RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #98
DRIVE-IN JAMMIN'
Nunca había sido amistoso con una chica negra antes pero Tamara era diferente, no solo diferente de cualquier chica negra que hubiese conocido sino diferente de cualquier chica blanca también. Puede ser porque creció en Jamaica y tenía un canturreante acento Britano-Caribeño que no parecía tan amenazador como el dialecto afro americano de las otras chicas negras que conocía. En cualquier caso, hicimos buenas migas desde el primer día que empezamos a trabajar en la tienda de ultramarinos. Cuando ella estaba en la caja registradora y yo estaba embolsando, era mas lo más divertido que había tenido en mi corta dulce vida. Una noche salimos a descansar juntos y encendí un canuto. Ella me dedicó una gran sonrisa, sus blancos dientes perlados brillando en su bonita cara negra y dio una calada como una profesional, sin toser ni nada. Con un poco de agitación finalmente encontré agallas para pedirle salir y casi me cago cuando me dijo que sí. Sabía que mi padre se enfadaría si se enterase de que estaba saliendo con una chica negra pero pensé que si no lo sabía tampoco le iba a herir.
Nuestro condado tiene una de los pocos drive-ins que quedan en el estado y desde que supe que a Tamara le gustaban las películas, imaginé que era una buena elección para nuestra primera noche a solas. Me gusta arreglar coches viejos y tenía un Caddy del 59 al que le puse un especial esfuerzo durante los siguientes días imaginando que le daría una sorpresa cuando me acercase en el gran monstruo rosa con su brillo cromado. Bien, seguramente, sus ojos se abrirían de par en par cuando abriese la puerta y viese esa gran bestia con aletas encerada y de aspecto bonito. Siempre me había parecido bonita pero normalmente la veía con una blusa y vaqueros. Esa noche llevaba un vestido de flores del tipo que se sacuden alrededor de sus caderas redondeadas y elevan sus grandes pechos redondos. Sus desnudos brazos morenos y sus piernas sexys eran un espectáculo que ver mientras bajaba las escaleras y se montaba en el Caddy. Su pelo estaba todo peinado con trenzas y la sonrisa que me dedicó hizo que mi corazón golpease con fuerza
.
Cuando llegamos al drive-in. Aparqué la bestia por atrás esperando estar alejado de todas las familias con sus bebés gritones. Me acomodé un poco y después de un rato saqué un pequeño porro. Bien, podréis imaginar mi sorpresa cuando Tamara buscó en su bolso y sacó un canuto que parecía un cigarro. Dejé mi cosita delgada cuando encendió ese grueso semejante suyo. Desde la primera calada podría decir que este llevaba una hierba potente, ciertamente. A la tercera calada estaba bastante colocado, a la tercera me estaba preguntando cómo iba a ser capaz de conducir de vuelta a casa. Fue aproximadamente entonces cuando sentí la mano de Tamara en mi entrepierna.
Apagó el gigantesco canuto en el cenicero y se inclinó. No vacilé un segundo. Mis labio se encontraron con sus suaves, llenos labios negros y pronto nuestras lenguas estaban enredadas entre ellas. Ella llevaba algún tipo de perfume de pimienta y flores que fue directo a mi cabeza. Entre su fragancia, mi atontamiento y su dulce mano oscura frotando mi entrepierna, no tenía opción. Mi polla estaba tan sólida como la Torre Sears. Deslicé mi mano bajo su vestido y empecé a acariciar su suave interior del muslo y ella no protestó, de hecho hizo que me besase incluso más fuerte. Cuando deslicé mi mano hacia la tierra prometida me llevé una tremenda impresión. Esperaba sentir las bragas pero mis dedos aterrizaron en húmedo vello rizado. Cuando desabrochó mis pantalones y alcanzó mi dura polla, gemí en su dulce boca. Pronto su mano negra estaba sacudiendo mi polla blanca mientras yo tocaba su caliente y húmedo conejo negro. Seguimos besándonos de un modo feroz mientras nos contorneábamos contra el otro. Cuando finalmente rompimos ese largo beso apasionado no me sorprendí demasiado de ver que habíamos empañado el parabrisas. Normalmente eso habría hecho bastante difícil ver la película pero era bastante obvio que ninguno de nosotros estaba exactamente en la tesitura de ver la película.
Cuando trepó hacia el asiento trasero, tuve la adorable visión de su gran y redondo culo marrón y la seguí justo después. Me bajé los pantalones y calzoncillos y ella se quitó ese vestido en casi un tiempo record. Agarré una de sus grandes tetas negras y empecé a chuparle el pezón. Eso hizo que ella empezase a gemir y sin darme cuenta ella estaba agarrando mi blanca polla y atrayéndola hacia su mojado coño negro. No parecía un buen momento par discutir. Su conejo se sentía caliente y estrecho y me deslicé tan adentro como pude. Tamara enrollo sus fuertes piernas negras alrededor de mi espalda y comenzamos a follar como si hubiésemos inventado el deporte. Mis bolas rebotaban alrededor de la raja de su gran culo negro y sus suaves tetas redondas estaban presionando contra mi pecho mientras conducía mi dura polla blanca en su palpitante conejo negro una y otra vez dirigido por la presión de sus piernas. Nuestros cuerpos estaban golpeándose en un frenesí follador, su suave piel negra golpeando mi sudoroso cuerpo delgado blanco, ambos gimiendo con lujuria mientras follábamos como visones maníacos. Talvez era por la hierba pero podría jurar que podía sentir mis pelotas burbujeaban con el semen mientras la tensión se creaba en mi ingle. No pasó mucho hasta que todo ese burbujeo y agitación llegó al punto en el que sabía que estaba a punto de explotar. Tamara bajó la mano entre nuestras sudorosas barrigas y empezó a frotar su coño y gimió que se iba a correr. Intenté aguantar tanto como pude pero cuando sus caderas empezaron a golpearse contra mí como un martillo neumático se estaba volviendo muy duro aguantar. Entonces hizo algo que arruinó lo poco que quedaba en mi mente.
Así como su cuerpo se tensaba y sentí sus músculos vaginales agarraban mi palpitante polla, se estiró por detrás de mí y metió un largo dedo negro directo contra mi pequeño ano arrugado. Bien, eso me llevó más adentro de su hambriento coño negro y me puso como un show de fuegos artificiales del cuatro de julio. Empecé a correrme como nunca lo había hecho antes, era como si chorrease galones de caliente esperma blanco en su palpitante conejo en sacudidas chorreantes mientras su largo dedo se follaba a mi culo. Estaba a punto de desmayarme y, por un momento, pensé que realmente podría morir por el placer.
Mientras yacía allí en el asiento trasero del Caddy, sujetando el muslo de Tamara e intentando recuperar mi respiración llegué al entendimiento de que mi padre iba a tener que enfadarse y después pasar de ello. Sabía que de ningún modo iba a dejar a esta chica ir, incluso si me tenía que casar con ella. Pretendía mezclarme con Tamara el resto de mi vida.
FIN
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