RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #121
EL PLACER DE PODAR
Albert se secó el sudor de la frente con reverso de su guante y continuó podando las rosas de Seymour. Eran las 12.45, y como un reloj, oyó a Dee y su amiga Tanya pasear por el jardín trasero. Echó un vistazo entre las flores y las vio paseando descalzas hacia el cenador con la comida picnic.
Dee llevaba su habitual vestido ligero de flores. Su brillante sonrisa y dorado pelo sedoso le daban una belleza divina. Su vestido abrazaba sus caderas y resaltaba sus animadas tetas. Los pezones duros de Dee presionaban contra la fina tela, haciendo obvio que no llevaba sujetador. Vio a Albert trabajando en el jardín, le dedicó una amplia sonrisa y saludó. Albert saludó e hizo como que podaba las flores, en lugar de mirar a las mujeres.
Con corto pelo oscuro y piel aceitunada, Tanya era el contrario de Dee. Su llena cara redonda pegaba con su lleno y redondo cuerpo. Su escaso top dejaba vastas porciones de su extensión apenas tapadas; sus peligrosamente cortos shorts mostraban amplias estrías.
La pareja se sentó en la parte sombreada del cenador. Albert se movió a otros arbustos donde podía ver sin ser visto.
Las dos mujeres se dieron de comer gajos de melocotón y ciruela de la cesta. Dejaron correr el dulce zumo por sus barbillas, permitiendo que la otra lo lamiese. Cuando estuvieron satisfechas, Dee cerró la cesta y la apartó.
Con el sol caliente en su espalda, Albert miró como Tanya se levantaba frente a Dee y ponía un pie en el banco. Todo su amplio culo estaba colgando fuera de sus shorts; la entrepierna estaba metida entre sus suaves glúteos como un tanga. La morena se inclinó y besó la divina dureza en la boca. Estaba claro quién estaba al mando hoy.
Albert lentamente se acercó. Su polla se empalmaba y presionaba contra sus pantalones mientras miraba. La rubia se hundió en la entrepierna de Tanya y empezó a acariciar su conejo. Tanya estiró un brazo y le pellizcó un pezón.
“Oh, estás ya tan húmeda,” dijo Dee.
“Siempre estoy húmeda para ti.”
Mientras se besaban, Dee desabrochó los shorts de su amante. Tanya quitó el pie del banco y sus shorts cayeron al suelo. Se los quitó, se giró y meneó su trasero. Dee rió y le dio una palmada en el culo. Tanya desabrochó su parte de arriba, tirándola a un lado e hizo moverse a la rubia para que se uniese a ella en el centro del cenador. Dee se levantó y se quitó el vestido. Avanzó y presionó su firme cuerpo contra la carne cálida de tanya. Envolvieron sus brazos alrededor de la otra y se besaron.
Dee dio medio paso atrás, puso su boca en la dura teta de Tanya, y chupó su amplio pezón. La morena gimió de placer. Dee puso una fina mano pálida en el culo de Tanya y la otra en su felpudo grueso y oscuro.
Albert dejó de podar. No podía evitarlo; estaba totalmente consumido en ver a las mujeres acariciándose. Tras poner las tijeras en su bolsillo trasero, desabrochó su cremallera y sacó su polla. Unas pocas sacudidas y estaba totalmente empalmado.
Tanya tiro del pelo dorado de Dee, gruñendo mientras ella deslizaba su dedo en su peludo coño. “Lámeme, zorra. Arrodíllate y lámeme ahora.”
Dee quitó su boca del pezón de Tanya. Sus dedos todavía hundidos en el peludo conejo, besó los pechos y el suave abdomen. Paró solo para lamer el ombligo de Tanya, haciéndola reir. Besando su camino hasta el grueso felpudo, besó y lamió de lado a lado. Tanya gemía con satisfacción y puso sus manos en la cabeza de Dee. La rubia besó por al lado del oscuro felpudo, después besó el interior de sus muslos. “Cómeme ahora,” demandó Tanya. Dee accedió separando su jungla púbica, separando sus labios vaginales y lamiendo su duro clítoris.
“¡Si! Oh, nena, eso es justo ahí.”
Albert no pudo aguantarlo, era demasiado emocionante. Paralizado por la rubia lamiendo a la morena, a Albert no le importaba si le pillaban masturbándose en el jardín de los Seymour. Además, se mintió a sí mismo; cualquiera tendría que estar muerto para no ponerse con un espectáculo sexual en el cenador. Dejó de acariciar su polla y dejó caer sus pantalones alrededor de sus tobillos, dejando su culo desnudo y calentándose por el sol. Empezó de nuevo sujetando la base de su polla con su pulgar y dedo índice, envolviendo el resto de sus dedos alrededor del mástil. Con largos, firmes sacudidas, desde la base a la punta, sus bolas se agarrotaron antes del orgasmo. Intentó amortiguar los gruñidos y gemidos que involuntariamente escapaban de sus labios.
Tanya se enderezó; abrió la posición de sus pies e inclinó sus rodillas ligeramente para que la rubia pudiera lamerle rl pezon mejor. Mientras Dee la follaba con la lengua ella pellizcaba un pezón mientras chupaba el otro. Sus caderas se movían y rotaban; sus gemidos se convirtieron en un murmullo contínuo. Ambas sabían que estaba a punto de correrse.
Dee trabajaba el oscuro conejo con determinación. Lamía fuerte y suave y cada vez más rápido. Tanya tembló, su carnosa barriga, muslos y pechos se sacudían.
“Oh, si,” gritó.
Albert se preguntaba si lo habrían oido en la casa principal e irían a investigar. Ver a Tanya levantar a Dee y besarla apasionadamente en la boca, le hizo olvidar que alguien podría estar viniendo.
Dee se sentó sobre el banco, su culo cerca del borde. Se inclinó hacia atrás, levanto sus tobillos hasta tocar su culo. Separando sus rodillas, mostró su suavemente afeitado coño y brillantes labios vaginales húmedos. Tanya se arrodilló y todavía desnuda gateó hasta Dee. Tanya puso sus manos en las caderas de Dee. Bajó su boca al coño afeitado y lo lamió como si fuese su helado favorito.
Dee gimió. Envolvió sus dedos en el grueso pelo oscuro de Tanya y empujó su cara a su chorreante conejo. Tanya deslizó un dedo dentro de su coño, suavemente probó y lo movió hasta que Dee se estremeció y dejó escapar un largo y contínuo gemido.
Albert sintió el sol en su culo y el calor en su entrepierna. Sus rodillas empezaron a aflojarse y sus muslos a temblar. Los músculos en su culo empezaron a tener calambres. Estaba respirando con fuerza. El semen empujaba de sus encogidas bolas hacia la polla; la eyaculación era inminente. Los gemidos de Dee le estaban volviendo loco.
Tanya lamió su raja de abajo a arriba donde lamía el clítoris de Dee. La cabeza de Dee rodaba de lado a lado; masajeó la cabeza de Tanya. “Oh cielo, eso es. Oh si, oh más, oh más, oh más. Lame mi clitoris, oh si, justo así.” Dee quitó los tobillos del banco y los enroscó alrededor de la cabeza de Tanya.
Albert no podía aguantar más; sacudió su polla con fuerza y rapidez. Semen caliente salió por su mástil, chorreando por la cabeza y salpicando los arbustos, sus pantalones y su mano.
Dee apretó los dientes y gruño con fuerza. “Oh, oh, oh,” dijo. Todo su cuerpo tembló en éxtasis orgásmico. Abriendo sus muslos, Dee ayudó a Tanya a levantarse y la besó. “Oh cielo, ha sido maravilloso.”
Mientras Albert se ponía los pantalones, vio a las dos mujeres vestirse. Recogió sus tijeras y siguió podando, preguntarse si su culo se habría quemado por el sol.
Tanya cogió la cesta de picnic y caminó enfrente. Dee salió del comedor, se giró y saludó a Albert. “Nos vemos la semana que viene,” dijo con una sonrisa.
í hacia la puerta y silenciosamente salí. Imaginé que probablemente tendría tiempo suficiente para masturbarme, ducharme y cambiarme antes de que la banda terminase la prueba de sonido. No necesitaba oírlos tocar. Ya había presenciado dos actuaciones estelares hoy.
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