RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #77

BOMBAS FUERA

Es 1941 en Londres, Inglaterra. Los Nazis estan usando su poder aéreo superior para intentar que Winston Churchill y la gente de Inglaterra se arrodille. La única cosa en pie entre Hitler y la conquista total de Inglaterra y el resto de Europa, era un relativamente pequeño contingente de aviadores conocidos como el RAF. Volando sus Spitfire contra la poderosa Lufewaffe alemana, los bravos pilotos ingleses previnieron la invasión de su nación, pero no pudieron parar la destrucción masiva causada por el bombardeo de Londres. Fué durante estos bombardeos de Londres que un fenómeno poco conocido se presentó. Se descubrió que para muchas mujeres, el sentimiento de miedo, temblores y estruendo del armamento Nazi causaba que muchas mujeres experimentasen intensa gratificación sexual. Cuando las bombas se intensificaban, la excitación se incrementaba proporcionalmente. Monica Stonebridge fue una de esas mujeres. Aún soltera a los treinta y ocho, Monica no tenía mucha esperanza de que pudiera casarse, y aunque no era poco atractiva ni aburrida, sencillamente los novios que había tenido no habían funcionado. Una rubia un poco rellenita con un sentido del humor vulgar, Monica tenía un haz de calor sexual en ella, que normalmente requería una cantidad diaria de masturbación para quitarse del "abismo" como le gustaba decir, pero con muchos de los hombres elegibles alistados para luchar en la guerra, era casi imposible conseguir una cita, menos aún empezar una relacion significativa. Por estas razones, Monica estaba más o menos resignada a la auto-gratificación.

Viviendo en el Londres suburbano, Monica al principio no se sentía demasiado amenazada por las explosiones que oía venir del centro de la ciudad, pero no obstante sentía un tinte de excitación cuando sentía los leves temblores de los bombardeos. En las ocasiones en que una bomba desviada caía cerca de su apartamento, Monica era presa del terror, pero también sentía un estimulante apuro que venía cuando se daba cuenta de que habían escapado de una auténtica amenaza de peligro hacia su vida. Fue durante ese tiempo que Mónica tuvo que admitirse a sí misma que durante esos momentos de absoluto terror, su vagina se contraía espontáneamente y la daba una diversión sexual intensa, si bien breve. Desde que una única bomba desviada aterrizaba en su vecindario, la excitación se iba casi tan rápido como empezaba. Aunque odiaba admitirlo, había veces que deseaba hubiese unas pocas explosiones más cerca para poder experimentar un periodo más largo de euforia. Supo que podría alcanzar su deseo más pronto que tarde cuando su mejor amiga Brenda le invitó a la ciudad para ir de compras y cenar, y como vivía en el distrito de Soho, estaría bastante próxima de alguno de los duros ataques a Londres.

Fue un poco después de comer que las dos mujeres estaban caminando del brazo hacia una de las ajetreadas vias públicas de Londres. Monica se maravilló del hecho de que mientras la nación estaba bajo el asedio, muchos ciudadanos intentaban seguir con sus negocios como siempre, mostrando desdén por los bombardeos Nazis. Fue justo en ese momento que el sonido de las sirenas destruyó el aire del mediodia. "Es un ataque aéreo," gritó Brenda, intentando hacerse oir sobre el intenso ruido de las sirenas, "sígueme", le gritó, y agarró a Monica del brazo mientras la dirigía hacia la entrada del metro. Miles de Londinenses se apiñaban como hormigas en el refugio bajo tierra, encajonados en los estrechos corredores y plataformas, todos intentando escapar de la destrucción que estaba a punto de absorber la ciudad. El primer retumbo pareció lejano, casi como las explosiones que Monica experimentaba en su propia casa. Mirando a Brenda, Monica remarcó, "No es tan malo, casi como en casa," pero antes de que Brenda pudiese responder, una gran explosión hizo temblar todo el área, haciendo que las luces del metro parpadeasen, era la primera vez que Monica estaba en medio de un bombardeo real. El ruido y el temblor de la tierra hicieron que su conejo se sacudiese, y la sensación era absolutamente increible. Mientras varias explosiones más agitaron el metro, Monica sintió su coño contrayéndose y sus pezones endureciéndose. Descansó su cabeza en el hombro de Brenda y hundió su pelvis y pecho con fuerza en el cuerpo de su amiga, y cuando sintió que Brenda le empujaba de vuelta, se dió cuenta de que no era la única en su deseo de sentir la tierra moverse. Cuando el bombardeo se intensificó, ambas mujeres experimentaron agitados orgasmos, y mientras respiraba con fuerza, Monica susurró, "Me siento como una prostituta, pero el sonido de estas explosiones me ponen tan caliente" Cuando Brenda no respondió, se dió cuenta de que su amiga estaba en medio de otro clímax, cuando Brenda gimió en el oido de Monica mientras su coño era debastado por otra corrida, Monica le mordisqueó la oreja, llevándola totalmente al abismo. Cuando el asedio acabó finalmente, las dos mujeres dejaron el metro y se dirigieron al piso de Brenda para tomar un te, y se decidió que sería mejor si Monica pasaba la noche allí que hacer el largo viaje de vuelta a su propio piso.

Esa tarde, sentadas de frente una a otra en grandes sillas, esperaron al inevitable sonido de las sirenas y el consiguiente fragor de las bombas explotando. Al primer zumbido de la sirena, ambas mujeres involuntariamente sintieron sus vaginas inundadas en anticipación a las explosiones. Sus respiraciones se volvieron entrecortadas y sus pulsos se aceleraron cuando el bombardeo comenzó, y aunque no lo podía imaginar, con cada explosión su vagina se contraía incontrolablemente, tamboleandose y saltando hacia un orgasmo. Mirando a Brenda y viendo que su amiga se había quitado las bragas y puesto las piernas en los reposabrazos de su silla, exponiendo completamente sus genitales como una puta barata hizo que la cabeza de Monica diese vueltas. Levantándose, se quitó toda su ropa y caminó hacia Brenda, se arrodilló y empujó su cara contra el coño humeante de Brenda, lamiendo su clítoris hasta los primeros de varios orgasmos muy fuertes. Monica tenía un conejo peludo, pero Brenda era absolutamente vellosa. El grueso pelo recorría toda la raja desde su culo hasta el ombligo, y mientras comía, Monica deslizó su mano entre sus piernas y furiosamente frotó su propio clítoris, mientras sus tetas se zarandeaban de atrás a delante, sus pezones crecieron duros y tensos. Cuando estaba a punto de tener su propio clímax, Brenda la empujó de espaldas al suelo y metió dos dedos en el coño de Monica y la masturbó hasta un abrumador orgasmo. Monica adoraba follar, pero alguna vez había tenido un dedo o dos dentro de su conejo, y Brenda sabía exactamente como tocar con el dedo con coño caliente. Cuando ambas estubieron totalmente saciadas, se tumbaron juntas, acariciandose y besándose. Brenda tomó un pezón en su boca y lo chupó en una de las grandes tetas de Monica, haciendo que Monica tuviese otro orgasmo. Entre las bombas y el cuerpo de Brenda, Monica estaba en estado de cielo sexual.

Tumbadas juntas, se decidió que Monica se trasladaría con Brenda, y aunque hubiese sido más seguro e inteligente trasladarse al apartamento de Monica en los suburbios, no podían experimentar esa última presión, cuando las bombas caen.

FIN

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