RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #82
LA CITA
Chet nerviosamente miró a su reloj por tercera vez en los últimos cinco minutos.
¿Qué demonios le pasaba? ¿estaba loco? Encontrarse con una mujer con la que había estado
teniendo una relacion online -- totalmente loco. Ahí estaba, 33 años, un buen trabajo,
casado con una mujer preciosa, dos niños pequeños, mucho que perder, y podía echarlo
todo a perder porque estaba pensando con su polla, increíble. Había oido historias
de citas de este tipo que habían ido desastrosamente mal, con algunas terminando en
homicidio, y solo porque muchas de las víctimas fuesen mujeres no le hacía sentirse
mucho mejor. Después de mirar otra vez su reloj, murmuró, "Cristo chico, relájate,
es solo un trago con una nueva conocida, sin problema.
A las cinco y media exactamente una mujer alta de cabello castaño franqueó la puerta
y revisó el bar. La rosa blanca en su solapa era la señal para que él supiese quién era,
pero no lo necesitó. Podía decir que era ella por la descripción que ella le había dado
en el chat. Una preocupación de la que se había guardado, ella no era una mentirosa,
era incluso más bonita de cómo se había descrito, siendo alta y delgada, un pecho
muy amplio, incluso si estaba oculto bajo una entallada americana. Chet se levantó de
su silla y se aproximó a ella con la mano extendida, "Hola," dijo, "soy Chet Lane, y
tu debes de ser Veronica" La sonrisa de ella era sensacional y ella tomó su mano y la
estrechó con un firme apretón, sin quitar sus ojos de él mientras entonaba en una voz
suave, "Es tan agradable conocerte Chet, ¿nos sentamos?" Tomándola del brazo, Chet le
dirigió al reservado al fondo del bar, y después de que se hubiesen deslizado en lados
opuestos de la mesa y se mirasen durante unos segundos, Veronica dijo, "Estas incluso
mejor de lo que yo había pensado, espero cumplir con tus expectativas"
"Mucho," respondió el, "eres más bonita de lo que podía imaginar, ¿Quieres un trago?"
"Un vino Rhine estaría bien," respondió ella, "estoy un poco nerviosa" "Tu nerviosa"
pensó él "yo estoy totalmente destrozado" Chet pidió un par de bebidas y se sentaron
en silencio hasta que el camarero trajo sus pedidos. Tras pagar la cuenta, cada uno tomó
un sorbo de sus vasos, y Chet dijo, "Nunca he quedado con nadie de Internte antes, es
nuevo para mí." "Para mí también," respondió ella, "Casi me echo atrás en el último
minuto, pero como ibamos a estar en un lugar público ¿por qué no?" Ambos rieron, tomaron
otra bebida y Chet preguntó, "Bien, ¿Te alegras de haber decidido tomar un trago?"
Ella asintió, y Chet dijo, "Yo también, más que alegrarme, eres fabulosa, mucho
mejor que tu descripción" "Bien gracias, señor" respondió, "Estoy más que impresionada
contigo también, estaba rezando porque no fueses una rana proverbial." Otra vez
ambos rieron, sintiéndose más cómodos con la presencia del otro. Mirandola, Chet pudo
sentir el magnetismo entre ellos cuando planteó la pregunta, "Bien, ¿cómo te sientes?,
quiero decir sobre nosotros, ya sabes, ¿necesitas más tiempo? ¿otra cita tal vez?
ya sabes, para estar cómoda." "Estoy muy cómoda ahora," respondió rápidamente,
"No necesito otra cita para confirmar lo que ya siento" Chet cogió su bebida, tragó
lo que quedaba de ella, dejó una propina de cinco dólares en la mesa, se levantó y
dijo, "Yo también, ¡vamos!"
Brazo con brazo bajaron la calle, dirigiéndose al Hotel Hyatt Regency donde la firma legal
de Chet tenía un par de suites disponibles para clientes visitantes, y tras pararse a coger
la llave electrónica a la habitación 2801, Chet otra vez empezó a tener segundos pensamientos
sobre seguir con eso, pero una mirada a su hombro a la belleza sensual con traje gris
barría esos pensamientos fuera de su cabeza. La vista desde el piso 28 era magnífica.
El lago Michigan al este, y el horizonte de Chicago en el sur hacían una vista asombrosa,
y Chet momentáneamente olvidó por qué estaba allí, mientras miraba el paisaje. Sin girar su
cabeza, dijo, "Ven y mira estas vistas, es espectacular" "Esta vista es mejor," respondió ella,
haciendo que Chet se girase y la mirase. Se quedó con la boca abierta cuando sus ojos
fueron golpeados por la mujer mas debastadoramente bella que hubiese visto. De pie delante
de él en un sujetador blanco, bragas, medias y liguero, y zapatos de 12 centímetros de tacón,
parecía la respuesta a un sueño húmedo de un adolescente. Intentó mover su boca, pero
ninguna palabra salió. "¿Te gusta?" preguntó ella, mientras hacía una pirueta en el centro
de la habítación. Él asintió, todavía sin moverse de su lugar en la ventana. Estirando
sus brazos, ella le hizo gestos para que le siguiese a la cama, tumbándose sobre su
estómago, ofreciendo una perfecta visión de sus grandes pechos mientras colgaban,
luchando por liberarse del fino material de seda que les sujetaban en su sitio.
Recuperando sus sentidos rapidamente, Chet cruzó la habitación en tres zancadas,
quitándose su abrigo, y trabajando para quitarse la corbata mientras se movía. Tras
sentarse en el borde de la cama, se recostó y le dió un beso en sus sensuales labios
y susurró, "Eres increible, la mujer más bonita que haya visto" Ahora quitándose el resto
de su ropa, se puso de pie frente a ella con su erección apuntando orgullosa hacia ella.
Ella se sentó, y suavemente sacudió la gran polla, haciendo que cobrase vida en sus manos,
mientras murmuraba suavemente, "Muy bien, muy bien". Chet miró hacia abajo a la asombrosa
criatura frente a él, levantó su cabeza cuando ella delicadamente deslizó su cabeza
dentro de su boca hambrienta, y gimió, "Oh dios, no pares, por favor, no pares." Su mano
libre cubrió sus testículos, mientras la otra lentamente sacudía su pene y ella chupaba
cabeza de la polla. Su mujer Anne era una compañera de cama entusiasta, pero nunca
le había hecho sentir lo que Veronica Hunt le estaba haciendo sentir en ese momento.
Ella parecía una existencia totalmente sexual, parecía que cada poro de su cuerpo destilase
su sexualidad. Para una mujer de veintinueve años parecía más madura que su edad,
instintivamente sabía lo que él quería y necesitaba. Finalmente dejando su pene delizarse
fuera de su boca, se levantó y se presionó contra él mientras le daba un largo beso profundo.
Su pene empujó contra su montículo, y ella movió sus caderas de lado a lado, forzándolo
más duro contra sus montes. "Parece que que gusta lo que ves" dijo, estirando la mano
para sentir la erección que salía entre sus piernas. Él asintió, y la besó de nuevo,
sus lenguas probando la boca del otro.
Su pecho brotaba sobre la parte de arriba de su sujetador y Chet tenía la repentina
urgencia de sentir uno de sus pezones en su boca. Estirando sus brazos alrededor de
ella con las dos manos, encontró los ganchos, y hábilmente desabrochó la prisión de seda,
permitiéndo que cayese mientras los dos grandes globos parecían desafiar la gravedad
permaneciendo firmes en directo conflicto con la Primera Ley de Newton. "Dios mío,
son irreales," dijo, mientras los tomaba en sus manos temblorosas. "Son muy reales," le
respondió ella, arqueando su espalda para hacerlos parecer incluso más grandes que su
talla 36DD. Arrodillandose, Chet abrió su boca y tomó uno de los duros pezones en su
boca y chupó largo y fuerte haciendo que el aire saliese de la garganta de ella,
mientras su lengua y labios tiraban de su protuberancia distendida. "Dios, chúpalos
con más fuerza," le rogó, mientras Chet iba de una teta a la otra, chupando primero una
y después otra. Prontos sus pezones estaban resbaladizos con su saliba, cada uno
duro y protuberante por sus servicios, y mientras el chupaba, dejó su mano recorrer sus
caderas y su culo. Era obviamente un culo femenino, ancho y lleno, aún suave y firme
a la vez. El gemido que escapó de su garganta podía haber sido el resultado de
chuparle los pezones o las manos que estaban sintiendo cada rincon de su trasero, pero
en cualquier caso, ella se estaba poniendo muy caliente.
Una definitiva marca húmeda se había formado en la parte frontal de las bragas de seda de
Veronica, del tamaño de medio dolar, y sus caderas habían empezado a moverse involuntariamente,
intentando poner algo de presión en su clítoris. Sintiendo su urgencia, Chet sujetó
sus bragas con cada pulgar, y tiró de ellas hasta sus rodillas mientras ella dejaba
escapar un gemido, anticipando que no tendría que esperar mucho más para conseguir
su deseo entre sus piernas arañadas. En eso no se equivocaba, porque Chet le empujó sobre
la cama, se quitó sus calzoncillos y separó las piernas de ella, mostrando un conejo
húmedo goteante. Chet inspiró y saboreó el aroma del conejo fresco en sus fosas nasales,
haciendo que ardiesen involuntariamente mientras que el aroma de su coño llenaba el aire.
Tomando un último vistazo a los labios hinchados ante él, lentamente bajó su boca a su
vagina, dándole un largo y profundo beso frances, su lengua instalándose profundamente
en su raja, arrastrándose tan lejos poco era posible. Ella arqueó su espalda y empujó su coño,
"Oh, lo necesitaba" suspiró, mientras él lamía su rezumante raja. Sus labios hinchados parecían
estar rezando por ser chupados, pero entonces otra vez todo su cuerpo de hecho estaba hecho
para el placer sexual y parecía no tener control de sus acciones, porque su clítoris
estaba al mando de su ser. Su deseo de orgasmo había tomado completamente todo
lo demás, tenía que correrse, y no importaba qué pensase o le preocupase, lo único
que importaba era la liberación sexual.
Chet sentía el increible calor que salía de la vagina de Veronica y teniendo su boca
contra ella hacía su erección incluso más dura. Ella estaba agarrando su pelo y empujaba
su boca con más y más fuerza dentro de sus labios abiertos, y los gemidos que escapaban
de su boca sonaban como los de un animal, casi como un gruñido. El nunca había estado con
alguien con semejante magnetismo sexual, su deseo de complacerla se estaba apoderando de
su ser. Su clítoris permanecía fuera de la cubierta de sus labios y palpitaba con deseo
cada vez que su lengua pasaba sobre él, su cuerpo se sacudía involuntariamente.
Ahora chupándolo hasta el fondo, ella empezó a golpear la cama, rogando por la liberación
que sólo un orgasmo clitórico podría darle, hasta que finalmente, erupcionó con un fuerte
gemido, "Oooooh, me estoy corriendo en tu jodida boca, chúpame el clítoris, por favor
chúpalo" Solo feliz de obedecer, Chet lo lamió como si fuese la última vagina en
la tierra. Su orgasmo, lo llevó a una alta excitación sexual, su polla ahora a punto
de estallar, y cuando ella empezaba a relajarse, Chet se deslizó sobre ella y con un
gran empujón, le clavó su dieciocho centímetros hasta el fondo de su ahora goteante raja.
Su inicial grito de dolor fue rápidamente reemplazado con gemidos de entusiasmo,
"Más, fóllame más", le imploró, mientras Chet convertía su pene en un arma sexual, dentro y
fuera de su coño indefenso. Juntos, llegaron a un ritmo, los impulsos de él juntados con
los empujones de ella mientras él conducía su polla dentro y fuera de ella. Chet momentáneamente
pensó como él y su mujer nunca se habían acercado a la altura sexual que estaba experimentando
con Veronica Hunt, pero tras este momento de culpabilidad, volvió a la realidad cuando su
polla empezó a erupcionar violentamente en su coño. Gimiendo fuerte y largo, él gritó,
"Cristo, me estoy corriendo en tu coño, por todo tu coño" Solo oyéndolo hizo que su
vagina se contrajese alrededor de la gran polla y empezase su propio orgasmo y juntos ambos
se corrieron en una explosión simultánea de eyaculación.
Chet se quitó de encima de Veronica, y miró a la ahora gastada mujer, y dijo, "Jesus, tu
eres sin ninguna duda la mejor que he tenido". Ella solo sonrió y dijo, "En unos
minutos te los mostraré otra vez, puedo follarte hasta la muerte". Tomando su mano
se inclinó y acarició su ahora blanda polla, mientras instantáneamente,
el sintió sus testículos tensándose y su polla empezó a endurecerse otra vez. Desde
ese momento, Chet supo que estaba enganchado, y que no habría vuelta atrás. "Oh bien,"
penso, "es un camino a seguir"
FIN
RELATOS EROTICOS
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