HISTORIA #54

CASTRO STREET

Lisa Rivers no podía creer que estubiera finalmente aquí, en CASTRO STREET !!! Siendo gay y de un pueblo pequeño de Kentucky, podías sentirte sumamente solo, pero aquí en San Francisco, la Meca para los gays y lesbianas, ser homosexual era casi un distintivo de honor. Sólo bajando la calle y viendo hombres cogidos del brazo y mujeres besándose abiertamente, bien, eso le hacía bien a su corazón. Tras sólo diez minutos, sabía que se sentía en casa.

Tras encontrar una pensión para estar temporalmente, Lisa adquirió el papel local y se sentó en una de las muchas cafeterías al aire libre, e inspeccionó los anuncios de trabajo. Aunque había ahorrado suficiente dinero para los siguientes meses, se pensó mejor mantenerse ocupada encontrando trabajo. Teniendo completa la escuela de secretaría de vuelta a casa en Shady Creek, no creyó que tuviese muchos problemas al llegar. Frisco es un lugar muy caro para vivir, así que cuando se mudase a un lugar permanente por si misma, probablemente necesitaría encontrar un compañero de habitación. El Examiner estaba cargado de posibilidades de empleo, así que subrayó las interesantes y se movió para ver algo mas de su nueva ciudad. Esa tarde se sentó y llamó a algunos de los números que había marcado y se citó con dos de ellos para el siguiente día, una firma legal a las 9.00 AM y una agencia de publicidad a las 2.30 de la tarde. Ambos sonaban prometedores, y esperaba que uno de ellos diese buen resultado. Decidió irse a la cama temprano, así estaría alerta y preparada para las entrevistas de los días siguientes.

Esperando en el recibidor de la firma legal de Cole, Jones y Epps, a Lisa le dieron un formulario y le dijeron que lo rellenase. Estaba lleno de las preguntas usuales sobre empleo y rápidamente completó toda la información pertinente. Cuando terminó, le dió el formulario completo al recepcionista y esperó a encontrarse con el director de personal. Diez minutos después una mujer que se presentó como Calley Ewing la condujo hacia su oficina. Tomando asiento frente al gran escritorio, Lisa esperó en silencio mientras Calley Ewing revisaba su formulario. Finalmente, levantando la vista de su lectura, Calley dijo, "Así que vienes de Kentucky, ¿cómo terminaste en San Francisco?" Lisa no esperaba que le preguntasen eso, y vaciló un segundo, pero decidió ser sincera, y respondió, "Bueno, a decir verdad, soy gay, y decidí que quería vivir en un lugar donde estubiese cómoda." "Ya veo," dijo Calley, mientras miraba a Lisa un momento antes de continuar, "mucha gente que trabaja en esta oficina es gay, así que no es ningún problema." "Por lo que veo en tu formulario, serías perfecta para el puesto disponible." "El sueldo es muy competitivo, los beneficios son grandes, y hay posibilidades de ascenso." "Espero que vengas a trabajar para nosostos a Cole, Jones, y Epps." "¿Quieres decir que me estas ofreciendo el trabajo?" preguntó Lisa. "Puedes empezar mañana," respondió Calley. Levantándose y extendiendo su mano, Lisa dijo, "Tienes un trato, mañana por la mañana a las 9.00 en punto." Calley le dió a Lisa algunos formularios mas para que se llevase a casa y los rellenase, y alguna información de la firma que sería util para ella. Entonces ella le dió las gracias a Calle y flotó hacia la puerta en una nube.

En la siguiente mañana soleada Lisa llegó a su nueva oficina. Las primeras dos horas las pasó en orientación, y como Coles era una gran firma legal con cuarenta colaboradores y asociados, y había mucha información para ser digerida de golpe. A las once y media Lisa fue presentada a su nueva jefe, Tara Lynx, una socio junior que había estado en la firma diez años. Su anterior secretaria se había casado y trasladado a Los Angeles, así que su trabajo estaba realmente amontonado. Tara invitó a Lisa a comer para poder pasar un poco de tiempo repasando los procedimientos de la oficina, así como saber que podría esperar Tara personalmente de Lisa. Después de haberse sentado, ambas mujeres dedicaron unos segundos a examinarse mutuamente. Lisa podía afirmar correctamente que Tara era alguien a quien le gustaba tener el control. Era una mujer alta de 1.76 adivinó Lisa, y muy bien vestida con un traje de negocios gris claro y una blusa de seda azul claro. Por la rigidez del traje, Lisa no podía decir exactamente como era su forma, pero era delgada y se mostraba con autoestima. Aunque no era buena con las edades, la estimó en treinta y muchos o cuarenta y pocos. Tara habló primero, dándole la bienvenida a Lisa a la firma y esperando que ella lo encontrase una experiencia enriquecedora. Tras la comida, ellas se dirigieron de vuelta a la oficina para que Lisa empezase su carrera en Cole, Jones y Epps.

El primer trabajo de Lisa fue fotocopiar algunos documentos para un cliente y por suerte una de las cosas que había aprendido en la orientación era el funcionamiento de la máquina Xerox. Cogiendo la pila completa de papeles, Lisa estaba fuera de la habitación de la copiadora, en la planta octava. La habitación de la copiadora era bastante grande, tenía tres grandes copiadoras pricipales con completas capacidades de compaginación, así como seis o siete modelos mas pequeños para trabajos menos extensivos. Caminado hacia una de las unidades principales, Lisa insertó sus documentos y presionó el botón de copia. Mientras esperaba a sus copias, otra chica entró en la habitación con una gran pila de papeles para copiar. Después de tener su máquina configurada y en funcionamiento, se acercó a Lisa y se presentó. Su nombre era Paula Franklin, y trabajaba en el piso noveno, justo al otro lado de una esquina al lado de Lisa. Era una chica vivaz con grandes ojos marrones que parecían brillar cuando hablaba. Lisa inmediatamente fue absorbida por su cordialidad. Ambas chicas intercambiaro un poco de información sobre ellas y decidieron quedar despues del trabajo para tomar algo. Cuando sus copias estubieron hechas, tomaron sus papeles y volvieron escaleras arriba, no por el ascensor, si no por las escaleras de incendio. Paula le explicó que era mucho mas rápido que esos viejos y lentos ascensores. El resto del día voló mientras Tara le enviaba mas trabajo a Lisa, no dejándole un momento de descanso. Merecidamente, las cinco llegaron y Lisa y Paula estuvieron fuera en el local favorito de Paula.

La Orquídea estaba llena de gente que acababa de salir del trabajo, y Paula y Lisa encontraron una mesa semi tranquila, se sentaron y pidieron un par de vinos blancos. Mientras esperaban a sus bebidas, hablaron un poco sobre trabajo, familias, escuelas, etc. Hacía solo unos cinco minutos que Lisa había notado que todos los clientes del bar eran mujeres. Volviendo a mirar a Paula, pudo ver que su nueva amiga tenía una sonrisa quitándole importancia en su cara. Estaba a punto de decir algo cuando Paula dijo, "Todas ellas lo son y yo tambien, ¿te molesta?". Lisa rió fuerte, movió su cabeza y respondió, "Yo también lo soy, dejé Kentucky para estar con gente como yo" Ahora ambas chicas reían juntas, y estiraron las manos para enlazarlas. Lisa tenía un millón de preguntas que quería preguntar, pero tomó un sorbo de su bebida y se quedó sentada en silencio por un momento, saboreando el descubrimiento de los últimos minutos. Lisa preguntó, "¿Lo saben tus amigos?" "Si," respondió Paula, "pero ellos actuan como si no fuese nada fuera de lo normal y no hablan nunca de ello." "¿Qué hay sobre tí?" preguntó Paula, "Mi madre lo sabe, pero no mi padre, si lo supiese, me mataría", sin reirse ahora, ambas chicas asintieron y sorbieron sus bebidas.

Paula entonces aventuró, "Creo que se la respuesta, pero ¿eres una lesbiana masculina o femenina?" "Una femenina", respondió rápidamente Lisa "¿y tu?" "Lo mismo" respondió Paula. Lisa continuó, "Nunca he estado con una masculina antes, de hecho solo he estado con otra mujer cuando volví de la escuela secretarial, pero era una femenina tambien." Paula entonces respondió, "Ahora mismo estoy viviendo con una masculina." "Wow," exclamó Lisa, "¿te gusta?" "Si," respondió Paula, "me gusta, Petra, ese es su nombre, es quien dirige nuestra relación. Yo hago lo que sea que me pida Pete." "¿Alguna vez te ha golpeado o herido?" preguntó Lisa, "¿Herirme?" rió Lisa, "No me hiere, pero de vez en cuando me da azotes si cree que he estado fuera de mi línea. Es agradable no tener que preocuparte por nada, porque ella toma todas nuestras decisiones importantes." "¿Qué hay sobre el sexo?" preguntó Lisa, "Bien, tengo que ocuparme de ella al menos una vez al día, normalmente de forma oral. Tengo un pecho muy grande y ella adora mis grandes pechos, así que pasa mucho tiempo chupándolos y jugando con ellos. Cuando ella se ocupa de mi, normalmente es con su vibrador. Le encanta cogerme por detrás y a mí tambien me gusta. Una cosa que siempre me hace hacer, y quiero decir, siempre, es llevar lencería muy adornada. Llevo sexys braguitas bikini, y siempre un sujetador de encaje de corte bajo, aunque a veces me hace ir sin sujetador. Realmente le gusta ver mis tetas balanceándose." "Yo siempre llevo ropa interior sexy también" dijo Lisa, "mi amiga cuando volvía a casa le gustaba tenerme caminando por el aparamento sólo en sujetador y bragas, así que me acostumbré a llevarlos pensando en que se vieran" "¿Qué talla de sujetador llevas?" preguntó Lisa, "Una 38D," respondió Paula, "¿y tu?" "34D" respondió Lisa. "Bien, creo que ambas estamos bien en el departamento de tetas," rió Paula, y continuo, "vamos al baño, tengo algo que quiero enseñarte."

Dentro de los servicios, Paula empujó a Lisa dentro de una cabina y cerró la puerta. Lisa miró alrededor y comentó que esos eran las cabinas de baño mas grandes que hubiese visto nunca. Paula le explicó que las habían hecho grandes para que mas de una persona pudiera utilizarlas a la vez. Lisa estaba a punto de preguntar porque, cuando se dió cuenta de la respuesta. Las mujeres que frecuentaban La Orquídea a veces, usaban el aseo para echar un polvo rápido. Las cabinas grandes permitían una privacidad módica. Volviendo la cara hacia Paula, Lisa preguntó, "¿Qué querías enseñarme?" Mirando a Lisa directamente a los ojos, lentamente se desabrochó la blusa y la abrió revelando un percioso pecho en un sujetador de encaje de media copa blanco. "Déjame ver el tuyo," le pidió Paula excitada, "Pero yo llevo un vestido," susurró Lisa, "Quítatelo y déjame que te vea" le pidió Paula. "Vale," respondió Lisa, "pero lo haré rápido". En pocos segundos, Lisa se quitó el vetido y la blusa y estaba en frente de Paula en sujetador, braga, liguero y medias. La mano de Paula estaba por todo el cuerpo de Lisa. "Creía que habías dicho que eras femenina," rió Lisa. "Lo soy, solo quería ver y sentir tu cuerpo," respondió Paula. "Tienes unas bonitas tetas," continuó, "vamos a quitarnos los sujetadores y frotarnos los pezones." Ambas mujeres se desabrocharon sus sujetadores y dejaron que sus pezones se tocaran entre ellos. Moviéndose lentamente de lado a lado, sus pezones frotándose detras y adelante, haciéndo que se pusieran erectos. Paula se inclinó y le dió a Lisa un beso largo y profundo, probando su boca con su lengua. Lisa le devolvió el beso, y gimió en la boca de su nueva amiga. Empujándola, Lisa dijo, "Mis bragas están húmedas, y mi clítoris esta ardiendo." Paula inmediatamente bajó su mano hacia el coño de Lisa y la deslizó dentro de sus bragas. "Dios, estás húmeda," siseó Paula, Lisa no pudo resistir, y tomó uno de los pezones de Paula en su boca. Mientras lo chupaba, Paula encontró el clítoris de Lisa con su dedo y lentamente frotó la pequeña protuberancia detras y adelante. Lisa sabía que se iba a correr, y que iba a ser con fuerza. Paula era una experta masturbadora, y Lisa se sintió tan segura chupando el gran pecho y teniendo a alguien ocupándose de su clítoris. Sus piernas ahora temblaban, Lisa usó la pared para mantenerse en equilibrio, mientras su orgasmo llegaba de su clítoris a su coño, haciéndo que se colapsase en el baño en un cúmulo de confusión. Miró levantó la vista, estaba justo delanter de la vagina desnuda de Paula. Había una salvaje mata morena que ocultaba los labios hinchados y un clítoris erecto. "Cómeme, querida," ordenó Paula, mientras empujaba la cabeza de Lisa a su montículo. La lengua de Lisa serpenteó y lamió la húmeda vagina mientas Paula goteaba como un colador, y Lisa hambrientamente le lamía el felpudo. "Me siento como una puta," gimió Paula, mientras empujaba sus caderas hacia la boca de Lisa, "me encanta mostrar mi cuerpo a otras mujeres, me excita," continuó. Lisa levantó la vista y preguntó, "¿Te gustan mis pechos?" Paula entre jadeos balbuceó, "Adoro tu gran pecho y tu sujetador" "¿Te gusta estar entre dominatrix?" preguntó Lisa, "Dios, si" susurró Paula, "me gusta ser tomada por una gran lesbiana dominadora, justo aquí en mi vagina". Ahora Paula estaba siendo azotada en un frenesí por el sucio lenguaje y la boca persistente de Lisa. Su vagina se contrajo y su orgasmo inundó su vagina mientras Lisa se levantaba y besaba a Paula cariñosamente en su boca, presionando su pecho con el de Paula. "Mira tus pezones," dijo lisa, "tenemos grandes pechos, ¿verdad?" Paula se abrazó fuerte y respondió, "Es tan agradable ser lesbiana, adoro el cuerpo femenino"

"Vamos a ayudarnos a vestirnos," dijo Paula, "quiero ayudarte con tu sujetador y bragas". Ayudando a Lisa a ponerse las bragas, Paula tirando de ellas hacia el coño de Lisa así sus labios eran visibles a través del fino material. Despues, deslizó el sujetador de media copa bajo el pecho remarcable de Lisa, y ajustó sus grandes pechos en las copas, tomándose un tiempo extra para sentirlas. Lisa tomó su turno ayudando a Paula con su ropa interior. Cuando sus bragas estubieron cómodamente en su sitio, Lisa le preguntó sobre la densa capa de pelo púbico que se extendía por los bordes de sus bragas. "A Pete le gusta que mantenga mi vagina peluda, porque le gusta enterrar su cara en él," respondió Paula, "y a ella le gusta cómo mi densa mata oscura se ve en mi piel blanca." "Este es un sujetador precioso," comentó Lisa, mientras ayudaba a Paula a dirigir su gran busto. "Gracias," respondió Paula, "Compro mi lencería en una pequeña boutique en el distrito de la Marina."

Después de terminar de vestirse, volvieron y se encontraron con que su mesa había sido ocupada. Mirando su reloj, Lisa dijo, "Dios, hemos estado allí durante treinta minutos." "Bien," dijo Paula, "creo que es hora de volver a casa, Pete se estará preguntando dónde he estado." Andando hacia el autobus, Lisa estubo pensando en los hechos de los dos últimos días. "Wow," pensó, "Voy a adorar Frisco, mi nuevo hogar."

FIN


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