RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #111
DIA Y NOCHE
Estaba sentada allí leyendo mis apuntes de biología cuando lo vi entrar en el salón. Es difícil no echarlo en falta. Es directamente atractivo, 1.80 de alto, musculoso, pelo rubio, ojos azules y una gran sonrisa. Es el chico blanco mas soñado que haya visto. Pero nunca busque nada porque solo le había visto citarse con chicas blancas, del tipo de las animadoras. Volví mi atención a la biología y ausentemente comí mi mini sándwich de chocolate. Ya se, no es muy saludable, pero nunca me he preocupado por eso. Con toda la basura que como debería ser una ballena pero tengo una agradable talla 4 y el tipo de reloj de arena, por eso no me preocupo.
Mientras las amebas y ese tipo de cosas empezaban a abarrotar mi mente, volví a Jeff. Dios ese hombre estaba muy bien. Sabía que no iba a ser capaz de estudiar con él rondando así que recogí mis cosas y me fui al dormitorio. Coloqué mis libros en sus respectivos puntos de mi estantería y me tiré en la cama. Pensé que una sesión de juego mientras él estaba en mi cerebro resultaría beneficiosa y que sería capaz de estudiar después.
Me levanté el dobladillo de mi falda y deslicé mis dedos bajo la banda elástica de mis panties para encontrarme que mi conejo estaba totalmente húmedo. Si él supiera lo que me hacía. Probablemente se riese de mí al saber que me pone tan mojada solo paseando por la misma habitación. Dejé que mis dedos lentamente bailasen alrededor de mi clítoris, con su imagen fresca en mi mente. Cerré los ojos convirtiendo mis dedos en los suyos. Llegué al punto donde casi podría sentir su respiración en mis muslos cuando un golpe en mi puerta me devolvió a la realidad.
Rápidamente saqué mi mano de los panties, intenté recuperar la compostura mientras me dirigía a la puerta. Estaba esperando que alguna de las chicas quisiese ayuda con algo, es a lo que se deben el noventa y nueve por cierto de mis llamadas, pero esta vez era Jeff. Casi pierdo el equilibrio cuando el aire proveniente de la puerta trajo su esencia a mi nariz. Ahh, demonios, es un zorro.
"¿Puedo ayudarte?" Casi tan pronto como esas palabras salieron de mi boca hubiese deseado traerlas de vuelta. Sonaba como un snob preocupándose por la clase baja. ¿Y qué demonios hacía en mi puerta? Era una broma, tenía que serlo.
"Eres Kanisha ¿verdad?" Su voz era como la mantequilla, tan suave y sexy que me derretí en la puerta cuando dijo mi nombre. Entonces me di cuenta de que había preguntado que si yo era yo. Debía saber lo que yo estaba haciendo pensé que podía olerme sobre él.
"Si soy yo. Y tu eres Jeff ¿verdad?" Estaba intentando actuar calmada y cool, rezando a la vez por que no pudiese oler la eyaculación de mis dedos. "¿Quieres pasar?" Oh Dios, lo deseaba, quería sentir su dura polla blanca latiendo en mi conejo. Quería sentirlo hundido profundamente en mis estrechas paredes.
Me guiñó mientras pasaba por mi lado y se sentaba en mi cama. Sentí mi corazón saltar fuera de mi pecho cuando dio unos golpecillos en la cama para que me uniese a él. Lentamente me calmé en la pequeña cama y lo miré con curiosidad.
"Así que, Kanisha, ¿qué estabas haciendo?" Dios mío, lo sabe, sólo ha estado aquí durante unos segundos y sabía que me lo estaba follando en mi mente. Tartamudee para responder pero me cortó con un profundo beso. Sentí mi coño humedecerse de nuevo cuando nuestras lenguas arremolinaban en nuestras bocas. Mi corazón corría al sentir sus manos moverse y descansar en mis caderas.
"Sabes, Kanisha, te he estado mirando y he notado un patrón de comportamiento."
"¿Qué quieres decir?" respondí sabiendo perfectamente de qué estaba hablando.
"Cada vez que entro en el salón, tu te vas. Y un pajarito me ha dicho que tu... ummm... bien, que piensas que estoy bueno."
No podía creerlo y sabía que mi piel color moka estaba roja brillante tras aquella afirmación. Él notó mi intranquilidad y se inclinó por otro beso. No podía creer la cantidad de lujuria que mi cuerpo creaba por ese hombre. Creo que lo sorprendí por mi afán.
Tiré de su camisa, la lancé a un lado y rápidamente me puse con sus pantalones. El devolvió el deseo lujurioso y me levantó la falda hasta mis caderas, desabotonó mi camisa y empezó a bajarme los panties. Ninguna palabra se dijo mientras nuestros cuerpos desnudos se entrelazaban juntos en mi cama. Nuestra piel contrastaba con la del otro, su lechosa piel blanca con mi moka negro. Casi día y noche. Pero por ahora éramos uno.
Su dura polla blanca ya estaba rezumando pre-eyaculación mientras la movía arriba y debajo de mi húmeda raja. Moví mis caderas desesperadamente intentando forzar su polla dentro de mi doliente conejo. No me tuvo esperando mucho. Metió su pulsante polla profundamente con calma. Yo estaba empapada y cubrí su polla completamente.
No pude contener mis gemidos cuando empezó a empujar su polla dentro y fuera de mi coño negro frondoso. Enrollé mis piernas alrededor de su cintura, forzando su polla a entrar aún más en mis apasionadas paredes, hasta que me llenó completamente. Nuestro movimiento contrapesado hacía que su polla me embistiese todo lo lejos que podía alcanzar y después tirase de ella hacia fuera completamente y repitiese.
Sabía que no me llevaría mucho correrme, especialmente porque había jugado un poco antes de nuestro encuentro. Pude sentir mi orgasmo formándose en mi interior y con cada empujón de su dura polla me acercaba más y mas a mi corrida. Su piel pálida estaba sonrojada y brillaba contra mi piel ahora moka brillante. Sus gemidos crecían más intensos cuando mi coño se cerraba cada vez más tenso alrededor de su mástil pulsante.
Una explosión recorrió mi cuerpo cuando deshice completamente con un intenso orgasmo. Mis dulzuras se espasmaron alrededor de su polla haciéndole perderse en su propia explosión y llenarme completamente con su caliente semen.
Se quedó sobre mi cuerpo y ambos nos quedamos tumbados recuperando la respiración un momento. Me besó profundamente, nuestras lenguas bailando juntas mientras el rodaba para tumbarse a mi lado. Su piel contra la mía, nuestros corazones corriendo y nuestra respiración todavía irregular por nuestra extrema lujuria. Nos quedamos ahí durante lo que pareció una eternidad, su brazo enrollado en mi cintura, su cabeza descansando en mi hombro y todo en lo que podía pensar era en cuando sería la próxima vez.
FIN
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