RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #87

EL BIBLIOTECARIO

Ryan empujaba del pesado carro que contenía al menos cien libros por los estrechos pasillos de la biblioteca, parándose ocasionalmente para devolver volúmenes a sus lugares propios. Para la mayor parte de la gente buscar entre un montón de libros polvorientos y periódicos sería una tarea evitada a cualquier precio, pero Ryan era diferente, adoraba sentir los libros en sus manos y el aroma de los viejos manuscritos llenando su nariz, pero especialmente el valor de la información encontrada como un tesoro enterrado entre las a veces deshilachadas tapas. Solo tenía dieciocho años, pero ya sabía lo que quería hacer con su vida, ir a la universidad, especializarse en biblioteconomía, y convertirse en conservador de alguna gran biblioteca de investigación. No estaba interesado en registrar las entradas y salidas de libros, o enviar notificaciones de reclamación a prestatarios impuntuales, no, el quería acceder a manuscritos antiguos, primeras ediciones, y escritos extraños de tiempos pasados. Por ahora, sin embargo, siendo capaz de trabajar en algo que realmente amaba era sufiente para él. Miró su reloj, y se dijo, "Cinco minutos para cerrar, será mejor que me de prisa, me va a llevar al menos una hora tener todos estos colocados" Trabajando a un ritmo rápido, Ryan casí había terminado de volver a apilarlos, cuando sucedió, de pie en el pequeño taburete necesario para alcanzar el estante superior, su pie deslizó y se cayó al suelo, aterrizando con un fuerte golpe seco. La fuerza con la que había golpeado el suelo había sido suficientemente ruidosa que la bibliotecaria jefe, Miss Vance lo oyó y fue corriendo. Cuando llegó a él, lo que encontró fue a un inconsciente Ryan, con sangre chorreando de su frente.

Miss Vance prácticamente corrió al servicio y humedeció una toalla con agua fría y se apuró en volver con Ryan. Cuando llegó él estaba intentando espabilarse, pero su cabeza le estaba martilleando, y estaba todavía demasiado tembloroso para levantarse. Miss Vance gentilmente le retiró la sangre de su ceja y preguntó, "¿Qué ha pasado Ryan? deberías ser más cuidadoso" Ryan intentó levantarse, pero se volvió a caer al suelo, fué sujetado por los brazos de Miss Vance. "No intentes levantarte todavía," le ordenó en su usual voz severa, "solo túmbate y relájate unos minutos" Miss Vance era una mujer muy estricta y formal, de unos cincuenta años creía Ryan con una conducta que revelaba respeto y decoro. No importaba el clima o la época del año, siempre llevaba una blusa blanca, una falda a media altura y una chaqueta de señora o americana, normalmente gris o azul marino, mientras a veces para añadir un poco de color, llevaba un alegre pañuelo alrededor de su cuello. Con su pelo negro estirado hacia atrás en un severo moño, y su personalidad erudita, no era fácil mantener una conversación con ella, dejaba de lado tener algún tipo de relación interpersonal con ella, pero justo ahora él estaba tan cerca de Miss Vance como nunca, y en su estado mental nebuloso debido a su caida no estaba exactamente seguro de lo que estaba pasando. Aunque llevaba ropa poco reveladora y actuaba fría y distante con sus empleados, Harriet Vance no podía disfrazar la plenitud de su cuerpo que era dominado por un gran pecho que intentaba mantener oculto de las vistas. En más de una ocasión Ryan se había sorprendido a sí mismo mirando fijamente a las montañas gemelas que sobresalían dentro de la pesada chaqueta de lana, solo para apartar la vista rápidamente cuando se daba cuenta de que ella había detectado su voyerístico juego. Ahora tendido en sus brazos, temblando por la caida y con sus tetas solo a centímetros de su cara, Ryan tendió su mano y acarició la hinchada suavidad bajo el grueso abrigo. Si hubieses estado levemente en control de sus facultades, nunca se hubiese atrevido, pero la tentación del gran pecho era más de lo que podía soportar. Ahora, lo realmente extraño sobre esto fue la reacción de Harriet Vance, que de hecho no hubo reacción. Podía decir que el joven muchacho estaba fuera de sí, y bien, el tacto de su mano en su pecho, le hizo sentirse maravillosa, así que cuál sería el daño de dejarle divertirse un poco si no lo recordaría en cualquier caso, y además, hacía mucho tiempo que nadie hacía que su pecho se sintiese tan bien. Tras varios minutos de palparle, Ryan empezó a recobrar sus sentidos y después de asegurarse de que estaba lo suficientemente bien para caminar, Miss Vance le envió a casa antes, terminó de apilar los libros y se fué a casa.

El día siguiente parecía como otro, gente fluyendo dentro y fuera de la biblioteca, devolviendo y cogiendo prestados libros, chicos entrando a coger videos infantiles y los eventos ordinarios que envolvían el día en una gran biblioteca pública. Ryan llegó a trabajar a las seis en punto como siempre, esta noche no obstante, llevaba un gran vendaje cubriendo un corte profundo sobre su ojo derecho. LLenó su carro con devoluciones y empezó la tarea de devolverlos a las estanterías hasta que las ocho Miss Vance ahuyentó a los visitantes que quedaban y cerró la puerta principal, volviendo a su pequeño despacho justo a la derecha del escritorio principal. Estaba leyendo un folleto de una editorial cuando fué interrumpida por un golpe en la puerta, "Pasa, Ryan" dijo, tras dejar su material de lectura mientras esperaba a ver qué quería el chico. Ryan entró en la oficina y parecía vacilar, como si estubiese muy nervioso. "¿Si?" entonó ella, "Bien, señora, sobre lo de la noche pasada, quiero decir, bueno, ya sabes lo que quiero decir," tartamudeó, "No," respondió ella, "no se lo que quieres decir" "Bien," continuó él, "cuando estaba en el suelo, me dejaste, ya sabes...." "¿Te dejé qué?" dijo duramente, "Tocarte, sentir tu..., ya sabes a lo que me refiero," respondió, y entonces tomando la absoluta oportunidad de su vida, caminó alrededor del escritorio y estiró sus manos y sintió las grandes tetas por segunda noche consecutiva. Inseguro de si ella gritaría o solo le abofetearía, Ryan continuó frotando su pecho, esperando que no montase una escena, pero lo que pasó después fué que un sueño húmedo se hizo realidad, y en lugar de pararle, Miss Vance se reclinó en su silla y lentamente empezó a desabotonar su chaqueta. Cuando cayó abierta, su sujetador fue completamente visible a través de la fina blusa de seda. Hasta ahora no había articulado una palabra, pero ahora susurraba roncamente, "Abre mi blusa y sientelas a través de mi sujetador". Con manos temblorosas, Ryan intentó en vano desabrochar los pequeños botones de perlas, hasta que finalmente tuvo que dejar a Harriet Vance que lo hiciese por él. Cuando se quitó la blusa, Ryan hizo una audible boqueada, y cautelosamente tocó las increibles mamas a través del sujetador de encaje. La suavidad y esponjosidad no eran como nada que hubiese sentido antes. Las chicas con las que había salido dificilmente tenían tetas, menos algo como las de Miss Vance que quitaban el aliento, y como si estubiese en piloto automático, se inclinó y empezó a besar los pezones rosas a través de la tela transparente, haciéndo que se pusiesen duros y creciesen. Justo entonces supo que la tenía, porque aunque sus tetas eran mucho más grandes que las de las chicas de su clase, sabía por experiencia personal que una vez que alcanzas el punto de hacer que se endurezan sus pezones, podías hacer lo que quisieses con ellas porque estaban muy excitadas.

Ahora ganando confinaza, Ryan apartó su cabeza de su pecho y le dió un beso francés, usando su lengua para probar su boca abierta, y aunque solo tenía dieciocho años, Ryan sentía que esta mujer aceptaría su ofrecimiento y no haría tonterías. De pie, al lado de su silla, Ryan lentamente desabrochó su cinturón y dejó caer sus pantalones al suelo, y ahora en calzoncillos, dijo arriesgadamente, "Sabes lo que quieres, baby, quítalos" Justo como predijo, Harriet Vance era ahora completamente esclava suya, así que sin una protesta, cogió con sus dedos la banda elástica de su cintura y tiró de sus calzoncillos por sus piernas. Su erección, aunque no era la más grande el mundo, estaba increiblemente rígida, con una gota de pre-eyaculación colgando de su punta, siendo más personal con ella, le preguntó bruscamente, "¿Cuanto hace que no chupas una polla dura, zorra?" Lamiendose los labios en anticipación, respondió suavemente, "Mucho tiempo" "¿Lo quieres, zorra?" preguntó él, esta vez ella no respondió, solo absorbió su polla en su caliente boca, baboseándola toda, y después limpiándola. Aunque él había tomado el control de la situación y ella estaba cumpliendo sus órdenes, todavía tenía un problema de control de su eyaculación, algo que Ryan era incapaz de hacer, en solo cuestión de minutos su polla dejó una gran carga de blanco semen caliente bajando por la garganta de Harriet Vance. Siendo tan joven su escroto tenía una desproporcionada cantidad de semen, tanto que era incapaz de tragarlo todo mientras una buena porcion recorría su barabilla hacia su gran pecho. Ryan estaba mirando el pecho cubierto de semen de su muñeca mamadora de mediana edad cuando una voz que cortaba como un cuchillo cruzó el aire, "¿Qué está pasando ahí?" exclamó una obviamente asombrada Cindy Matthews.

"Oh, Cindy," tartamudeó Ryan, intentó pensar una explicación razonable por tener su polla en la boca de la bibliotecaria, "uh, ¿qué estais haciendo aquí?" "Olvidé mi bolso y he vuelto a recogerlo," respondió, con su boca todavía abierta por la escena en la que había entrado. Miss Vance, percibiendo que Cindy pudía causar un problema real, saltó en la conversación usando su personalidad dominante y ordenó a Cindy que se sentase y estubiese callada. Sin apartar su mirada de Ryan o Harriet Vance, Cindy lentamente se sentó, e hizo lo que le había dicho. Su sujetador ahora manchado con el semen de Ryan, Miss Vance se levantó y se quitó su blusa, estiró los brazos por detrás y desabrochó los ganchos de su sujetador de la talla 38DD. Se encongió de hombros, y la gran prenda interior se deslizó fuera de su pecho sobre el escritorio, mientras Ryan, no tan seguro de si mismo con Cindy en la habitación miraba fijamente a la expansiva carne de su pecho con lujuria obvia, mientras su pene otra vez empezaba a levantarse frente a él. Miss Vance se puso delante de Cindy y en su usual tono fuerte dijo, "Tócalas por mi Cindy, siente lo agradables y completas que se sienten en tus manos." No exactamente segura de que hacer, Cindy lentamente alzó su mano derecha y suavemente tocó el pezón de Miss Vance. "Mira lo duro que se pone," comentó Miss Vance, "tienes un maravilloso tacto, Cindy, pero si lo pones en tu boca se pone incluso más duro." Cindy estaba ahora en piloto automático, y haría cualquier cosa que la mujer le dijera, así cuando Miss Vance empujó su pezón a su boca, no protestó, en su lugar solo la abrió y tomó la gran protuberancia en su boca. Ryan al mismo tiempo, había empezado a sacudir rítmicamente su polla, totalmente fascinado viendo a su compañera sirviendo al gran pecho de la mujer mayor.

Miss Vance todavía tenía la falda, y Cindy no se había quitado nada de su ropa, así que Miss Vance decidió que era momento de que todos estubiesen completamente desnudos. Para Ryan era solo cuestión de quitarse su camisa, pero Cindy estaba totalmente vergonzosa con tener que desnudarse en frente de los otros dos así como estar dentro del curso de las cosas, Miss Vance tenía a Cindy ayudándole con su falda y ropa interior. Miss Vance, aunque no gorda, era complacientemente regordeta, con una suave barriga redonda y un gran culo y piernas. Su vagina estaba cubierta por una densa mata de oscuro vello púbico, que parecía como una gruesa alfombra entre sus piernas. "Ahora es tu turno, Cindy," entonó Harriet Vance, "fuera tu ropa, ve a ayudarle a ella, Ryan" ordenó, mientras estiraba los brazos para quitar el sweater de la joven. Con su pene balanceándose delante de él, Ryan procedió a ayudar a Miss Vance a quitar cada costura de la ropa de Cindy, sus pequeñas bragas bikini fueron lo último en quitarle. "Tienes un cuerpo adorable," arrulló Miss Vance, mientras sus manos recorrían el pecho y entrepierna de la joven. Cindy, siendo rubia cobriza, tenía una complexión muy ligera, con una escasa mata de fino vello rojo cubriendo su conejo que miraba invitando increiblemente al viejo coño. Harriet Vance rapidamente quitó todo de encima de su escritorio y ayudó a una muy nerviosa Cindy a tumbarse con sus piernas separadas mientra comentaba, "Tienes una vagina muy bonita, Cindy, solo mira al pene de Ryan, el piensa que tu vagina es bonita, ¿no, Ryan?"

Ryan solo asintio, sin quitar sus ojos de la hinchada pequeña vagina, mirándole a la cara Miss Vance continuó, "Cindy, querida, estas poniendo a Ryan y a mi muy excitados, así que si no te importa, voy a a lamer tu vagina con mi boca" Sin esperar una respuesta, Miss Vance colocó su boca directamente en la raja de la joven adolescente. Esto era algo de lo que Miss Vance sabía un poco, ser una lamedora de coños, desde que se había estado encontrando con una mujer de la ciudad vecina dos veces al mes los últimos diez años solo para hacerse mamadas mutuas, así que fue al pequeño conejo de Cindy con venganza, sin darle tiempo de calentarse levemente, encontró el pequeño clítoris de la chica y trabajó sobre él implacablemente. El cuerpo de Cindy inmediatamente se convulsionó mientras su clitoris estaba bajo un completo ataque de su experimentada lengua, mientras Ryan, otra vez tomando la oportunidad, puso su polla en facil acceso de la boca de Cindy, solo por si tenía la urgencia de satisfacerle oralmente. No se decepcionó cuando hambrientamente lo tomó en su boca caliente, la combinación de una boca en su conejo y una pola en su boca era más de lo que la pobre chica podía manejar, resultando en el más fuerte orgasmo de su vida mientras su conejo llenaba la boca de la bibliotecaria con su eyaculación mientras su propia boca estaba siendo llenada con los chorros de esperma de su compañero de clase.

Harriet rapidamente se levantó y ordenó a Cindy que se quitase del escritorio. Tras reemplazar a Cindy, Harriet Vance separó sus piernas, mostrando el conejo más peludo que Ryan hubiese visto antes, incluyendo fotografías en revistas. Mirando a Cindy, le pidió, "Por favor, ocúpate de mis tetas, cielo, ellas realmente podrían tener algo de atención." El fuerte sorbo proveniente de la boca de Cindy, hizo que la polla dormida de Ryan empezase a alzarse y después de estar totalmente erecto, no tuvo que preguntar qué hacer, simplemente se puso entre los muslos separados de su jefa y enterró su polla hasta el fondo de su humeante caja del amor, mientras un fuerte suspiro de complacencia escapó de los labios de Miss Vance cuando sintió la erección de un hombre entrar en ella por primera vez en años. Sentaba tan bien ser follada por un hombre de nuevo. Lo maravilloso de los folladores adolescentes, era que tenían energía ilimitada, iba a disparar su tercera corrida en el espacio de media hora, mientras Cindy, tenía una vagina que solo rogaba por ser manejada, humedeciéndose con cualquier excusa. Ryan vió que había un modo de tener a Cindy un poco mas involucrada en la acción ya que la tenía a cuatro patas sobre Miss Vance, con su culo en el aire justo en frente de su nariz. Ella podía continuar chupando las tetas de Harriet Vance, pero con su coño justo frente a él, el podía inclinarse unos centímetros y lamer su bonito coño. Los sonidos de absorción provenientes de su boca sobre las tetas de Miss Vance, crecieron en fuerza y rapidez cuando la lengua de Ryan serpenteó en el pequeño conejo hinchado de Cindy. Su aroma era como una droga, y Ryan intentó meter toda su cara en la húmeda raja de la joven. Ahora era un hombre poseido, su boca chupando la joven vagina como una cría el pezón de su madre, mientras su ahora polla de acero inoxidable, golpeaba con fuerza dentro y fuera del viejo coño peludo que estaba extendido frente a él. Los tres tenían los comienzos de una conexión en cadena, con la boca de Cindy en el gran pecho de Miss Vance y Ryan ciudando de ambas mujeres con su boca y lengua en el conejo de Cindy y su erección cuidando del necesitado coño de Miss Vance. Ryan fué quien empezó la explosión simultánea cuando gimió alto y fuerte en el estrecho coño de Cindy, mandándole al borde del orgasmo en su segunda corrida en los últimos quince minutos. Miss Vance, solo oyendo a sus dos jóvenes juguetes sexuales teniendo orgasmos hizo que sus propios genitales temblasen, contrayéndose finalmente en un clímax propio.

Cuando estuvieron respirando normalmente otra vez, Harriet Vance se sentó en su silla con cada adolescente a un lado, amamantándolos en silencio en sus gordos pezones. Los tres contentos y felices en el conocimiento de que esta solo era la primera de muchas citas nocturas que tendrían entre los estantes de la biblioteca.

FIN

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