RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #64
LA FERIA AMBULANTE
Era siempre lo mismo en cada pequeña ciudad y aldea donde el feria paraba. Walt intentaría conectar con alguien
de la localidad para los cuatro o cinco días que estarían en la ciudad. Para alguien hogareño, la vida de un peón
de feria parecía un modo glamuroso de vida. "Algo de glamur," pensó Walt, "sucios polvorientos trabajos preparados
y demoler los montajes y exhibiciones que constituian la Feria Kingston y Eddie Kingston se aseguraba de que ganabas
cada centavo de la miserable paga que el recogía cada viernes. Entre preparar y desmontar, Walt manejaría cualquier
número de extraños trabajos por medio. Si no hacía correr una de las muchas atracciones para los muchachos,
estaba en una caseta de juego, ya sabes, el tipo en el que por un dolar tienes que tirar tres botellas de leche con
dos tiros o tal vez tirar a un objetivo en movimiento con una escopeta desviada, donde fuese que fuese necesitado,
allí lo encontrarías.
Fue cuando estaba haciendo funcionar una de las atracciones que Walt tuvo la oportunidad de interactuar con las
chicas locales. Normalmente ella hubiese estado con su novio quien estaría intentando ganar un animal de peluche
para ella, mientras a la vez Walt estaría echandole un vistazo. Mas amenudo que no, unas pocas horas después la
misma chica estaría de vuelta en el stand, solo que esta vez sola. Walt le daría un par de intentos gratis a
cualquier juego en el que estuviese trabajando, y entonces quedaría con ella para después en la noche cuando
terminase de trabajar. La mayor parte de las veces las mujeres eran jóvenes, entre dieciocho y veintitres. Estaba
bien para él, porque no había nada como el sabor de un joven conejo. A los veintiocho, Walt tenía buen aspecto y
una figura dura. Medía un poco mas de un metro ochenta y dos y 86 kilos de peso, su estructura muscular atraía
a las chicas como las abejas a la miel. Esta ciudad había sido como las demás, Walt contactaba con jovencitas y
se citaba con ellas para más tarde en la noche. Tras cerrar su atracción, Walt se deslizó en su caravana, se
duchó, afeitó y se puso ropa limpia. Cinco minutos después se encontró con Brenda en frente de la carpa circense
y se fueron cogidos del brazo.
Brenda era una chica de ciudad típica, intentando actuar como si fuese mayor, más experimentada y más segura de sí
misma de lo realmente era. "¿Por qué no vamos a mi casa?" le ofreció Brenda, "mi madre se ha ido, y podemos tener
la casa para nosotros." "Suena bien," respondió Walt, mientras pensaba que este iba a ser más fácil de lo que
había pensado. "Mamá está fuera en una cita," dijo Brenda, "y no volverá hasta mañana" "¿Hay algo de beber?"
preguntó Walt, mientras echaba un vistazo al lugar. Mientras Brenda le preparaba un combinado, Walt se sentó
en el sofá y puso sus pies sobre la mesita de café y encendió la televisión. Brenda volvió al salón sujetando
las dos bebidas y le preguntó mientras se sentaba, "¿Algo bueno en la tele?" Tomando la bebida, le respondió,
"No, solo la porquería de siempre, solo pasaba el tiempo esperándote". Después de que ambos tomasen un sorbo de
sus bebidas, Walt se giró y puso su brazo alrededor de los hombros de Brenda y la atrajo hacia él. Le besó en la
oreja y ella se giró y le besó en la boca y mientras ella se apretaba hacia él, Walt pudo sentir los dos
grandes pechos de la joven empujándole. Walt dejó que su mano libre se deslizase sobre la parte frontal del
pecho de Brenda que no ofreció resistencia cuando él apretó su teta y pellizcó el duro pezón que estaba
sobresaliendo a través de la fina blusa. "Baby, realmente te quiero," susurró, mientras desabrochaba el frontal
de su blusa. "Déjame ayudarte," le ofreció ella, desabrochándose el resto de los botones de la camisa. Walt
nunca se cansaba de ver un gran par de tetas en en sujetador de media copa y Brenda las tenía como espadas.
"Wow, nena," tartamudeó Walt, "estas son las mejores tetas que haya visto en mi vida." Aunque tal vez no era
del todo cierto, el pecho de Brenda era lo suficientemente espectacular para que por una vez en su vida no estuviese
contando una mentira piadosa. "¿Quieres que me quite el sujetador?" preguntó tímidamente, echando los hombros
hacia atrás y empujando su pecho hacia afuera. Walt solo gimió y dejó que sus manos las acariciasen a través
del blanco sujetador de encaje. "Tomaré eso como un si," dijo Brenda, mientras estiraba sus manos hacia atrás
y desabrochaba la fina prenda de saten. Bromeando, lo mantuvo sin quitárselo del pecho, y juguetonamente meneó
sus tetas como si intentase expulsarlas del sujetador ahora libre. "Están atascadas," dijo ella en voz de niña
pequeña, "mira, no sale" mientras hacía como si intentase tirar de él. Entrando en el juego, Walt le ofreció
su ayuda, "¿Puedo ayudarte pequeña? Soy bueno quitando objetos atascados en lugares ajustados" "Por favor,
amable señor" le rogó Brenda, "ayúdeme a quitarlo, está atrapado" Con un rápido movimiento, Walt rasgó el
sujetador del pecho de Brenda, exponiendo lo que el creía que eran las tetas mas magnífica que hubiese visto
nuca. "Dios mío," entonó, "son irreales" "Son totalmente reales," le respondió ella, "quieres verlo, pruébalas"
Walt no necesitó otra invitación se zambullo hacia los pezones rosa oscuro con su boca abierta. Un suspiro escapó
de los labios de Brenda cuando Walt tomó su pezón dentro de su boca y chupó hambriento. El pecho de Brenda no
era solo espectacular en apariencia si no tambien increiblemente sensible al tacto. En el pasado, Brenda se
habría corrido solo con que le chupasen los pezones y aunque ahora necesitaba un experto chupador para que
pasase, Walt parecía ser un chupador de tetas con conocimiento. "Chúpame baby," le rogó, "chupa los grandes
pezones de mamá" Solo oyendo eso de la voz de la chica volvió loco de lujuria a Walt y su pene era ahora una
pieza de acero atrapada en sus Levis.
En los siguientes minutos las ropas estuvieron volando en todas direcciones, con ambos Walt y Brenda en una carrera
para ver quién podía desnudarse antes. Cuando estaban con sus trajes de nacimiento, Walt estaba tratado con la visión
de uno de los mejores cuerpos en el que se hubiesen posado sus ojos. El cabello rubio de su cabeza coordinaba
perfectamente con el decorado entre las piernas de Brenda. Todo lo que Walt pudo hacer fue decir entre dientes
"Jodidamente precioso, tan jodidamente precioso" Brenda tampoco estaba decepcionada con lo que veía. Walt era
alto, bronceado y delgado con el pecho y brazos bien musculados, una combinación que hizo que el conejo de Brenda
le doliese con deseo. Lo que realmente le emocionó, en cualquier caso, fueron los veinte centímetros de tubo de
follar que crecía del oscuro pelo púbico de la entrepierna de Walt. Sin decir una palabra, Brenda se sentó
en el borde del sofá y tomó suavemente la polla de Walt en su boca. Aunque carecía de experiencia, lo hacía con
entusiasmo, mientra trabajaba con su pequeña boca caliente, arriba y abajo la largura de la venosa lanza. "Oh, nena,"
gimió el, "lo estás haciendo tan bien, oooooh, no pares, no pares," sus piernas flojeaban mientras la joven chupadora
trabajaba sobre su tirante polla. Era casi como si estuviese hambrienta del sabor de su pene, como si no hubiese
tenido uno en mucho tiempo, y Walt pudo sentir como sus testículos se tensaban mientras se acercaba un orgasmo.
Tanto como quería correrse en su bonita boca, lo que realmente quería era clavar su polla en ese rubio pastel,
así que después de empujarla suavemente al sofá dijo, "Quiero follarte ahora, así que abre tus piernas y prepárate."
Brenda, ahora húmeda con lujuria, rápidamente obedeció y separó sus piernas, ofreciendo un objetivo perfecto para
la palpitante polla de Walt.
La cabeza de la polla de Walt forzó los labios del estrecho conejo, causando que Brenda le rogase que fuese despacio,
pero una vez que la cabeza había entrado por el suave canal, el dirigió su pene hasta el fondo con un potente
empujón. Mientras bajaba otra vez contra su hueso púbico, Walt pudo verla intentando gritar, pero ningún sonido salía
de sus labios hasta que finalmente dejó salir un largo gemido orgásmico. "La pequeña zorra se ha ido en el primer
golpe," pensó Walt para sí mismo, "¿Quieres más?" le gruñó, mientras empujaba su polla dentro y fuera de su
tembloroso conejo. "Oh si," siseó ella a través de los dientes apretados, "fóllame más fuerte, fóllamé más fuerte"
Walt no necesitaba más invitaciones así que usó su polla como un martillo neumático dentro del indefenso coño,
resutando en una cadena de orgasmos brutalmente duros en su pequeño conejo, hasta que él mismo estaba preparado para
correrse, cuando le preguntó que si quería que se corriese en su cara. Ahora en un estado de delirio sexual, ella
balbuceó algo sobre querer sentir su arrojo por todo su cuerpo, así Walt sacó su polla de acogedora caja y la
agarró con fuerza mientras la sacudia salvajemente apuntando a su gran pecho. El primer tiro de semen voló hacia
la cara de Brenda, donde ella agradecida lo lamió como un gato un plato de leche, mientras que el resto del semen
cubrió sus pechos y abdomen, dejando fluidos de viscosidad blanca por todos sitios. Brenda usó las dos manos y
estregó el semen por su suave piel y dijo, "Mmmmm, lo mejor para mantener la piel suave" Walt solo se rió y le besó
larga y profundamente, probando su boca con su lengua.
"¿Cuánto tiempo vas a estar en la ciudad, Walt?" preguntó Brenda, mientras recorría arriba y abajo su pierna con su
mano, "Bien, cielo, otros tres días, y entonces me iré al siguiente destino," respondió, mientras tiraba de uno
de sus grandes pezones ociosamente. "Oh, desearía poder ir contigo," exclamó, "Si, yo también," dijo él, "pero estaré
de vuelta al año que viene, y tal vez, podamos vernos otra vez." En el fondo de su mente, Walt estaba pensando ya
en ese siguiente destino, y el recordaba correctemente había una muchacha allí que era tan bonita como Brenda.
"Si," reiteró, "te volveré a ver al año que viene."
FIN
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