RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #114
HABANERA Y MIEL
María había intentado ver al abogado de su padre en su despacho pero la sala de espera de la oficina de ayuda legal estaba siempre repleta de gente. Finalmente, usó algunas conexiones en la comunidad mejicana para conseguir la dirección de su casa. Se sorprendió de que viviese en un desaliñado bloque de apartamentos cerca de su oficina. Pensaba que todos los abogados eran ricos. Este descubrimiento sólo le enfadó más. No solo su padre estaba siendo representado por un abogado Yanqui con demasiados clientes sino que debía ser el abogado más pobre de América. Esto iba a ser más trabajo del que había pensado.
Lionel oyó la puerta y fue a la mirilla. Mirando hacia el había una chica joven de complexión oscura y una cara bonita. Sus grandes ojos marrones eran ligeramente sesgados. Su pelo oscuro caía más abajo de sus hombros y era brillante y liso. Seguro que no era nadie que hubiese conocido en la Universidad de Derecho de Yale y no la recordaba como uno de sus clientes. Manejaba un montón de casos, pero sabía que esta era una cara que no tendría problemas en recordar. Cuando abrió de la puerta. Estaba incluso más seguro de que nunca había visto a esta mujer. Su cuerpo estaba apretado dentro de un estrecho vestido rojo que casi parecía que estuviese pintado sobre ella. Sus orgullosos, pechos ligeramente morenos parecían que estuviesen a punto de salirse del vestido y la corta largura del dobladillo meramente cubría su curvo trasero. Su abdomen era ligeramente redondeado, sus cortas piernas estaban torneadas. Si de algún modo fuese capaz de olvidar su cara, sabía que nunca, jamás hubiese olvidado su cuerpo.
Ella le empujó sin presentarse y empezó a reprenderle por cómo su padre estaba a punto de ser deportado, cómo su madre estaba enferma por la preocupación, cómo él no estaba haciendo su trabajo. Mientras ella despotricaba, Lionel intentaba imaginar quién era su padre. Lo hubiese preguntado, pero con su genio actual, María no le dejaba decir una palabra. Cuando finalmente paró para respirar, Lionel se imaginaba de qué caso estaba hablando. Le aseguró que su padre había sido un ciudadano estadounidense naturalizado durante dos años y no podía ser deportado. Como mucho podría tener que pagar una pequeña multa por conducir bajo los efectos del alcohol y asistir a algunas clases. Era su primer delito y, aunque dio positivo en el análisis del alcoholímetro, superaba poco el límite legal.
El humor de María cambió radicalmente.
"¿Papa puede quedarse en América?¿Puedes hacerlo? Eres mucho mejor abogado de lo que pensé. Siento haberte insultado. Por favor perdona mis palabras de enfado. No estaba siendo justa. ¿Cómo puedo hacer las paces contigo?"
Lionel intentó asegurarle que no lo había tomado como algo personal y que podía entender que estuviese disgustada. Dijo que admiraba cómo estaba dispuesta a luchar por su padre. Dijo que tenía agallas.
María envolvió sus brazos alrededor de su cuello. Su suave cuerpo dulce se presionaba contra él. Su perfume olía a flores exóticas. Su prominente montículo púbico estaba presionando contra la entrepierna de él, haciendo que su polla se endureciese. Después él se dijo a sí mismo que intentó romper su abrazo pero en su interior, sabía que no lo había intentado de verdad.
"Eres un buen abogado y vives como un hombre pobre. No robas a la gente, eres un santo." Dijo maría en una voz ronca.
El intento de Lionel de protestar fue cortado por su beso apasionado. Hacía tanto que no estaba con una mujer. Pronto se vio devolviéndole el beso con fervor. Sus manos se movieron hacia su maravilloso culo. Estaba seguro de que no llevaba bragas. El simple pensamiento fue suficiente para aumentar su calentón. Cuando la mano de María se movió hacia abajo para acariciar su entrepierna estaba tan excitado sexualmente que temía correrse en los pantalones.
"Señor abogado, estas grande y duro," dijo María con una risilla. "No es saludable para un hombre excitarse tanto y no liberarse."
Rápidamente lo desnudó de cintura hacia abajo. Sujetando su palpitante erección con fuerza en su suave mano le guió al sofá. Lionel se sentó y María acarició su polla suavemente y deslizó sus dulces labios por su cuello, desplazándose lentamente hacia su boca mientras Lionel liberaba sus adorables pechos ligeramente morenos del escote de su estrecho vestido. Sus manos devotas frotaron sus oscuros pezones, maravillándose con su tamaño una vez erectos. El beso profundo de María se intensificó, estaba gimiendo con su suave tacto. Lionel estaba gimiendo suavemente por el trabajo de su amable mano. Su lujuria por esta bonita joven mejicana se estaba volviendo incontrolable.
María se levantó un momento y tiró de su vestido hasta su cintura. Lionel obtuvo un rápido vistazo de su frondoso coño oscuro antes de que lo bajase hacia él. Su coño estaba estrecho. Su caliente humedad envolvió su erección. Ella estaba sobre su regazo, su largo pelo negro pendía sobre la cara de él, sus bonitos pechos de color café rebotaban justo frente a sus ojos. Ella empezó a follarlo con una acalorada pasión que Lionel solo había imaginado en sus más secretos sueños. Sus caderas se deslizaban atrás y delante, moviendo su polla dentro y fuera de su suculento coño. Estaba gimiendo y susurrando incoherentes gritos de pasión contra su oído mientras le follaba más fuerte y rápido, clavándolo en el sofá con los empujones de sus caderas.
Lionel la agarró de su apretado culo redondo, asombrado por los duros músculos que sentía bajo la suave piel de seda. Los músculos parecían tensarse con sus apasionados movimientos intensos. Parecía que todo su cuerpo estuviese centrado en el dulce calor de su deslizante coño y la intensa presión que se creaba en sus bolas. El sudor le caía por la cara, su corazón bombeaba rápidamente, y su respiración se estaba convirtiendo en jadeos y gemidos. No había retorno para este ritmo loco hacia el orgasmo, no con esta joven ordeñando su polla todo lo que su inestimable coño era capaz. Vino en él como una poderosa explosión de un trueno. Sus dedos se clavaron en el adorable culo redondo de María, sus caderas se agitaron en el sofá. Su polla eyaculó profundamente dentro de su fogoso coño en espásticas ráfagas, secándolo hasta el fondo. Pensó que iba a morir y no podía pensar un mejor modo de hacerlo. Sus fosas nasales bebieron el olor de su perfume floral mezclado con sus sudores y fluidos. En la distancia oyó a María jadeando gemidos.
Lionel no sabía si volvería a ver a esta sexualmente encantadora, joven mejicana alguna vez más, pero sabía, seguro, que nunca olvidaría su primera degustación de habanera y miel.
FIN
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