RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #13
GRANDES TETAS
Sus aureolas eran demasiado grandes para el tamaño de sus senos, pero era lo que
la hacía ver más sexy. Parecía que mucha de la sexualidad de Tara estaba
atrapada en sus areolas y pezones, y cuando se excitaba no era raro para Tara
que le mamaran las tetas al menos dos o tres veces al día y como no quería que
le dieran la reputación de puta, usualmente usaba a sus amigas más intimas para
que la ayudaran con sus tetas.
Tara miró el reloj que estaba sobre su mesita de noche y pensó "Kimberly debería
estar aquí, son casi las 7:15 y eso no deja mucho para alistarme e ir al
colegio" Y en ese instante se abrió la puerta de su cuarto y entró Kimberly
disculpándose diciendo:
"Perdona la tardanza, tenía que ir a dejar a mi hermanito con la niñera"
"Apúrate entonces" - dijo Tara. "No tenemos mucho tiempo"
"Ok, ok, pero no te enojes, no lo hice a propósito" -Kimberly argumentó.
Tara sabía que discutir no la llevaría a ningún lado, así que caminó hacia Kim y
levantó sus pechos hacia su compañera.
"Mios, mios, nuestras pequeñas preciosuras necesitan un poco de atención"
Instantáneamente, uno de los pezones de Tara estaba totalmente seguro en la boca
de la mamadora de 18 años.
"Puede ser una cerebrito pero es una de las mejores mamadoras de tetas que he
podido tener" -Pensó Tara
Rápidamente Kimberly pasaba de un pezón a otro, los chupaba y lamía los enormes
pezones, hasta que llevó a Tara a un rico orgasmo.
"Desearía que me enseñaras a hacer eso! Y como puede ser posible Tara? Ya
sabes..." - rió Kim - "Ser capaz de correrte sin tocarte el clítoris."
"Eso querida, no es algo que se pueda ensñar"
"Egoísta!, pero vámonos a la escuela!" - Dijo Kim
El primero de tres periodos pasaron rápido, nada inusual pasó, Tara estaba
orgullosa porque en su siguiente periodo iba a poner un poco de diversión al
aburrido día. Gimnasia no era la clase usual que las estudiantes de último año
escogían, pero para Tara era la ocasión perfecta para que le mamaran sus tetas.
Durante la primera semana de clases Tara había escogido a Mona, una preciosa
peliroja para que le mamara sus tetas en el cuarto periodo. Cuando finalmente
había logrado llevarse a la joven chica a una esquina escondida del vestuario,
se encontró a una cómplice dispuesta a ayudarla. Mona era apenas atractiva, pero
no era muy popular con sus compañeras de clase, entonces cuando Tara, una
hermosa chica de último año, mostró interés en ella, bueno, ella estaba más que
feliz con cualquier cosa que Tara le pidiera.
Tenían una rutina que nunca variaba, ambas chicas se cambian la ropa en los
vestidores en la parte más alejada de los casilleros que estaba fuera de vista
del resto de los vestidores. Ahí mona le levantaría la camiseta a Tara, abriría
el brasier de cierre frontal y suavemente le mamaría las tetas mientras ella
metía sus manos en sus pantalones y se tocaría hasta que Tara alcanzara el
orgasmo. Después de que Tara alcanzara su clímax, ambas chicas se vestirían e
irían al gimnasio, después se volverían a ver cuando se fueran a duchar.
El colegio de Tara tenía una ducha comunal, donde todas las chicas se bañaban
juntas, donde más de una vez, algunas chicas envidiosas se acercaban donde Tara
y le ofrecían enjabonarle sus tetas. Tener esos dedos por todo su pecho era
suficiente para tener otro orgasmo, un poco más débil. A ninguna chica le
importaba hacer esto por Tara porque era de conocimiento de todas que el pecho
de Tara necesitaba mucha atención y por esa razón, muchas de las chicas eran más
que felices ayudándola.
Algunas veces recibía una mamada en el almuerzo pero como se sentí satisfecha de
la clase de gimnasia ella usualmente solo hablaba con Kimberly de cosas normales
de chicas.
No era hasta el final del sexto periodo que tara empezaba a pensar en volver a
tener sus tetas ensalivadas. Ella tenia suerte por dos cosas: porque el sétimo
periodo era hora de estudio, así que podía escaparse, la otra cosa por la que
tenía suerte era que tenía donde ir: el aula de la señorita Linder.
La señorita Linder era una profesora cincuentona que nunca se había casado,
quien para Tara, era probablemente lesbiana. Se podría decir que la señorita
Linder era una mujer atractiva, que gustaba del ejercicio con piernas fuertes y
pechos enormes.
Su pelo siempre estaba peinado con un moño, y usaba unos pesados y negros
anteojos para leer, en otras palabras una típica profesora de Ingles.
Exactamente a las 3:05 Tara entró al aula de la señorita Linder y cerró la
puerta. La profesora estaba sentada en su escritorio ordenando unos papeles y ni
siquiera miró a Tara cuando fue hacia su escritorio, sólo le dijo con voz
seductora:
"Esta mi pequeñita con ganas hoy?"
"Sí señora"- le dijo Tara suavemente - "y con muchas" -agregó.
La señorita Linder la vió a los ojos y le dijo:
"Desnudate para mi, mi pequeña, y enséñame to precioso cuerpo"
En este caso si Tara quería que le mamaran sus tetas, tenía que quitarse toda la
ropa, porque a la señorita Linder le encantaba ver a la joven chica desnuda, y
pasar un buen rato chupándole la apretada vagina a Tara. Tara tenía que admitir
que aunque amaba que le mamaran los pezones, la señora Linder era una excelente
lamedora de cuevas y siempre lograba tener enormes orgasmos con ella. Era obvio
que Tara también tenía que devolverle el favor a la señorita Linder de chuparle
la enorme y peluda vagina, esto no molestaba a Tara en nada, ya que ella sabía
que ella era probablemente bisexual.
Tara se sentó en el escritorio en frente de la señorita Linder, abrió las
piernas, y se acariciaba justo como a la madura le encantaba que lo hiciera.
Hasta que por fin la señorita Linder se sentó en la silla y le dijo:
"Quiere mi chiquita que su mamá le mame sus tetitas?"
Y antes de que Tara pudiera contestarle, la señorita Linder tomó su pezón con su
boca y lo mamó fervientemente induciendo Tara a hacer sonidos como si sollozara
y apretaba la cabeza de la madura con sus brazos. La madura realmente sabía
mamar teta, y pronto jugo de vagina empezaba a salir dejando charcos en el
escritorio. Sabiendo que la joven estaba cerca del orgasmo, la señorita Linder
enterró su cara en la húmeda cueva de Tara y movía el clítoris rápidamente con
su lengua haciendo que Tara se sacudiera con cada roce. Tara se agarraba los
pechos y apretaba sus pezones mientras la mujer se comía su joven coño. Su
cabeza empezó a sacudirse fuera de control conforme la lujuria en su clítoris se
esparcía como fuego por todo su cuerpo y un gran gemido señalaba por qué su
vagina se contraía lanzando un gran orgasmo. Una y otra vez los músculos de su
vagina se contraían y cada vez resultaban en otro orgasmo. Cuando terminó, la
cara de la señorita Linder estaba toda llena de los jugos que eructaba la vagina
de Tara con cada clímax que alcanzaba.
Tara se bajó del escritorio y rápidamente se puso su ropa, porque no quería
estar totalmente desnuda más de lo necesario, sólo en caso de que alguien se le
ocurriera entrar. Cuando estuvo lista, la señorita Linder tomó su lugar en su
escritorio con sus piernas bien abiertas y sus panties abajo, mientras Tara se
sentaba en la silla para alcanzar fácilmente la vagina de la profesora con la
boca. Las señorita Linder respiraba fuere, obviamente estaba excitada con el
trabajo de lengua que le dio a Tara, ella la provocaba solo besándole sus muslos
y siguió haciéndolo hasta que la señorita Linder la agarró a la fuerza por el
cabello y la empujo directo a su vagina, haciendo que Tara soltara una risa
ahogada, para luego hundir su vagina en lo profundo de la belluda vagina. Una
vez Tara le había preguntado a su profesora porque mantenía su sexo tan belludo
y ella le contesto que tenía una amiga que le gustaba así. Eso no parecía
molestar a tara de ninguna manera, pero tenía que admitir que la señorita Linder
tenía la vagina más peluda que jamás haya visto. La señorita tenía un clítoris
muy sensible, como todas las mujeres, y no le tomaba mucho tiempo de chupadas a
Tara para lograr que tuviera un orgasmo, especialmente que ella pasó los últimos
diez minutos con la vagina de Tara en su boca. Ahora era el turno de Tara de
tener toda su cara cubierta con jugos vaginales de la madura, que parecía una
fuente inagotable de dulce líquido, y todos los días trataba de ahogar a Tara en
él.
Tara tenía que volver a centro de estudios, así que metió sus dedos en la vagina
de la señorita llevandola a un estremecedor clímax. Y como siempre, cada vez que
terminaban, la señorita Linder volvía sentarse en su silla y actuaba como si
nada hubiese pasado, mientras Tara le agradecía por la ayuda y volvía al centro
de estudios.
A su camino de vuelta con sus compañeras, los pensamientos que surcaban su mente
hacían que sus tetas rebotaran más de la cuenta mientras caminaba, y cuando
alcanzó a sus compañeras, ya estaba en ese momento pensando como le volverían a
mamar sus tetas luego en la noche. Ella sabía que era una adicta, pero si eres
adicto a algo, bueno, normalmente tendrás que ver de qué manera satisfaces tu
adicción.
FIN
RELATOS EROTICOS
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