RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #112

CHUPADOR DE EBANO

El teléfono sonó en el despacho de seguridad. Bill dejó su periódico y miró al reloj. Eran las 8.10, todos deberían haberse ido ya. Cogió un lápiz para registrar la llamada y contestó. "Seguridad, Bill al habla."

"Hola Bill." La voz de la mujer era suave y tranquila. "Soy Jayde. Espero que puedas ayudarme."

"Haré lo que pueda, señora, ¿cuál es el problema?"

"Ah, bien, no hay ningún problema, solo quería hablar. Pero, um, esperaba que pudieses venir a la sala de conferencias. Mi amiga Mae me dijo que fuiste muy, uh, creativo, al ayudarle la otra noche cuando todos se habían ido."

Bill dejó su lápiz; su polla empezó a empalmarse inmediatamente. No podía olvidar a Mae. Era la gran mujer negra que le había llamado a la sala de conferencias fuera de horas. Esa noche se hicieron un 69 en la mesa de la sala de conferencias antes de follársela desde detrás. Mae había dicho que su destreza oral le traería más oportunidades sexuales. Bill se levantó y fue a la sala de conferencias. Estaba seguro de que esta era una llamada que no iba a registrar.

Cuando llegó a la sala de conferencias, las luces eran muy débiles y no vio a nadie. Bill llamó, "¿Hola?"

Una de las grandes sillas de cuero se giró; en ella había una atractiva mujer negra con aspecto tímido y zapatos de tacón alto. Llevaba pintalabios color melocotón y una sombra de ojos complementaria. Al contrario que Mae, ella estaba en forma, con modestos pechos y generosas caderas. "Ven aquí, Billy," dijo, moviendo su dedo índice.

Tenía que volver. Miré mi reloj. Eran las tres y media. Podría estar allí en cuarenta y cinco minutos. Recogí un poco y salí. Me encontré el tráfico más lento que de costumbre. Quería estar allí justo ahora. Finalmente pude llegar y aparcar al lado del bordillo. Puse suficiente cambio en el parquímetro para las siguientes seis horas. Realmente no creía que fuese a estar tanto tiempo, pero es mejor asegurarse. Dios sabe que difícilmente podría pagar una denuncia por aparcamiento ahora.

Bill cruzó la habitación; su polla se endurecía con cada paso que daba. No podía creer que esa mujer lo quisiera.

"Mi amiga Mae dice que tienes una lengua talentosa." Se levantó en la silla subiéndose el vestido por sus muslos hasta que apenas tapaba su entrepierna. "Ahora, no quiero hacer un gran trato de esto," alargó sus manos, sujetó los dedos bajo su cinturón y lo atrajo más cerca. "Así que este es el trato. Quiero que me lamas el coño hasta que me corra, entonces yo te la mamaré y te follaré. Si eres tan bueno como dice Mae, podremos volver a hacerlo de vez en cuando. Pero no hay nada más, ¿está claro?"

"Por mi está bien," respondió Bill.

"Bien." Se levantó el vestido hasta que casi estaba bajo su cintura. "Ahora, desnúdate, después me lames."

Bill miró su coño, no estaba bien afeitado, sino recortado y redondeado en los lados. Se desnudó en seis segundos. Su polla estaba dura ya goteando pre-eyaculación.

"No está mal," dijo Jayde mientras agarraba su polla. "No es la más grande que haya visto, pero es agradable y gorda."

La polla de Bill se endureció más. Se arrodilló en la alfombre en frente de ella y le ayudó a balancear una pierna sobre su hombro mientras la otra cubría el apoyabrazos de la silla. Su conejo olía dulce, como si hubiese aplicado un poco de colonia en el interior de sus muslos. Su abdomen estaba asombrosamente plano y le dio un acceso fácil a su clítoris. Empezó por separar sus labios vaginales de chocolate con sus dedos y moviendo su lengua arriba y abajo por la raja. Se pararía en el clítoris, arremolinaría su lengua y volvería otra vez hacia abajo. Mientras continuaba con ese ritmo, empezó a tocar suavemente el interior de sus muslos con sus dedos dirigiéndose hacia su culo.

Ella respondió rápidamente. En un momento tenía una mano enreligada en su pelo, urgiéndole y la otra mano retorciendo su propio pezón. "Oh, si, Billy, eso es." Oh, dios, Mae tenía tanta razón. Oh, me lames tan bien. No pares. Justo ahí, justo ahí en mi clítoris, lámeme con fuerza."

Bill chupó su clítoris y deslizó un dedo húmedo en su coño. Contoneó su dedo, deslizándolo dentro y fuera varias veces y después lentamente hasta el fondo, dirigido por su punto g. Continuando lamiendo su clítoris, masajeó la pequeña protuberancia dentro de su coño y Jayde se perdió. Empezó con un fuerte gemido que venía de las plantas de los pies y creía más fuerte hasta que finalmente salió. Gritó como si la estuviesen matando, cuando en realidad su cuerpo estaba vibrando como una lavadora durante el centrifugado. Cada fibra zumbaba en su orgasmo corporal total.

Delicadamente ella apartó su cabeza de su conejo. "Billy, nunca pensé que diría esto a ningún hombre, pero no puedo aguantar más lamidas."

Bill miró la hacia arriba entre sus muslos, "¿Ni siquiera uno más?"

"No, por favor, no ahora. Me temo que si me lames, me voy a fundir en un charco en el suelo," dijo con una sonrisa. Jayde le tendió una mano y le ayudó a le levantarse. "Aquí," le dijo, "por qué no te sientas en el borde de la mesa."

Bill sentó su culo blanco en la mesa y Jayde giró la silla hacia él para quedarse entre sus rodillas. Él puso sus pies en los apoyabrazos de la silla y se reclinó estirándose sobre la caoba brillante.

"Tienes un aspecto delicioso. Aunque soy parcial hacia los hermanos, nadie me lo había comido así antes. Le debo a Mae una comida por compartir su pequeño secreto conmigo." Empujó su dura polla para arriba hacia su abdomen, se inclinó y empezó lamiendo sus bolas. No dijo nada pero dejó que los gemidos de Bill fuesen su guía. Le lamió el escroto, acarició su polla, y suavemente arañó bajo sus bolas hacia su culo. Bill se sacudía y goteaba. Ella movía su lengua por su mástil hasta arriba y después jugueteaba con la cabeza con golpecitos de lengua como los de una serpiente. "Creo que estás preparado," le dijo.

Jayde se levantó y bajó a Bill de la mesa hacia su silla. Le hico sentarse encorvado, con su culo cerca del borde. Cuando estuvo en posición, se giró y con su espalda hacia él, se sentó a caballo sobre sus caderas. Bajó sobre su expectante polla. Suavemente y sin prisa, él dejó que ella marcase ritmo. Una vez que estaba situada y su polla estaba enterrada en su caliente, húmedo coño, se movió hacia delante y atrás.

Era genial, no había ninguna duda de que iba a ser una de las diez mejores folladas en su vida, y le iba a dejar que lo hiciese a su manera. Jayde aceleró el ritmo de su movimiento, presionó su mano entre sus piernas. Con cada movimiento, la base de su mano amasaba su clítoris, las puntas de sus dedos masajeaban la polla y sus uñas arañaban sus bolas.

Toda su ingle estaba temblando. Bill se inclinó, puso una mano por debajo del brazo y la rodeó para acariciar su pecho. Rápidamente lamió su otro pulgar, y cuando se movió hacia detrás, lo clavó entre las suculentas mejillas del culo de ella y lo puso justo en su ano. Jayde se estremeció de placer y enterró su culo negro en su pulgar y su polla. Bill sabía que solo faltaba un poco antes de soltar su caliente esperma profundamente dentro de ella. Sintió el cálido hormigueo de la tensión pre-orgásmica. Ella hincó sus uñas en sus bolas y las agarró con fuerza. Él pellizcó su pezón y empujó su pulgar con fuerza contra su ano. Entonces ella gruñó y él gruñó y sintió su caliente esperma viajar a través de su polla y dentro de ella. De repente, Jayde dejó de moverse y jugueteó con su clítoris rápidamente antes de dejar escapar otro grito mientras se agitaba con su orgasmo.

Jayde lo desmontó y dijo, "Bill, solo por si había alguna duda, volveré a por más."

FIN


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