RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #86

EXPUESTO

Estaba tan caliente y pegajoso, Angela estaba segura de que los otros pasajeros del bus podían olerlo también. Su coño, su conejo, su chocho, llámalo como quieras, pero en ese momento la vagina de Angela estaba goteando como un grifo de agua. Si hubiese llevado bragas, bien, tal vez nadie lo habría notado, pero Angela nunca llevaba bragas, porque, bien, porque era lo que en los círculos educados llaman una exhibicionista. En ese momento Angela hizo contacto visual con un hombre de mediana edad que estaba sentado en frente de ella, y parpadeando levemente sus ojos, los dejó caer despreocupadamente a su regazo, mientras casualmente separaba sus piernas, dándole a él un vistazo completo de su muslo interior y su conejo estrechamente recortado. Los ojos de él fueron de su entrepierna a su cara, pero inmediatamente supo que ella quería que mirase, solo por la media sonrisa burlona que cruzó sus labios. Él humedeció sus labios con su lengua, echando un vistazo para comprobar si alguien más estaba mirando, y dejó caer su mirada sobre la región inferior de Angela y durante los siguientes cinco minutos el miró fijamente la gordinflona raja cubierta de vello moreno, solo apartando sus ojos para ver si alguien había descubierto su actividad furtiva. Cuando casi estaban en la parada de Angela, ella levantó su peso levemente y flexionó sus músculos vaginales, haciendo que sus labios se hinchasen hacia dentro y fuera, separandose ligeramente para dar una visión momentánea de su raja rosada. Angela pensó que sus ojos iban a salirse de su cara, así que le sonrió otra vez y le dió una flexion final de su conejo por buena medida. Entonces cerró sus piernas, se levantó para salir del bus, y mientras le dedicaba un "Tenga un buen día, señor," paso rápidamente hasta la puerta y hacia la calle.

Caminando las dos manzanas hasta su oficina, Angela pudo sentir sus labios deslizándose hacia detrás y delante uno contra el otro con cada paso, y si se hubiese concentrado en ello podría haberse inducido facilmente un orgasmo, pero quería esperar hasta que tuviese la oportunidad de tener uno mientras se mostraba a un extraño insospechante. En su oficina, Angela fue directa al servicio y fue a una cabina y limpió la humedad del exterior de los labios de su conejo, estremeciéndose cuando el tissue tocaba la punta de su hinchado clítoris, causándole otra oleada de nectar inundándole el conejo. La puerta del servicio se abrió y Angela oyó a alguien entrar y una voz familiar llamó, "¿Eres tu Ang?" "Si, Jackie, soy yo, ven" respondió Angela a su buena amiga Jackie. "¿Qué estás haciendo aquí?" regañó Jackie riendose mientras echaba un vistazo al expuesta vagina de Angela. "Solo hago un poco de limpieza," respondió una sonriente Angela, mientras continuaba untando sus labios inferiores mientras Jackie levantaba el ribete de su propio vestido, dándole a Angela una ojeada a su propia vagina desnuda. Entonces cada mujer puso un dedo dentro del conejo de la otra y se tocaron vigorosamente, y como ambas estaban goteantemente húmedas al empezar, se llevaron mutuamente a un rápido orgasmo, besándose profundamente cuando sus dedos azotaban el clítoris de la otra. Tras asegurarse de que nadie más estaba en el servicio con ellas, silenciosamente salieron de la cabina y se dirigieron de vuelta a la oficina, con sus conejos muy satisfechos.

Era un día cálido, así que las dos mujeres decidieron comer su comida fuera en una plaza unos alejada unos pocos bloques. Mientras Angela era normalmente un poco timida con su exhibionismo, Jackie por otro lado podría considerarse una puta. Mientras estaban sentadas en una valla de ladrillo comiendo su comida, Jackie abiertamente se mostró a al menos tres hombres que pasaban, sorprendiendo a uno de ellos al punto de que accidentalmente corrió hacia un arbol mientras intentaba mantener sus ojos en el coño de Jackie. Cuando terminaron sus bebidas, Jackie dijo, "La siguiente persona que pase tendrá un buen vistazo, hombre o mujer" Angela empezó a decir algo, pero Jackie le silenció con, "Shush, Ang, aquí viene uno ahora" Angela miró sobre su espalda justo a tiempo de ver a una mujer de unos cuartenta años acercandose desde detrás de ella, mientras la caliente Jackie esta ya tomando el ribete de su vestido sujeto y su conejo apuntando directamente a su cercano objetivo. Ahora encarada a la mujer directamente, sonrió y dijo, "Que tengas un buen día" mientras separaba sus suaves muslos, esperando que la mujer se fuese indignada, ambas se quedaron asombradas cuando ella paró y casualmente comentó lo bonita que era la vagina de Jackie. Angela ahora entrando en el ritmo de las cosas, se reclinó y separó sus piernas, dándole a la mujer un perfecto vistazo de su protuberante vulva. La mujer se presentó como Meg, y preguntó si podía estar allí un rato echándole un vistazo a sus conejos y hablando guarro con ellas. Ambas Angela y Jackie asintieron sinceramente e intentaron darle a Meg la mejor visión posible de sus goteantes rajas. Meg empezó a preguntar las más intimas preguntas, como cuándo había sido la última vez que cada una de ellas dejó que un hombre metiese un pene dentro de ellas, o cuando fue la última vez que habían dejado a un hombre clavar su lengua dentro de sus coños y lamer sus pequeños clítoris erectos. Era realmente fascinante estar sentada en un área muy concurrida, rodeada por cientos de personas mientras te exhibías a una total extraña, e increiblemente tener una conversación con ella sobre tus explosiones sexuales más secretas.

Angela, ahora respirando fuerte, su conejo se inundaba con sus fluidos y sus labios se hinchaban con la presión sanguínea, preguntó a la mujer, "¿Te gustan las vaginas húmedas?" La mujer asintió y respondió, "Especialmente cuando se dejan ver por debajo de una falda, con sus labios sobresaliendo y goteando" Jackie se unió a la conversación con, "Meg, ¿estás húmeda ahora?" "Oh, yo, si" siseó, "mi raja está haciendo que mis bragas se empapen." Las tres mujeres empezaron a preguntarse la cosas más crudas, y a hacer los más obscenos comentarios sobre las entrepiernas de las otras hasta que Angela anunció, "Voy a correrme ahora, ¿alguien se une?" Ambas Jackie y Meg asintieron vigorosamente, mientras Jackie y Angela tensaban y destensaban sus músculos vaginales, Meg sujetó sus piernas fuertemente juntas y trabajó la parte interna de sus piernas contr su clítoris mientras los tres rojos conejos calientes se espasmaron simultáneamente mientras sus tres propietarias cerraban con fuerza sus dientes e intentaban disimular el hecho de que todas estaban teniendo unos fuertes orgasmos justo allí fuera en público.

Había un aseo público en el edificio adyacente a la plaza, así que Jackie y Angela le rogaron a Meg que fuese con ellas y les mostrase su conejo, y aún pensando que estaba llegando tarde, ella accedió a mostrárselo, pero solo un momento. Había una gran cabina para discapacitados al final del servicio, así que las tres mujeres esperaron hasta que no hubo moros en la costa, y entonces se apresuraron al cubículo grande, mientras reían como un grupo de escolares. Jackie estaba cerca de ella en anticipación, y rogó a Meg que se diese prisa. Meg buscó bajo su falda y deslizó sus blancas bragas de encaje hasta sus zapatos, donde cuidadosamente dió un paso para quitáselas y entonces en un modo muy deliberado, se giró de cara a las dos mujeres sin respiración, levantándose lentamente su falda para revelar una v rubia muy velluda. Mezclado con la combinación de las estrechas bragas y la eyaculación que había goteado de su vagina, una muy excitada Jackie absorbió el aire y le preguntó a Meg si haría bien si la tocaba. "Oh, hazlo," susurró Meg, "pero hazlo rápido, porque tengo que volver a la oficina" El dedo central de Jackie rápidamente desapareció en la jungla de pelo y se hizo huego hasta que encontró la pequeña protuberancia dura que estaba en el centro de la sexualidad de Meg, mientras su dedo pronto se convirtió en la cosa más importante en la vida de Meg, llevándole en una ola hacia un profundo orgasmo. Angela, a la vez, se sentó en el retrete, levantó su vestido, y descuidadamente se masturbó su propia raja húmeda mientras Meg se inclinaba y besaba a Jackie en la boca, obligándole a abrir sus labios con su lengua y probando la boca de la joven. Angela deslizó su mano libre bajo el vestido de Jackie y usó sus dedos para llevar a su amiga hacia otro clímax. Hacía menos de diez minutos que esas tres mujeres se habían corrido sin tan solo tocar sus vaginas, pero ahora, no solo se estaban tocando, se estaban masturbando como si no hubiese mañana. Justo antes de correrse, Meg apartó su boca de la de Jackie y susurró con voz ronca, "No hay nada como el sexo chica a chica". Angela fue la primera en gemir, pero fue rápidamente seguida por sus dos compatriotas masturbadoras en orgasmos profundamente duros. Jackie lamió el dulde nectar de sus dedos, besando a Meg una vez mas antes de que se fuera.

En el camino de vuelta al trabajo, Jackie miró a Angela y dijo, "Agradable comida, tenemos que hacerlo otra vez" Angela rió y respondió, "Si, y además no engorda"

FIN

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