RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #57
EL SUSTITUTO
Eso estaba volviendo a Julie Morgan loca. No podía simular tener un orgasmo sin imaginarse
antes siendo viciosamente violada por un atacante desconocido. Había leido todos los libros
del despertar femenino, e incluso había repetido el mantra de que sólo porque fantaseases
sobre algo, no significaba que realmente quisieses realizar la fantasía. Todo esto estaba
bien en teoría, pero para Julie se estaba convirtiendo en una obsesión. Cuando empezó a
practicar sexo a los dieciocho, sus orgasmos estaban dirigidos a su novio, pero así como
fueron pasando los años, mas y mas necesitaba tener esta imagen en su mente, de ella
siendo forzada a practicar los mas íntimos actos con un total extraño. En muchas de sus
fantasías su agresor era negro o hispano con una tremenda erección. No podía imaginar su
significado, pero estaba lo suficientemente preocupada para pensar en ir a ver a un
psiquiatra por su problema.
Julie odiaba pensar en hablar sobre su "problema" con un extraño, pero sentía que no tenía
elección. Recorriendo la página con los dedos, encontró el número de varios doctores
especializados en obsesiones sexuales disfuncionales. Tras llamarlos y hablar brevemente
con cada psicologo, decidió citarse con la Dra. Margaret Kohler. Aun a través del teléfono,
le pareció que la Dra. Kohler, tenía un modo muy empático por ella. Su voz era suave y
tranquilizadora sin ser demasiado acaramelada. Julie tuvo el pálpito de que tal vez la Dra.
Kohler pudiera finalmente darle una respuesta, o por lo menos una explicación de su problema.
Así que con un poco de miedo se citó con ella para el siguiente Miércoles a las 4.00pm.
El despacho de Margaret Kohler estaba en el décimo piso del Edificio Médico Murrow, y aunque
la sala de espera era bastante pequeña, Julie lo atribuyó al hecho de que, al contario que
un doctor médico, un psiquiatra no tenía muchos pacientes de emergencia, y podía mantener las
sesiones en horas mas o menos distintas. Una atractiva recepcionista estaba sentada en un
pequeño escritorio en la puerta de fuera que conducía a los despachos. Julie se acercó a ella
y fue recibida con un, "Oh, usted debe ser Julie Morgan, rellene estos formularios y la
doctora le recibirá en unos quince minutos, esta terminando con otro paciente." Julie, cogió
el montón de papeles a la recepcionista y se sentó para completarlos. Había un formulario de
seguro habitual y rápidamente lo rellenó, pero el cuestionario del historial personal, era
otra cosa. Las preguntas se iban incrementando directamente cuando llegó a describir su
problema particular. Perdiendo mas de quince minutos en ello, Julie, al final dejó el bolígrafo
y esperó a la doctora.
La doctora Margaret Kohler no era como Julie la había imaginado. Era alta y delgada, y
mucho mas joven de lo que Julie esperaba que fuese. La doctora Kohler se presentó y le
pidió a Julie que se sentase en la silla acolchada en frente a su gran escritorio de
madera. La doctora se sentó y pasó un par de minutos revisando la información del formulario
del historial personal que Julie le había dado, hasta que finalmente levantando la vista
dijo, "¿Es esto una descripción exacta del problema que tienes durante la actividad
sexual?" Julie negó con la cabeza y añadió, "La cosa, es que parece que va a peor,
no puedo simular tener un orgasmo sin los pensamientos e imagenes de mi siendo brutalme
violada, solía ser lo que pensaba cuando tenía una fantasía, pero ahora domina toda mi vida
sexual." "¿Has hablado sobre esto con tu novio?" preguntó la doctora, "No, temo que no
entienda lo que siento y lo tome como una afrenta a su hombría." respondió, "no
hay ningún modo de que se lo pueda contar." "Dime entonces" continuó la doctora, "¿tus
orgasmos son satisfactorios cuando tienes esas fantasías sobre ser violada?" "Dios, si,"
exclamo Julie, "son los mas fantásticos que haya tenido en mi vida, nada que pudiera
hacerme mi novio podría acercarse a lo que consigo pensando en ser tomada por la fuerza."
"¿Crees que realmente quieres ser violada?" le preguntó la doctora Kohler, "No lo se,"
respondió Julie, "eso es lo que mas me preocupa, me temo que podría consciente o
inconscientemente ponerme en una situación donde podría resultar herida intentando
satisfacer mi propia curiosidad."
La doctora se reclinó en su silla y pareció soñar despierta por un par de segundos, entonces
le preguntó a Julie, "Si pudieras satisfacer tu deseo de ser violada de un modo seguro, ¿lo
considerarías?", Julie pensó en eso por un segundo o dos y contestó, "Si hubiese una seguridad
garantizada, si, lo intentaría." "Bien," continuó la doctora, "tenemos un modo de satisfacer
tu curiosidad sin ponerte en ningun tipo de peligro, has oido hablar de un sustituto?"
"¿Quieres decír como madres sustitutas, ese tipo de cosas?" respondió Julie, "No, no como eso"
dijo la doctora, "lo que tenemos aquí en la clínica son técnicos sexuales entrenados, o
sustitutos, que pueden interpretar cualquier papel que les des, en tu caso, el papel sería
uno de un ataque de un violador, la principal diferencia entre esto y la realidad, no
obstante, es que puedes parar la sesión en cualquier momento." "Lo que conseguimos con esto,
es que después de que una persona realmente experimente sus grandes fantasías sexuales, eso
ya no vuelve a ser una fantasía mas, y la excitación rápidamente se va y creo que eres una
perfecta candidata para este tipo de tratamiento." añadió la doctora. Nunca existió en la
mente de Julie intentarlo realmente, así que no estaba exactamente preparada para responder
sin pensarlo un poco. La doctora, dándose cuenta de su angustia dijo, "no tienes que tomar
una decisión justo ahora, pero piensa en ello, creo que este tipo de terapia hará mucho
para solucionar tu problema." Julie, entonces preguntó, "¿Quién haría algo como esto?"
La doctora buscó en el cajón de su escritorió y sacó una carpeta de de tres centímetros de
ancho llena de hojas. Abriéndola, le mostró a Julie las fotografías de cientos de hombres,
de diferentes razas, edades y tallas. "Creo que podemos encontra alguien aqui que pudiera
coincidir con tu idea de un loco violador." entonó la doctora. Julie, ahora mirando
intencionadamente las fotografías delante de ella, se paró cuando llegaba a la foto de un
hombre negro de unos treinta años. "¿Qué tal él?," preguntó Julie, señalando la fotografía,
la Dra. Kohler cogió la fotografía y miró la información escrita detrás. "Este es un hombre
negro de treinta y cuatro años, mide 1.82 metros, y noventa kilos," respondió, "si, creo
que lo haría bien" "¿Cómo lo haríamos?" preguntó una ligeramente nerviosa Julie, "sería
aquí en tu despacho?" "Oh no," respondió la Dra. Kohler, "este es un entorno demasiado
controlado, tiene que ser en algún sitio de la ciudad, para hacerlo lo suficientemente
realista para que tenga el efecto deseado." "¿Qué pasa si me asusto y quiero que pare?"
preguntó Julie "Nosotros te daremos una palabra "segura", una palabra que puedes utilizar
en cualquier momento para parar todo el programa, así que si por ejemplo tu palabra segura
es "aguja", todo lo que tendrías que hacer es decirla y tu sustituto se pararía inmediatamente,
es fácil." "¿Cuándo pasaría?" preguntó Julie, "No podemos decirte cuando o donde, pero te
puedo decir que será en algún momento en las próximas dos semanas," respondió la doctora.
"¿Quieres seguir el tratamiento?" preguntó la doctora, "Si, si quiero," respondió Julie,
"prepáralo, quiero hacerlo."
Los siguientes días Julie miraba a cada hombre negro que se cruzaba. No estaba segura de
cómo era el sustituto, después de todo sólo había visto su fotografía unos pocos segundos.
Después de cuatro días sin el mas mínimo indicio de contacto, llamó al despacho de la
doctora Kohler para asegurarse de que todos los preparatibos se habían hecho, le
aseguraron que todo estaba preparado y que su sustituto había recibido sus indicaciones.
Decidió que no le iba a hacer ningún bien vivir pensando en ese tema, así que intentó
alejarlo de su mente y pensar en otras cosas. Cuando llegaba a casa de su trabajo esa
tarde el vestíbulo de su edificio estaba vacío de gente, pero esto no era inusual porque
sólo había veinticinco unidades y muchos de los ocupantes eran gente joven que tenían trabajo
y pasaban mucho tiempo fuera del edificio. Subiendo al ascensor para ir al tercer piso, Julie
fué sorprendida cuando desde fuera, de la nada, un hombre se deslizó en el ascensor detrás
de ella. Antes de que pudiese girarse y mirarlo, él tenía un brazo alrededor de su cintura y
un cuchillo en su garganta. Aún pensando que sabía que ese hombre estaba ahí para cumplir
su fantasía, estaba aterrorizada. En un aspero susurro bajo él dijo, "Un movimiento en
falso o un sonido de cualquier tipo y te corto, ¿lo coges?" Julie asintió e intentó no hacer
movimientos innecesarios. "Pulsa el número de tu piso," le ordenó. Julie presionó el botón
de tercer piso, y ambos esperaron en silencio mientras el ascensor lentamente subía hasta el
tercero. Cuando llegaron y se abrieron las puertas, el captor le dijo que caminase a su
apartamento y lo abriese, recordándole otra vez que cualquier sonido resultaría una raja
en su garganta. Julie buscó a tientas sus llaves, casi calléndose en la alfombra y con
la mano temblorosa abrió la puerta de su apartamento. La puerta osciló abierta y ella fué
empujada violentamente dentro, tan fuerte de hecho que se cayó. El rápidamente cerró la
puerta detrás de él y agarró a Julie del pelo y la tiró hacia sus piés. "Aquí," le ordenó,
empujándola hasta el comedor. Ahora Julie había conseguido verle bien la cara, y no podía decir
si se parecía a la foto o no, aunque, definitivamente parecía mas perverso que en la foto.
"Siéntate," le dijo, señalando a la mecedora de madera que su madre le había dado como regalo
para la casa, mientras buscaba en su bolsillo, sacó un rollo de cinta americana y procedió
a sujetar sus muñecas a los reposabrazos de la silla, e hizo lo mismo con sus tobillos,
sujetándolos a las patas delanteras de la silla y entonces tomando un pequeño trozo, lo
puso en su boca. Cuando creyó que estaba totalmente inmobilizada, se dió una vuelta por el
apartamento, y aunque todavía tenía miedo, Julie se estaba acostumbrando a su presencia y se
relajó un poco. La sensación de sus grandes y poderosas manos, hicieron que la vagina de Julie
empezase a humedecerse, e increiblemente, estaba sientiendo casi la misma sensación que le
daba la fantasía. Cuando él volvió al salón, llevaba una botella de cerveza y un sandwich
que se había hecho en la cocina. "Espero que no te importe si te cojo algo de comida," rió,
y tomó un largo trago de la botella de cerveza. Se sentó en el sofá para terminar su snack
mirando a Julie mientras comía.
Mientras terminaba, le preguntó, "Eh, zorra, ¿has sido follada alguna vez por un hermano?"
Solo oir preguntar eso, hizo que Julie emitiese un ligero gemido, mientras su coño estaba
ahora fangosamente húmedo y deseoso de fluir en su entrepierna. Levantándose de su asiento,
caminó hacia ella y quitó la cinta de su boca, ardiendo la piel donde estaba pegada.
Otra vez mostrando el cuchillo, le advirtió que no hiciese ningún ruido, y con la otra mano
desabrochó sus pantalones y sacó su pene. Julie estaba petrificada mirando fijamente a la
gran polla negra a solo unos centímetros de su cara, y anuque solo estaba semi dura, era
la polla mas grande que hubiese visto. Grandes venas recorrían la largura de un mástil que
estaba dominado por una cabeza que parecía tener el tamaño de un balón de piscina. Ni en sus
mas excitantes fantasías, había imaginado una polla tan grande como esa. El se acercó un
poco mas hasta que ella pudo sentir el calor que salía del gran pene, un poco mas cerca todavía
y sus labios rozaban contra la preciosa cabeza. El la empujó un poco más y ella dejó la cabeza
en su boca. "Jesús," pensó, "me voy a correr solo con tener su cabeza". Su conejo era ahora
una confusión de ruidosos nervios y con sus piernas atadas separadas, ella no podía conseguir
ninguna presión en su clítoris, y esto le estaba volviendo loca de lujuria. El negro órgano
brillante ahora estaba en una erección completa, y era tan grande que ella tenía problemas para
mantener mas que la cabeza dentro de su boca. Cogiendo el cuchillo, cortó la cinta de las
muñecas, y se inclinó y liberó sus tobillos. Sacando su polla de su boca, él la cogió en el
aire y la tiró a sus pies y le exigió, "Toda tu ropa fuera, ¡AHORA!" Temblando de lujuria,
Julie, rápidamente se despojó de su ropa y se quedó desnuda en frente de intruso. "Bonitas
tetas," comentó, mientras la miraba cuidadosamente. Julie estaba segura de que podía ver lo
húmeda que se estaba volviendo su vulva, pero descaradamente posó para él con las piernas
parcialmente separadas igualmente. Le trajo de vuelta de sus pensamientos el sonido del
teléfono, ella automáticamente lo buscó en la mesa, pero el la sujetó del brazo e hizo un
gesto amenazante con su cuchillo. Ella necesitaba responder porque estaba esperando una
llamada de su madre, y si no lo cogía, ella podría ir a comprobar si estaba bien. Tras
oir su explicación, él respondió, "Vale, responde, pero si cometes un error, te cortaré
tu jodida garganta." Otra vez puso el cuchillo en su cuello, y la movió para que lo cogiese.
Julie descolgó el teléfono y lo que escuchó al otro lado de la línea hizo que su sangre
se congelase por el miedo, no, con terror. Era el despacho de la Dra. Kohler, le llamaban
para informarle de que el sustituto que había elegido se había roto una pierna y que tenía
que volver para seleccionar a otro. Colgando el teléfono tras decir 'vale', Julie empezó a
temblar, realmente pensó que se pondría físicamente enferma. Su intruso quitó el cuchillo
de su garganta, y Julie lentamente se giró a mirarlo con mas cuidado. Su gran pene todavía
se levantaba obscenamente de su bragueta abierta, ahora parecía mucho mas amenazante de
lo que era sólo unos minutos antes. "Voy a follarte ahora, zorra" dijo, cogiéndola por el
brazo, arrastrándola hasta el dormitorio y tirándola en la cama. Su mente ahora estaba
girando completamente fuera de control mientras el se desabrochaba los pantalones y se los
quitaba, quedándose desnudo de cintura hacia abajo. El tenía unas piernas y glúteos muy
musculosos, y su pene apuntaba directo hacia ella mientas se tumbaba sin posibilidad de
defensa antes que él, y mientra todavía sujetaba el cuchillo en su mano, se deslizó sobre
ella aplastando su pecho contra sus pechos. Ella pudo oler el alcohol en su respiracion y
el tenía un horrible olor corporal, y sus fosas nasales se llenaron de esos nauseabundos
aromas, sintió tintes de vómito en su garganta. "Abre las piernas, zorra, papá va a follar
a su pequeña puta." Con el cuchillo presionando contra su garganta, obedecía o moría,
lentamente separó sus bonitas piernas, y esperó a que le tomase. "Ponlo en tu coño," le
ordenó. Ahora brotaban lágrimas de sus ojos, pero ella extendió su mano hacia abajo, sujetó
la dura erección y la guió hacia los labios de su coño. "P-por favor, no me haga daño" le
rogó, dándose cuenta ahora de que tenía muchas opciones de salir herida o peor.
Gentilmente trabajando con la cabeza de su polla en su raja, sus ojos giraron mientras el
hundía todo el camino en un solo y rápido golpe seco. Con su garganta tensa y sus labios
secos, su vagina respondió a la invasión masiva con un tremendo orgasmo. Un fuerte
gemido se escapó de sus labios, el se rió y dijo, "No puedes tener suficiente carne negra,
¿puedes?, pequeña jodida puta". Su gemido parecio ser una señal para él para empezar a
meter a la fuerza en su indefenso conejo, su mastil negro, y no siendo capaz de controlarse,
puso sus piernas alrededor de su espalda y empezó a acercarse golpe a golpe. Su respuesta
positiva le condujo a él a un frenesí mientras taladraba con su pene dentro y fuera de su
coño hasta que ambos explotaron en un orgasmo simultáneo. Cuando sacó su polla, provocó un
último espasmo en su coño, pero ahora estaba totalmente gastada y se quedó tumbada en la
cama mientras él se vestía. "¿Dónde está tu reloj" preguntó él mientras abrochaba su cinturón.
"En el salón, en el sofá," respondió ella. El abandonó la habitación y volvió pocos segundos
después, hacia su bolso de mano abierto. Encontró unos dosciestos en efectivo, los
introdujo en su chaqueta, y fué a por sus tarjetas de crédito. Cuando estaba preparado para
irse dijo, "Lo siento, pero tengo que atarte, no puedo darte la oportunidad de llamar a la
policía". Ella empezó a protestar, pero él simplemente la ignoró y encintó sus manos detras
de su espalda y sus tobillos fuertemente juntos. Puso una última pieza en su boca y se
dirigió a la puerta. Se paró, volvió a la cama y arrancó el cable del teléfono de la pared.
"Allí" dijo, "dejaré el teléfono conectado en el salón, si puedes quitarte la cinta de la boca,
podrías deslizarte y pedir ayuda." Entonces en un momento ella estaba sola en su apartamento
oyendo como la puerta principal se abría y cerraba y el sonido de pasos bajando al hall por
el ascensor.
Julie tardó unas tres horas en liberarse, pero en lugar de llamar a la policía llamó al
servicio de respuestas de la Dra. Kohler y dejó un mensaje para la doctora para que se pusiese
en contacto con ella tan pronto como fuese posible. Se sentó con una copa de vino cerca del
teléfono y esperó. Diez minutos después sonó, y habló con la doctora. Se desahogó contándole
su historia, sin dejar nada fuera, y esperó a oir qué tenía que decirle la doctora sobre todo
eso. "Julie," comenzó la doctora, "¿cuando creías que el intruso era un sustituito, tenías miedo,
quiero decir, temiste por tu vida?" Julie respondió, "Bien, al principio si, pero después
lentamente me di cuenta de que no había ningun riesgo real, y no, creo que no tuve miedo
realmente hasta que recibí la llamada de tu oficina." "Está bien," continuó la Dra. Kohler,
"es imposible inducir el tipo de terror que estabas experimentando en tus fantasías si tu
sabías que no había un peligro real, por esa razón te llamamos para hacerte pensar que estabas
con un atacante real." "Creo que ahora cuando vengas para tu sesión de seguimiento, tendremos
algo sobre lo que hablar realmente." Julie miró fijamente el teléfono y momentáneamente estuvo
boquiabierta cuando oyó la historia de la doctora. Finalmente colgando, aún no sabía si
rechazaba o no haber sido el objetivo de un violador.
Después esa noche en la cama, estaba todavía en un manojo de nervios por lo que había pasado
antes por la tarde, pero su mano derivó hacia su conejo y empezó a acariciar su endurecido
clítoris mientras su mente empezaba a volar y su dedo estregaba la pequeña protuberancia dura.
Sin ser consciente de ello, sus pensamientos volvieron al gran pene negro que había cuidado de
su conejo, y mientras un orgasmo inundaba su coño, su único pensamiento estaba en el cuchillo y
el pene, supo instantáneamente, que eso era lo que realmente quería, y eso no era un problema
del todo.
FIN
RELATOS EROTICOS
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