RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #102

COMPAÑERA DE CUARTO MATUTINA

Le di un tortazo fuerte al despertador, no recuerdo si lo puse o no. Dios, otra mañana temprana y tan fría como el infierno. No quería salir de mi agradable cama confortable. Abrí un ojo e intenté ver qué hora era realmente antes de levantarme del todo. Soy una de esos tipos de personas que creen que los quince minutos de sueño extra pueden hacerme bien. Eran casi las siete y definitivamente hora de levantarse. Lentamente salí de la cama, temiendo el hecho de tener que dejar mi cálido capullo. Me levanté y me estiré, mi camiseta rosa dejaba que el aire frío tocase mi piel. Deambulé hacia la cocina y encontré a Nina esperando a que la jarra de café terminase de prepararse. “Buenos días compañera” Dijo con una mirada no muy brillante. “Buenos días nena ¿has dormido bien?” Ella asintió. Siempre se levantaba pronto, incluso los fines de semana. Me ponía enferma.

Me recliné contra la encimera, mi desabrigado culo tocando los fríos armarios de debajo mientras sorbía mi zumo de naranja. Miré a Nina. Estaba en camiseta de tirantes y pude ver sus pezones empujando contra el fino tejido. “Chica, ¿no tienes frío solo con eso?” “No, ¿por qué lo preguntas?” Saqué mi pecho y meneé mis tetas. Ella miró hacia abajo a las suyas y vio sus pezones erectos. La ligera sombra rosa que tiñó sus mejillas era tan mona. “Oh.” Dijo un poco más avergonzada de lo que habría esperado. “No tengo frío, están duros por otra razón.” Soltó una risilla mientras se echaba su taza de café. “¿Qué quieres decir? ¿Tienes a alguien en tu habitación?” Pregunté con una sonrisa. “No, solo pensaba en alguien que querría en mi habitación.” Otra vez se sonrojó. No podía entender por qué estaba tan avergonzada. Ambas éramos mujeres, siempre habíamos hablado sobre quién nos ponía, y ahora toda esa timidez.

Me miró sobre la taza del café y me guiñó un ojo. Eso me golpeó, “Espera un según… ¿quieres decir…?¿yo?” Sonrió brillantemente tan pronto como esas palabras salieron de mi boca. Estaba a punto de desmayarme. No había jodida duda de que no se andaba con rodeos. “Cielo, deberías haber dicho algo hace tiempo, he querido meterme en tus bragas desde que nos mudamos juntas.” Ambas reímos, inseguras de cómo reaccionar.

Nos dirigimos al salón y nos dejamos caer en el sofá. Nos sentamos en silencio un rato mientras iban los dibujos animados de la mañana. Lo que dijo en la cocina tenía mi mente ida. No lo soporté más y dejé mi zumo de naranja. Me incliné sobre ella y deslicé mi mano por su muslo desnudo. Se giró y me miró tan pronto como mi mano la tocó. Una sonrisa bailó por su cara. “Entonces compañera, ¿quieres jugar?” Pregunté. Ella solo asintió.

Empecé a mordisquear su cuello, dejando mi mano en su muslo. Mientras continuaba, se reclinó contra el reposa-brazos del sofá haciéndome tumbar sobre ella. Mi cuerpo presionado contra el suyo. Podía sentir sus duros pezones presionando contra la fina tela de su camiseta. Me moví hacia arriba y nuestros labios se encontraron. Le besé profundamente, dejando que mi lengua probase su boca por primera vez. Mi cuerpo entero sintió un hormigueo mientras ella movía las puntas de sus dedos ligeramente por mi perfil, parando para copar los perfiles de mis pechos.

Dejé que mis manos se moviesen hacia abajo hasta el ribete de su camiseta y deslicé mis manos bajo ella, lentamente subiendo su camiseta mientras mis manos recorrían su cuerpo. Sus tetas perfectas se revelaron y lo aproveché, como su camiseta estaba sobre su cabeza y tenía sus brazos sujetos sobre la cabeza. Dejé que mi lengua se arremolinase alrededor de sus pezones, haciéndoles brillar en la luz. Enrolle mi lengua alrededor de cada uno, suavemente tomándolos en mi boca uno cada vez. Sus suaves gemidos me urgieron. Me senté y sujeté sus brazos mientras soplaba ligeramente por su pecho, haciendo que sus pezones se endureciesen incluso más y se le erizase la piel. Me imaginé que había bromeado lo suficiente. Su camiseta estaba fuera y en el suelo en un instante.

Me sonrió y me quitó la camiseta. Sus manos se trasladaron desde mi abdomen hasta mis pechos, suavemente copándolos en sus suaves manos. Sentaba tan bien. Sentí incrementarse mi humedad mientras masajeaba mis pechos y torcía ligeramente mis pezones sensibles entre sus dedos. Me incliné y la besé otra vez, nuestras lenguas se arremolinaban en nuestras bocas. Me aparté de su boca, dejando mis suaves labios presionando contra su piel mientras bajaba por su cuello hasta sus pechos otra vez. Rocé sus pezones ligeramente con mis dientes, después los absorbí a mi boca, acariciándolos con la punta de mi lengua.

Su respiración empezó a acelerarse mientras lentamente continuaba mi camino hacia abajo por su cuerpo. Dejé mis manos vagar, trazando delicados círculos por su carne con las puntas de mis dedos, pasaba a amasar sus pechos y después de vuelta a los suaves toques de mariposa. Mis labios besaron el camino desde el abdomen hasta su recortado montículo. Podía oler su almizclada pero dulce esencia ahora. Tan pronto como golpeó mi nariz, mi boca empezó a hacerse agua. Quería probarla tanto que dolía.

Soplé a través de sus labios vaginales, mi aliento cálido inundándolos. Levanté la vista y la vi retorcerse en anticipación. Deslicé mi lengua de mi boca y presioné contra su humedad encontrando fácilmente su hinchado clítoris. Lamí su raja, frotando su clítoris con cada frotamiento hacia arriba. Sus manos se colocaron en mi nuca y sus dedos se enredaron en mi pelo. Cuanto más le lamía más presión aplicaba a mi nuca.

Mi nariz estaba firmemente presionada contra su vello negro recortado mientras trabajaba mi lengua alrededor de su clítoris. Ella empezó a empujar sus caderas contra mi cara, su conejo olía tan dulce. Quería oírla correrse así que deslicé mi dedo corazón en su estrecho agujero y lo moví contra su punto g. El jadeo que salió de ella llenó la habitación y rápidamente se convirtió en un gemido mientras estrujaba sus músculos alrededor de mi dedo. Incrementé mis frotamientos contra su clítoris mientras continuaba bombeando mi dedo dentro y fuera de su dulce conejo. Sus gemidos se volvieron más y más fuertes con cada empujón de sus caderas hasta que su cuerpo se tensó. Empujó con fuerza contra mi cabeza, forzando mi cara más profundamente en su conejo.

¡Se estaba corriendo! Su eyaculación manó libremente hacia mi boca y cubrió mi dedo completamente. Sus gemidos eran música para mis oídos y la hice llegar al clímax. Sus gemidos se volvieron una respiración pesada. La miré y sonreí, su cara llena de alegría. Lentamente volví sobre su cuerpo y la besé con firmeza dejando que se saboreara en mi lengua.

“Por cierto, cielo, es sábado y no tenías que madrugar.” La miré desconcertadamente. “¿Qué quieres decir?” Se rió ligeramente y respondió, “Entré a escondidas en tu habitación y puse la alarma para esta mañana... no podía esperar más lo que quería y pensé que hoy sería el día en que te lo diría.” Ambas reímos. No iba a enfadarme con ella.

FIN

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