RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #128

LA ESPOSA ABURRIDA

Esposa aburrida Lynn comprobó su reloj; eran las 8.30. Si se iba ahora, podría llegar al mercado justo cuando abriesen. Corrió escaleras arriba y fue a su despacho; Martin estaba en el ordenador. “¿Qué estas haciendo?” “Comprobar mi correo” “Oh, bien, voy a comprar. ¿Hay algo que quieras?” “Si, una mamadita.” “No, de la tienda.” “No,” dijo mirando al ordenador.” “Adiós cielo” “Hasta luego” Lynn arrancó el coche. Cuando estaba apunto de irse, recordó su barra de labios en su cómoda. Volvió escaleras arriba, cogió el pintalabios y asomó su cabeza en el despacho para volver a decir adiós. Martin no se dio cuenta de ella. Estaba sentado, mirando a la pantalla del ordenador, con los calzoncillos alrededor de sus tobillos, sacudiendo su polla. Lynn se deslizó en silencio dentro de la habitación y se puso detrás de él para ver qué había en la pantalla. Vio como hacía clic en varias ventanas del navegador, cada una con diferentes mujeres follándose un gran consolador. Algunas mujeres eran delgadas, otras gordas, no parecía importar. Martin sacudía su ensanchada polla más fuerte y rápido. Cuando Lynn pensó que estaba a punto de correrse, puso su mano sobre su hombro. “Así que eso es lo que te gusta,” dijo suavemente. Martin saltó en su silla, golpeando su puño y su polla con el escritorio. Se giró para verla mirarle ferozmente. “¿Por qué no me lo has dicho?” le preguntó. Lynn se giró y rápidamente dejó la habitación. Martin luchó para ponerse los calzoncillos y cerró el navegador. Demonios. Sabía que me pillaría antes o después, pensó. Se abrochó los pantalones. Se preguntó si debía seguirla al dormitorio o dejarla sola. Mejor ser echado después de intentarlo que no intentarlo, pensó. Lentamente se acercó al dormitorio. “¿Cielo? ¿estas bien?” Asomándose no pudo verla. “Entra y siéntate en la esquina,” le mandó ella desde el baño. Martin tembló; el tono de su voz le daba escalofríos. Entró y se sentó en el sillón de la esquina de su dormitorio. “Cierra los ojos.” Martin obedeció. No podía pensar en algo mejor que hacer. Lo había pillado y lo sabía. Mejor sentarse y hacer lo que dice, decidió. “Bien, ábrelos.” Lynn estaba delante de él, a medio metro de su alcance. Llevaba un sujetador de realce de media copa que acentuaba sus pezones erectos. Alrededor de su cintura no había nada más que un liguero negro con seis correas anchas, las gomas sujetaban medias negras con una distintiva costura negra subiendo por la parte de atrás. El vello púbico negro era lo único que cubría su coño. Zapatos de tacón de aguja negros con delicadas correas al tobillo completaban el conjunto. La mandíbula de Martin se desencajó. No sabía que ella tenía algo así, no importaba estaba tan condenadamente sexy con él. “Para decirte la verdad, Martin, parecías infeliz con nuestro estilo en la cama.” Se pavoneó frente a él, asegurándose de que sus pechos bailaban y su culo se contoneaba. “Y aquí te encuentro masturbándote frente a un ordenador. Eres un chico malo. No obstante,” se giró y le miró, “si quieres ver, entonces te daré algo que ver, mientras que no toques. Ahora quítate los pantalones, pero quédate en la silla. Puedes jugar contigo pero no tocarme. Si me tocas, se acabará ¿lo entiendes?” Martin estaba en una montaña rusa de emociones. Estaba avergonzado porque le habían pillado sacudiéndosela. Estaba humillado por su tono y porque nunca le había visto así antes. Estaba caliente porque ella le ponía y quería follársela. Quería inclinarla sobre el lateral de la cama y follarla desde detrás. “¿Lo entiendes?” preguntó de nuevo “Si.” “Bien.” Lynn retorció sus duros pezones y entonces lentamente se quitó el sujetador. Vió la dura polla de Martin balancearse en apreciación a su espectáculo. Lanzó el sujetador sobre su entrepierna. Girando sobre sus tacones de aguja, se inclinó, sujetó sus tobillos y contoneó su culo en dirección a él. Entre sus piernas, pudo ver que él no era nada más que un pero jadeante. Lynn sabía que lo tenía ahora. Poniendo una mano entre sus piernas, separó sus labios vaginales para que él lo viera, entonces hundió un dedo en rápida preparación. Huh, sentaba bien. Se levantó y lo miró. Todavía no había tocado su polla y la punta estaba goteando pre-eyaculación. Lynn se acercó a su mesilla y abrió el cajón. Sacó un gran tubo de lubricante y un consolador de silicona de 45 centímetros. Ondeándolo frente a él dijo, “Sabes lo que esto significa.” Él asintió, sin saber lo que significaba del todo. Martin no dijo nada; no había nada que pudiese decir. Apenas podía creer que su hasta ahora aburrida mujer estuviese dándole este espectáculo. Lynn untó el lubricante sobre la gorda cabeza del consolador y un poco en su conejo. “Oh, está frío. ¿Lo ves?¿Ves mis pezones?” Se puso de cuclillas, con el culo en sus talones, las rodillas totalmente separadas y empezó a frotar el consolador contra su coño. “¿Es esto lo que te gusta ver, baby, eh? Te gusta. Te gusta verme usar esta gran, gorda, jugosa polla en mi coño. Te pone, ¿eh?” Separó sus labios vaginales con sus dedos y gimió mientras empujaba el consolador dentro. “Oh, sienta realmente bien.” Lynn empezó a balancearse arriba y abajo mientras empujaba y tiraba del consolador para darle largos y profundos empujones. “Oh, esto está bien.” Sacó el consolador con un sonido de absorción, se levantó y se fue a la cama. Allí se tumbó sobre su espalda, levantó sus rodillas y separó sus piernas para que Martin no perdiese detalle. Entonces hundió el consolador de nuevo en su coño y empezó a ir más rápido. Gemía y jadeaba mientras usaba el gran juguete para follarse a sí misma. Le hablaba. “Oh, eres tan grande, tan grande, oh, si, me gusta eso, me gusta eso, ooohhh mas.” Martin sentía la sangre bombeando en sus oídos. Estaba muy empalmado. Cogió la cámara digital del escritorio y empezó a echar fotos. Tomó primeros planos de su coño rosado, su vello púbico enmarañado y resbaladizo con su eyaculación y lubricante. “Si, eso es nena. Sigue, desliza dentro y fuera. Folla con fuerza,” dijo martin mientras hacía más fotografías. El semen goteaba de su polla. Lynn lo miró a los ojos. “¿Te estás poniendo duro y húmedo, baby? ¿Piensas que te vas a correr pronto?” “Uh, huh,” murmuró mientras tomaba otra fotografía. “¿Qué hay de esto?” Lynn se inclinó sobre su abdomen con sus rodillas bajo ella. Hombros hacia el colchón, alcanzó entre sus piernas y continuó follando al consolador. “Oh si. Esta taaaan bien.” Bombeó su culo arriba y abajo; sus labios vaginales tragando la mayor parte de la polla antes de escupirla de nuevo y volverlo a hacer. Con cada empujón gemía. Cada cuatro o cinco veces lo sujetaba como si intentase llegar más adentro contoneando su culo en el aire. Martin tomó foto tras foto. No podía evitarlo y no sabía cuando tendría la oportunidad de tomar esas fotos otra vez. Finalmente no pudo resistir. Tuvo que dejar la cámara para relajarse y correrse. Ajustó su ritmo, sacudiendo su polla como ella follaba el consolador. Sus muslos empezaron a agitarse, su gemido se convirtió en un gemido largo y contínuo. “Me voy a correr” gritó ella. “Oh, oh, oh, oh, oh! Aggh!” Lynn se colapsó sobre la cama, el gran juguete enterrado en su coño. Verla tumbada en la cama, gastada, le llevó al límite. Su puño volaba arriba y abajo del mástil, su prepucio frotando contra la cabeza húmeda de su polla haciendo sonidos de absorción. Se corrió, chorreando sobre el suelo. Siguió sacudiendo con fuerza, hasta que su esperma caliente estuvo sobre la silla, su mano y sus muslos. “¿Te gusta?” preguntó Lynn. “Oh, si. Sabes que tengo que grabar estas fotografías en el ordenador para poder verlas de nuevo.” “¿Para qué?” preguntó. “Para masturbarme.” “Oh.” “Y quiero tomar mas fotografías tan pronto como podamos. ¿Estarías dispuesta a ponerte un disfraz de asistenta francesa?” “No lo se. Pensaré en ello. Además,” dijo con una sonrisita. “No hay prisa.” “Si que la hay. Quiero más. Esto ha sido asombroso.” “¿De verdad?¿Quieres más?” preguntó, fingiendo sorpresa. “¿Cuándo las quieres?” “Tan pronto como sea posible. No puedo esperar para tomar más fotos. Talvez alguna contigo quitándote un bikini con tanga,” sugirió. Lynn se quitó la polla de su coño, se levantó y entró en la oficina. Martin la siguió y miró cómo se quedaba frente al ordenador y escribía un website en el navegador. “No hay prisa,” dijo señalando la pantalla. “¿ves?” Martin miró y lentamente se sentó frente al monitor. tenía varias colecciones de mujeres con trajes de asistenta, desnudos, lencería y masturbación con montones de juguetes diferentes. Martin miró de cerca de las fotografías en miniatura e hizo clic en una. Cuando la fotografía terminó de descargarse, se giró hacia Lynn y preguntó, “¿Cómo llegaste al nombre Pam?” .




FIN



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