación que la gran polla le había dado, mientras Edward, siempre un fuerte dominante estaba todavía dándole vueltas al hecho de que había mamado el negro gigante, no le daba repulsión, sino vigor. Justo entonces y allí ambos supieron que volverían para otra sesión, solo que esa vez como completos sumisos.

FIN

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