RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #85
LA INICIACION
Jill tenía frío, mucho frio. Habían pasado casi dos días desde que había huido de casa,
y hacía casi dos días que no comía nada. Se sentía miserable, pero ni la mitad de mal de
lo que estaría en ese jodido agujero infernal que su madre llamaba hogar. Su padre, en
realidad padrastro, le había estado utilizando como saco de boxeo y como su propia muñeca
sexual, y cuando finalmente no pudo aguantarlo más, huyó de la casa con solo unas ropas en
su mochila. Ahora aquí estaba, en la carretera, sola, con sólo dieciocho años, sin dinero
y sin esperanzas. "No puedo estar peor," pensó, mientras estiraba su ligero abrigo vaquero
más fuerte alrededor de su cuello mientras giraba el cuello para ver si venía algún coche.
Automáticamente levantó su pulgar cuando un gran sedan se acercó zumbando, e increiblemente,
luces de freno, ¡está parando! El gran coche negro paró a unos ciento ochenta metros más
adelante en la carretera y lentamente volvió hacia atrás hasta donde estaba Jill. La ventana
del copiloto se deslizó y una profunda voz preguntó si necesitaba que la llevasen. Sin
siquiera responder, Jill abrió la puerta y subió, hundiéndose en el asiento de cuero,
mientras cautelosamente miraba al conductor, aliviándose al ver que era un hombre de mediana
edad con traje. Él le tendio su mano abierta a Jill y dijo, "Hola, mi nombre es Bill Dowd,
encantado de conocerte". Jill, tomando su mano y estrechándola, respondió en voz baja,
"Soy Jill, gracias por recogerme." Viajaron en silencio los siguientes diez minutos hasta que
Bill le preguntó, "¿Hacia donde te diriges, Jill?" respondió, "tal vez a Los Angeles."
"Tienes un largo viaje por delante, señorita" entonó Bill, "¿de donde vienes?" Jill realmente
no quería responder todas esas preguntas, pero respondió, "De Omaha." "Bien, te llevaré
hasta Denver, pero allí me dirigiré hacia el norte y tu querrás ir hacia el oeste desde allí,"
dijo. Jill no respondió, solo se reclinó en su asiento y pronto estaba como un tronco, no sabía
cuanto tiempo había pasado cuando una suave sacudida en su hombro la trajo de vuelta a la vida.
"Pararemos aquí y tomaremos algo de comer," dijo Bill, "parece que necesitas comer" "Está bien,"
respondió Jill, "Te esperaré aquí si no te importa" "Cielo," dijo gentilmente, "yo pago, ahora
ven y vamos a comer" Ella estaba famélica y este buen samaritano estaba haciéndole una oferta
que no podía rechazar, así que salió del coche y se unió a Bill Doud para comer.
Después de comer sus hamburguesas y patatas, Bill dirigió el gran Lincoln hacia el oeste por
la I-80 y los kilómetros se fundieron como la mantequilla sobre panecillos calientes hasta
que a las diez de esa noche las luces de Denver resplandecieron en la distancia. "Otra media
hora y estaremos allí" anunció Bill, mientras mantenía sus ojos pegados a la carretera.
Exactamente media hora después Bill aparcó en un motel de parada de camiones y dijo, "Este
es el fin de línea, Jill, no se de qué estás huyendo, pero espero que encuentres lo que
necesitas en L.A." Buscó en su bolsillo y sacó veinticinco dólares y se los dió a Jill y dijo,
"Me recuerdas a mi hija, usa esto para una habitación de motel y un buen desayuno mañana por
la mañana y por favor, ten cuidado de con quién te montas, ¿ok?" Las lágrimas llenaron los ojos
de Jill mientras miraba agradecida al hombre mayor y después de inclinarse y darle un beso en
la mejilla dijo, "Lo haré Bill, y gracias por todo" y salió del coche saludando con la mano
mientras en gran Lincoln lentamente salía del parking y volvía a la autopista.
La siguiente mañana empezó brillante y soleada mientras el cálido aire primaveral de Colorado
caía sobre la piel de Jill. En el lado occidental de Denver ella estaba intentando hacer
auto-stop pero no estaba teniendo suerte, alrededor del mediodía fué a un bar grasiento a por
una hamburguesa para parar las punzadas de hambre que estaban gruñendo en su estómago. El
sitio estaba casi desierto, excepto por dos personas de apariencia ruda sentados en en el
final de la barra, Jill pidió su comida y encendió un cigarrillo mientras esperaba que
la sirviesen. Uno de los chicos al final de la barra se percató de ella, se inclinó y le
dijo algo a su compañero, que debía ser muy divertido porque ambos termiraron riéndose a
carcajadas. Terminaron de comer cuando pasaban por su lado, el más grande de los dos se paró y
le preguntó, "¿Vas a la carretera, baby?" Intentando parecer dura, Jill le lanzo una nube
de humo a la cara y respondió "¿qué mas te da?" El corpulento hombre la miró burlonamente,
sonrió y respondió, "Bueno, solo pensaba que podías necesitar un viaje, pero si vas a
actuar como una pequeña puta, no quiero follar" Se giró hacia la puerta, cuando Jill le dijo,
"Voy a L.A., y si, querría que me llevaseis" Se giró hacia ella, y dijo, "Nos vamos a ir en cinco
minutos, si quieres venir, preparate, porque no esperaremos." Jill comió su Sandwich en cuatro
grandes bocados, tragó su Dr. Pepper y estubo fuera de la puerta en un segundo. Los dos
hombres habían montado en dos grandes Harley Davidson chopper y estaban arrancándolas cuando el
chico grande le asintió indicándole a Jill que se subiese. Tras deslizar su pierna sobre
rueda trasera sobre el estrecho sillín, el desaliñado motorista inclinó su cabeza sobre
su hombro y dijo, "Soy Duke y este es Cletus, encantados de conocerte." Jill saludó con
la cabeza a Cletus y gritó sobre el sonido de las grandes Harleys que su nombre era Jill
mientras Duke dirigía la gran moto rugiendo hacia la autopista, dejando un rastro de
polvo y piedras volando en su arranque. "Finalmente," pensó, "voy a California." Bien,
estaba a punto de darse cuenta de que, no exáctamente.
Sobre unas ochenta millas al oeste de Denver, Duke y Cletus salieron a la interestatal
y pronto estubieron viajando por una carretera asfalthada hacia un paso montañoso. Jill
preguntó varias veces que dónde iban, pero Duke no la oía o la estaba ignorando. Algo se
empezó a estrechar en el estómago de Jill, ese sentimiento que te atormenta cuando algo
no va bien, y se estrechó un poco más cuando las dos motos giraron hacia una carretera
sucia poco utilizada. Tras diez minutos más de baches, un gran campamento de tiendas
de campaña y refugios apareció, y con un cálculo rápido imaginó que debían haber unas
veinte choppers más aparcadas en fila a lo largo de la carretera y otros tantos hombres
barbudos sucios y sus mujeres sentados alrededor de fogatas cocinando la cena. Algunos
hombres se aceraron a saludar a Duke y Cletus cuando bajaron de sus motos, y era obvio
que algunos mostraron mucho más interes en Jill de lo que ella querría. Uno de ellos
preguntó, "¿Quién es la nueva puta?" "Oh ella," respondió Duke con un asentimiento de
su cabeza, "La recogí en un motel en Denver, desde que Grace se fué, he estado buscando
a una nueva zorra, y parece que la he encontrado." Duke se había girado hacia ella cuando
dijo "y parece que la he encontrado," y ella sabía que lo había dicho sobre ella. La agarró
rudamente del brazo y le medio arrastró a una de las tiendas de campaña en la parte de
atrás del campamento y la lanzó dentro. Ella empezó a protestar, pero fué golpeada hacia el
suelo con la parte posterior de la mano de Duke, su cabeza ahora daba vueltas por la fuerza
del golpe. Pudo probar la sangre proveniente de un corte de la esquina interior de su boca,
pero antes de tener oportunidad de quejarse, Duke estaba encima de ella en un segundo,
desgarrando su ropa. Jill no era una persona grande y Duke facilmente la dominaba incluso
con una sola mano, mientras su otra mano estaba ocupada deslizándose dentro de sus Levi's
mostrando una hinchada erección con una gran cabeza púrpura. Era pura y simplemente una
violación, pero Jill estaba indefensa sin poder hacer nada, y por el rabillo del ojo podía
ver a varios compañeros de Duke y sus mujeres mirando como el hombre entraba en su estrecha
vagina. Dejó escapar un grito cuando él metió su pistón sexual dentro de su coño sin lubricar,
pero a el podía haberle preocupado menos y continuó su acometida en su ahora sangrante agujero.
Lo único bueno de esto, era que Duke no tenía mucho aguante, corriéndose rápido. Jill pensó
que ya había acabado, pero desafortunadamente para ella, era solo el principio, cuando
Duke fue rápidamente reemplazado por otro motorista que golpeó su rechoncho pene en su
conejo hasta que se corrió. Jill no estaba segura de cuántos hombres le habían follado esa
tarde, pero permaneció consciente durante toda la dura experiencia, una vez poniéndose
físicamente enferma mientras era follada por un motorista particularmente maloliente.
Cuando finalmente hubo acabado, Jill oyó a Duke decir a una de las mujeres que estaban en la
puerta de la tienda, "Límpiala y prepárala para la noche, voy a por algo de comer" Jill
empezó a perder el conocimiento, lo único en su mente era, "¿Qué pasa esta noche?"
Una mujer de aspecto duro que se hacía llamar Carla se sentó al lado de Jill y cuidadosamente
humedeció su cara con un trapo caliente. Jill pudo sentir la punzada de la bofetada en su
cara, pero tampoco se sentía demasiado mal así en una voz suave dificilmente audible, Jill
preguntó a Carla, "¿Qué es lo que me va a pasar esta noche?" Carla continuó bañando a la
asustada chica y respondió, "La segunda mitad de tu iniciación." Jill buscó en los ojos de
Carla y presinó, "¿Voy a ser violada otra vez?" "No," respondió Carla, "no vas a ser violada"
"¿Entonces qué?" rogó Jill, Carla miró a su amiga Kim quien estaba sentada al lado de ella,
y se giró hacia Jill y dijo, "Vamos a enseñarte lo que tendrás que hacer esta noche" Carla
se inclinó y besó a Jill en los labios, mientras Kim se puso entre las piernas de Jill y
lentamente empezó a lamer su conejo. Al principio rechazaba los aspectos lésbicos de lo
que le estaba sucediendo, pero pronto se encontró moviendo su conejo en la hambrienta
boca de Kim mientras Carla, se separaba de ella solo por un segundo para preguntar, "¿Qué
edad tienes cielo?" "Tengo dieciocho," respondió Jill, mientras mientra alcanzaba la boca
de Carla de vuelta a la suya. Cuando Kim oyó a Jill decir que solo tenía dieciocho años,
su propio coño empezó a gotear profusamente, excitado con la perspectiva de tener puta tan
pequeña a la que alimentar. La vagina de Jill, todavía doloríada de la orgía que había padecido
menos de una hora antes, estaba empezando a calmarse por la suave si no incesante lamida de
la zorra motorista Kim. Jill tenía grandes pechos para una chica de su edad y Carla dejó la
cálida humedad de su boca, y empezó a chupar fervientemente los pezones de Jill. La mezcla
de dolor, que le chupasen las tetas y le lamiesen el coño finalmente le hizo mella, y Jill
tubo un orgasmo muy fuerte en la boca caliente de Kim, y como era el primer climax de sexo
oral que tenía, su intensividad momentáneamente la asombró. Ambas mujeres mantuvieron sus
bocas unidas a la joven puta, ahora meramente acariciando y besando sus impactados órganos
sexuales. Cansada y dolorida, Jill cayó en un profundo si no interrumpido sueño, con ambas
Kim y Carla todavía lamiendo y chupando sus tetas y vagina.
Estaba oscuro fuera cuando Jill se levantó de su produndo sueño, dándose cuenta de que
estaba totalmente desnuda y que su cuerpo había sido frotado con aceite perfumado.
Duke aparecio en la puerta de la tienda y le ordenó que le siguiese, usando un tono de
voz que le dejaba saber que no sería buena idea desobedecerle. Le siguió fuera de la tienda,
el frío aire de la noche hizo que sus pezones se endureciesen y permaneciesen altos en su
lozano pecho. Fue recibida por aullidos y silbidos por el clan de motoristas, de hombres
y mujeres del mismo modo, y otras tres zorras motoristas desnudas le esperaban en el fuego,
bailando al ritmo de rock duro que retumbaba desde un equipo de sonido portatil con baterías.
Cada una de las mujeres tenía varios tatuajes en su cuerpo, uno con el nombre de su hombre,
y otro su apodo de zorra. Jill también se dió cuenta de que cada una de las zorras tenía
una pequeña marca en forma de calavera y huesos cruzados en su glúteo derecho, y allí
en el fuego había un hierro de marcar que Jill asumió que sería utilizado sobre ella en
un futuro inmediato.
Duke le tiró en una gran manta cerca de las llamas y les dijo a las tres mujeres desnudas
que empezasen. Lo siguiente que supo Jill era que estaba enredada en una masa de carne
de mujeres desnudas, con bocas mordiendo, pellizcando y chupando todas sus aperturas.
Lo que experimentó Jill antes en la tienda de campaña, le volvió a ocurrir otra vez en
frente de cuarenta espectadores mientras tenía un gran orgasmo, esta vez más fuerte que
el anterior. Gritó en éxtasis mientras las tres zorras motoristas hacían lo que querían
con ella, chupando su madura vagina joven hasta que su pequeño clítoris estubo sobresaliendo
erecto a través de su ligero vello púbico rubio. Cuando se sintió totalmente saciada,
un montón de piel se colocó sobre su boca, y un fuerte sabor salado tocó sus labios, mientras
un coño muy húmedo estaba presionándose hacia su cara, untando sus fluidos calientes por
sus mejillas, haciéndole cerrar la boca por un momento, incapaz de respirar mientras el
gran coño cubría su boca y nariz a la vez. Montando en la cara de Jill, la zorra del gran
conejo finalemente situó su clítoris sobre la lengua de Jill, y entonces con una ferviente
presión indicaba donde quería que Jill le chupase. Otras manos empezaron a jugar con su propio
conejo, y pronto la estrechez que sentía en su goteante coño se volvió ardiente. Jill había
tenido sus orgasmos, usualmente auto inducidos, pero su joven cuerpo, era como un coche de
carreras sexual, capaz de mucho más que una mujer normal, y estaba muy claro que esta pequeña
zorra se estaba volviendo adicta a la sensación de los clímax destructores en su conejo
altamente excitable, se sorprendió cuando sintió una gran polla entrando en su coño y esta
vez la aceptó con pasión. Se dió cuenta después de que era Duke quien le estaba follando
delante de todo el clan, su gran polla golpeando dentro y fuera de su ahora abierta vagina.
La zorra montada en la cara de Jill estaba teniendo orgasmo tras orgasmo cortesía de la
errante lengua de Jill mientras los músculos vaginales de Jill se contrajeron alrededor de la
gorda polla en su conejo, llevándolos a los dós, a ella y a Duke al borde orgásmico. Ambos
rugieron, Duke con fuerza, y Jill en el coño abierto de la mujer que montaba en su boca
mientras sus órganos se aserraban detrás y delante en una explosión orgásmica.
Tras varios momentos de recuperación, Duke anunció que era el momento final de la iniciación.
Las tres mujeres desnudas sujetaron a Jill, con su culo alto en el aire, mientras Duke tiraba del
marcador al rojo vivo de hierro y lo sujetaba en alto en el aire para que todos lo vieran,
resplandecía rojo brillante en el aire de la noche oscura. Con un movimiento él sujetó el
hierro en la mejilla derecha del culo de Jill, el crepitar de la carne quemada fué ahogado por
su grito de dolor. Rápidamente le aplicaron bálsamo al área marcada y fuertes aplausos
dieron la bienvenida a la nueva zorra al rebaño. Cuando Jill se levantó, naturalmente se
dirigió a Duke, su nuevo hombre. Su culo ardía como el demonio, pero estaba realmente feliz,
porque había encontrado un nuevo hogar.
FIN
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