RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #97

JIA NECESITA UN TRABAJO

Hace un mes aproximadamente desde que fui despedida de esa miserable lavandería. El viejo me había llevado de un trabajo a otro, no importaba que no le encontrara sentido a ninguno de ellos. Finalmente, cuando me tuvo trabajando sola por la noche, el buitre me pilló masturbándome en una pila de colada sucia. La gente del viejo continente no entiende que una chica tiene necesidades que a veces hay que atender. Por otra parte, a juzgar por la eyaculación que chorreaba por sus pantalones, sospecho que estaba jugando conmigo desde la oscuridad pero, si, fui despedida. Realmente justo, ¿verdad?

¿Quién pensaba que encontrar un trabajo sería tan difícil? Soy joven y sana con un cuerpo bien proporcionado y una bonita cara. Mi largo pelo negro es liso y limpio. ¿Cómo todos esos freaks y perdedores han encontrado trabajo pero nadie me contrata? Estaba empezando a pensar que había algún tipo de lista negra en contra de contratar a chicas Chino-Americanas bonitas, lo juro. Al menos ese día tuve una entrevista. Rellené docenas de formularios sin recibir una respuesta. Pensé que esto era, al menos, una oportunidad y estaba determinada a aprovecharla.

Me vestí con una bonita blusa blanca. Era un poco justa y mostraba la redondez de mis pechos, pero era la mejor que tenía. La falda negra tal vez era un poco corta pero mostraba mis piernas contorneadas y con las medias imaginé que me hacían parecer como una mujer de negocios sexy. Los zapatos negros de charol completaban el atuendo y daban a mis bonitos glúteos un agradable elevación. Sentada en la sala de espera con un grupo de chicas de aspecto desaliñado me sentí, en comparación, como si pareciese competente y segura. Cuando cada una era llamada antes de mí, no obstante, la espera estaba pudiendo con mis nervios.

Mi nombre fue el último en ser llamado. Entré contorneándome en el despacho y cerré la puerta. Había un hombre blanco atractivo con pelo moreno rizado sentado tras el escritorio. Parecía solo unos años mayor que yo. Su corbata estaba aflojada y las mangas de su camisa blanca estaban enrolladas. Tenía unos agradables brazos bronceados de aspecto fuerte. Tomé asiento cuando me lo pidió y me dedicó una cálida sonrisa antes de empezar con sus preguntas. Era muy amistoso y yo estaba intentando contestar lo mejor que podía. Inclinándome para hacer un apunte, sentí como un botón saltó en mi ajustada blusa. Empecé a suspirar con frustración y un segundo botón saltó. No podía creer que esto me estuviese pasando. Al principio estaba enfadada y avergonzada. Entonces, me di cuenta de que sus bonitos ojos castaños miraban hacia abajo a mis levemente morenos, firme pecho de talla 90 con interés. Me incliné un poco más para darle una mejor vista. A veces una chica tiene que utilizar todas sus armas.

Aclaró su garganta y me dedicó una pequeña sonrisa.

“Ahora, Jia, ¿por qué exactamente dejaste tu último trabajo?” preguntó en una voz suave. Podía decir que la visión de mis bonitos pechos estaban excitándolo. Decidí arriesgarme excitándolo más.

“El viejo chino me hacía trabajar sola de noche,” dije bajando la voz a un susurro, “me pilló masturbándome.”

Su bonita cara blanca se puso roja. Aclaró de nuevo su garganta mientras me inclinaba un poco más.

“¿P-perdón? D-dices que él...” tartamudeó.

“Me pilló jugando con mi conejo,” expliqué seductoramente, “un hombre de mundo como tu seguramente entenderá que una chica joven tiene fuertes necesidades. A veces sencillamente no puedo controlarme.”

Me levanté y me acerqué a su lado del escritorio. Como sospechaba, tenía una bonita erección creciendo en sus pantalones.

“¿Está bien cerrada esa puerta?” pregunté con una dulce sonrisa.

Pude ver como su nuez saltaba arriba y abajo mientras tragaba saliva antes de responder.

“Se bloqueó cuando la cerraste,” respondió él.

Miré a su protuberancia y después le miré a sus ojos. Arrodillándome en la alfombra, desabroché su cinturón y desabroché sus pantalones. Alcanzándolo, sujeté su cálida, blanca, dura polla y la liberé.

“Los hombres jóvenes también tienen fuertes necesidades,” dije respirando en su órgano expuesto.

“S-s-si, l-las tienen,” afirmó.

Bajé mi cabeza y probé su salada erección en mi cálida boca. Rodando mi lengua alrededor de la delicada cabeza de su polla haciendo que gimiese de placer. Tragué más de su suave erección rosada, dejando su pene bañarse en los dulces fluidos de mi boca mientras lo chupaba suavemente. Él elevó su culo y se bajó sus pantalones y sus boxers un poco. Mi mano izquierda acopó sus voluminosos testículos mientras empecé a deslizar mis labios arriba y abajo por su sólido mástil , sus manos se enredaban en mi largo pelo negro. Agarró mi cabeza y gimió silenciosamente. El sabor de su polla y el sonido de su fuerte respiración me estaban excitando. Me toqué las medias y no me sorprendí al darme cuenta de que mi pequeño conejo de pelo negro estaba húmedo. Con mi mano derecha empecé a frotar mi raja a la vez que incrementaba la intensidad de mi mamada.

“Quiero ver,” gimió él, “quiero v-verte j-jugar con tu c-c-coño.”

Liberé mi boca de su rígida polla y desabroché mi falda. Deslizando mis medias hasta las rodillas, le mostré mi bonito felpudo negro, el pubis ahora empapado con mis fluidos. El sujetó su polla cubierta de saliva cuando aparté el vello con mis largos dedos para mostrarle mi rosa, raja brillante. Mis dedos lentamente se deslizaron arriba y abajo por la raja de mi conejo mientras su mano subía y bajaba por su pene duro. Apretó su polla un poco más fuerte cuando deslicé dos dedos en mi caliente coño. Nos masturbamos juntos, yo de rodillas mirando a su polla, él en la silla mirando a mi coño.

Nunca pensé que mirar a un hombre blanco hacerse una paja me excitase pero sabiendo que lo estaba haciendo porque yo estaba jugando conmigo misma parecía causar que surgiesen elevadas olas de pasión a través de mi coño. Ambos empezamos a respirar con fuerza, nuestras manos se movían más rápido en nuestros órganos sexuales, llevándonos más lejos con el deseo rebotando de uno al otro. Mi bonito conejo oriental le estaba volviendo loco de deseo, su dura polla blanca estaba poniéndome más caliente por minutos. Su mano derecha todavía bombeando su gran polla blanca, se estiró sobre su escritorio y cogió un fajo de pañuelos. Su culo blanco estaba ahora saltando arriba y abajo en su silla. Sus dedos se desdibujaban con sus rápidas sacudidas. Bajé mi mano izquierda para hacer rápidos circulitos alrededor de mi clítoris, mientras me follaba a mí misma con el dedo tan rápido como él se lo estaba haciendo. Ninguno de nosotros pudo continuar este ritmo duro mucho más. Yo estaba jadeando y gimiendo, sintiendo el poder de mi orgasmo creándose dentro de mi cuerpo. Sus caderas se levantaron de la silla, puso los pañuelos en la cabeza de su polla y escupió chorros viscosos en varias eyaculaciones bruscas. Verle correrse hizo que mi orgasmo me atravesase, apreté mis músculos vaginales contra mis dedos y sentí las poderosa oleada de lujuria líquida moverse en olas a través de mi balanceante estructura. Me incliné y besé su polla cubierta por el semen haciéndole suspirar.

Le miré a la cara.

“Tal vez la próxima vez que esté en tu despacho, podamos intentar follarnos,” dije. Por supuesto, eso no pasará a menos que me dé un trabajo. Puedo decir por la mirada en su cara que el lo sabía también.

FIN

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