RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #71

EL INCUBO

Dando vueltas y girándose, Paige Barlow intentó sin éxito encontrar una posición para dormir cómoda. Giró sobre un lado, solo para ver los números rojos de su reloj de la mesilla mostrando que eran ahora las tres y media de la mañana. Refunfuñó y dijo en alto, "¡por dios, he de levantarme en solo tres horas, debo dormir algo!".En quince minutos mas o menos, el sueño se apoderó de su cuerpo cansado, pero era bastante irregular porque seguía dando vueltas y girando, deslizándose dentro y fuera de la inconsciencia, atrapada en ese mundo inferior entre el sueño y la vigilia. Cuando el reloj llegaba a las cinco, algo muy extraño le empezó a suceder al cuerpo de Paige. Su vagina se puso muy húmeda, totalmente excitada y preparada para el coito, y mientras era vagamente consciente de que algo sexual se apoderaba de ella, era incapaz de pararlo. Lentamente todo su cuerpo era envuelto por esa "fuerza", esta presencia sexual que parecía llenar toda su existencia. Se estremeció mientras se precipitaba por ella, haciendo que cada poro de su piel pareciese una mini vagina, hasta que exudaba sexualidad de un modo que nunca antes había sentido. Aunque no estaba consciente, era consciente de todo lo que le pasaba, esa sensación de todo su ser era un gigantesco órgano sexual. Entonces la golpeó, sintió algo o alguien dentro de ella llevándola al mayor orgasmo que hubiese tenido en su joven vida. Gritó en éxtasis cuando una ola tras otra de placer la recorría, destrozando su modesto comportamiento del medio oeste en el proceso, y entonces igual de rápido que había empezado, se acabó. Blanda como un viejo trapo, con el sudor saltando por todo su cuerpo, se levantó, dificilmente capaz de moverse, toda su energía agotada por la presencia mística.

Volvió a caer en un profundo sueño, no oyó siquiera el fuerte zumbido del despertador, durmió del tirón hasta el mediodía. Cuando finalmente despertó, se dirigió al baño, tomando una ducha fría intentando recuperar sus sentidos. Aún débil como un gatito, llamó a la oficina y les dijo que no podía ir debido a una enfermedad y fué a la cocina a por algo de comer. "Dios mío," pensó, "¿qué demonios me pasó anoche?" Aunque su vida sexual no era exactamente muy activa en ese momento, había tenido suficientes orgasmos a través de sexo regular así como masturbación, y aunque había oido hablar de sueños húmedos, creía que era cosa de hombres, al menos hasta ahora, pero no había ninguna duda, había tenido un orgasmo en su sueño. "Bien," opinó para sí misma, "no hay ningún daño en ello, creo" y entonces comenzó a limpiar los platos de la comida hasta que finalmente sintiéndose más como ella misma, salió e hizo algunos recados, pronto olvidándose su experiencia de la noche anterior.

La siguiente mañana salió a trabajar pronto, sabiendo que tenía mucho que maquillar por su ausencia del día anterior, esperó al bus y tomó un asiento por el centro. Aún un poco cansada, se dormía, despertándose con el traqueteo del bus, fue durante uno de esos momentos cuando empezó a suceder otra vez. Pudo sentirlo en su vagina. Intentando pararlo, luchó para abrir sus ojos, pero no era capaz, era como ver un accidente en cámara lenta, crees que puedes pararlo, pero parece estar fuera de tu alcance. Otra vez todo su ser era barrido por una fuerza mística, mucho más fuerte de lo que era capaz de resistir. Su vagina estaba chorreando, haciendo que su raja gotease en sus bragas de encaje, haciéndolas mojarse con el aroma de su sexo. Su respiración se volvió entrecortada mientas su cuerpo respondía a la excitación que la recorría. Ella nunca había tenido ningún problema al correrse, su cuerpo era ahora un instrumento de deseo sexual. Pudo sentir este tremendo orgasmo brotando de su interior, ningún humano le había hecho sentirse nunca tan mujer. Lo que fuese que le hiciese correrse, también le hacía sentirse como la mujer más sexualmente perfecta de la tierra, y en ese momento su mente y su conejo eran uno en el universo. Se sentía como la madre de todos los seres, era imposible de describirlo, pero solo sabía que ninguna otra mujer se había sentido tan satisfecha como ella lo estaba ahora. Algo había en su vagina, haciendo que sus labios y su clítoris se hinchasen como nunca lo habían hecho antes, se sentía tan sexual, como un conejo. Era la última mujer, y estaba siendo tomada por una fuerza desconocida. Otra vez, gritó cuando su vagina fue sacudida por el orgasmo más intenso que ninguna mujer hubiese experimentado. Cuando finalmente abrió los ojos, treinta y cinco pasajeros la miraban fijamente, preguntándose qué causaba que esta mujer de veinticinco años tuviese lo que parecía ser un intenso episodio sexual en un autobus urbano. Debería haber bajado en la siguiente parada, pero al igual que el día anterior, no podía mover un músculo, pero afortunadamente, en el momento que el bus se dirigía hacia el centro, tuvo la suficiente fuerza para tambalearse hacia la puerta y salir a la calle. Esperó poder caminar lo que quedaba hasta su oficina pero no estaba segura de poder hacerlo.

Cuando finalmente se dejó caer en su silla, todavía sentía los efectos de su orgasmo en el bus y algunos de sus compañeros de trabajo se pararon para ver si estaba bien. Ella solo asentía y les decía que todavía estaba un poco débil por la fiebre y que estaría bien, aunque no creía esas palabras cuando las decía. Había sido tormentada dos veces en las últimas cuarenta y ocho horas por los más viciosos orgasmos que pudiese imaginar, ambos dejándola agitada y temblorosa, y aunque siempre había tenido una actitud saludable hacia el sexo, había algo casi siniestro en lo que le estaba pasando. Igual de bien que le sentaba, había una corriente oculta de malevolencia envolviendo toda la aventura. El problema principal era qué lo estaba causando, y si podría hacer algo si lograba entender lo que estaba pasando. Paige pasó el resto del día inmersa en el trabajo, intentando no explicar si volvería a pasar, pero lo único de lo que estaba segura, era que en ambos casos estaba durmiendo cuando fue tomada. "Oh genial," pensó, "todo lo que tengo que hacer es no volver a dormir otra vez y todo irá bien". A las seis en punto de la tarde dejó su oficina y se dirigió a la parada del bus, ansiosa de llegar a casa y tomar un baño caliente y meterse en la cama. Estaba mental y físicamente fatigada y su agudeza mental habitual se había apagado por los eventos de los pasados días. Mientras estaba en la parada del bus, una cosa bastante extraña ocurrió, que en cualquier otro día no hubiese significado nada para ella. Una señora mayor, una vagabunda a falta de un término más agradable, se estaba acercando a ella por la acera empujando un carro de compra. En una ciudad del tamaño de Chicago, esto no era un evento raro, así que Paige casi no le prestó atención mientras se movía a tropezones a través de la multitud de hora punta. No fue hasta que estaba casi a su altura cuando Paige se dió cuenta de que estaba intentando mantener contacto visual con ella. Cuando sus ojos se encontraron, se cerraron juntos, haciendo que un escalofrío recorriese su espina dorsal. Intentó mirar hacia otro sitio, pero algo la sujetaba en la mirada de la mujer, una sensación que había sentido previamente durante sus dos episodios de los últimos dos días. Más y más cerca venía la mujer, haciendo que Paige sintiese que realmente pudiese sufrir un ataque de pánico justo allí, en la calle LaSalle. Cuando estaban separadas por unos centímetros, la mujer susurró en una voz ronca, "Eres una de nosotros ahora, en su debido momento entenderás tu lugar, ¡íncubo!" Tan rápido como había aparecido, la mujer desapareció por la calle hacia abajo, echando una mirada otra vez hacia Paige, otra vez haciéndole temblar con la simple visión de la cara de la mujer. "Incubo," pensó Paige, mientras subía a su autobús con destino hacia el norte, "nunca he oido esa palabra antes, me pregunto qué significará" "Probablemente nada," se tranquilizó, "era solo una señora mayor, ¿qué demonios podría saber?"

Tras un largo remojo caliente en la bañera, Paige se sintió inconmensurablemente mejor. Pidió comida china, vió un poco la televisión, ojeó una revista, llamó a su mejor amiga Caitlin, e hizo planes para ir de tiendas al día siguiente por la tarde. Un fin de semana relajante es lo que necesitaba, y estaba lejos de un buen comienzo. El ronroneante sonido de la televisión, junto con una copa de vino, fue demasiado, y antes de darse cuenta, Paige se estaba durmiendo en el sofá. Casi inmediatamente la misma fuerza siniestra la envolvió. Su vagina húmeda de deseo sexual, su respiración volviéndose entrecortada, su pulso acelerándose mientras una desenfrenada lujuria se extendía a través de ella. Era sólo consciente de que le estaba volviendo a pasar, la única diferencia era que no intentaba luchar, instintivamente sabiendo que no tenía esperanza en hacerlo. Otra vez su cuerpo respondió en un modo más femenino, llevándole a un rápido orgasmo. Esta vez, sin embargo, sintió más la presencia o algo haciendo que se sintiese como la madre de todas las cosas. ¿Qué era eso, qué podía ser? Sus paredes vaginales empezaron a contraerse cuando el orgasmo se extendió a través de todo su ser, hasta que finalmente el clímax menguó, dejando a Paige despeinada y sudorosoa y su mente lentamente despejada. No había duda sobre ello ahora, estos orgasmos sólo le venían cuando estaba durmiendo. Cúal era el problema con ella. Dios, no podía seguir así. La única cosa rara que le había pasado en los últimos días era encontrarse con esa vagabunda. "¿Qué ha dicho?" pensó Paige, "¿íncubo?". "Qué palabra más divertida, me pregunto si al menos es una palabra". Después de semejante explosión sexual, Paige decidió que necesitaba otra ducha. Su cuerpo estaba mojado por el sudor, y su vagina goteaba por la intensa experiencia. Después de la ducha, Paige cogió su diccionario esperando encontrar el significado de la palabra "íncubo", lo que encontró la asustó, pero su sentido común le dijo que era imposible. Su diccionario describía un íncubo como un demonio que tenía relaciones sexuales con mujeres dormidas, la descendendia resultante se convertía en brujas, hechiceros o brujos. "Imposible," dijo en voz alta, "sólo son cuentos de hadas y folklore". Mientras hablaba, sin embargo, tenía esta terrible sensación de que lo que había dicho la mujer era cierto. ¿Cómo podía saber que Paige estaba teniendo orgasmos nocturnos? ¿Por qué esos orgasmos eran tan devastadores? ¿Por qué sólo cuando estaba durmiendo? Tantas preguntas, tan pocas respuestas, y ahora era hora de irse a dormir. Paige sintió una sensación de impotencia se apoderaba de ella. Estaba casi segura de que sería asaltada de nuevo en su sueño, pero su necesidad de dormir era abrumadora también. Lentamente se subió a la cama, estiró la cubierta hasta su cuello y esperó. Normalmente, una persona no se da cuenta de cuando se desliza hacia el sueño, y Paige no era una excepción. Sólo se durmió, y pronto como estaba roncando suavemente con respiración regular. Esta vez lo sintió entrar a su cuerpo a través de su vagina, instantáneamente mojando sus bragas con secreciones, su cuerpo entero se hinchó con deseo. Esta vez parecía estar comunicandose directamente con ella, haciendo su presencia abiertamente conocida. Era como si le estubiese diciendo exactamente lo que le estaba haciendo, y que ella lo iba a aceptar y le iba a gustar. Por ahora, en esta cuarta ocasión, Paige estaba más acostumbrada a la intense excitación sexual que estaba sintiendo e increiblemente se estaba convirtiendo en casi como una droga para ella, nada era comparable con la sensación que el íncubo podía proporcionarle. Podía sentir su demoníaca pasión llenándola, y finalmente gustosamente cedió, ahora casi rogándole que la tomase como "él" mismo. Su vagina tembló mientras el placer llegaba a alturas increíbles. Su clítoris parecía ser tan grande como el universo, con el íncubo envolvíendolo, conduciéndola a las mejores alturas sexuales. Cuando su orgasmo surgió, todo su cuerpo era destruido por la sensación más increible en la faz de la tierra, en ese momento supo que era "suya". Esta vez él se consumió en su cuerpo, casi como si dijese eres mía para siempre.

Cuando estubo finalmente consciente, lo que la mujer le había dicho tenía un perfecto sentido. Era una de ellos ahora, y el íncubo era su universo. Puso sus manos sobre su barriga y sintió una presencia en su útero. Algo estaba creciendo dentro de ella, no estaba segura de qué, pero se tumbó otra vez y cayó en un profundo sueño. Si él entraba en ella, estaba bien, porque ahora era bienvenido, si no, ella tenía su semilla creciendo dentro de ella. En cualquier caso, era suya, y cumpliría sus órdenes siempre.

FIN


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