RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #118
LUJURIA ACCIDENTAL
Había estado viviendo en mi 4º apartamento durante unos tres meses. Nunca había pensado en el edificio que estaba a unos cinco metros del mío. Nuestras ventanas se alineaban perfectamente. Los edificios tenían que haber sido construidos con los mismos planos.
Mi día en el trabajo había sido agitado y llegué a casa mucho más tarde de lo normal. Creo que no hubiese sido tan malo si trabajase por mi cuenta, pero era asalariado y se aprovechaban de ello.
Mientras entraba en mi apartamento no me preocupé en encender ninguna luz y me dirigí directo al baño. Quería una agradable ducha caliente. De camino hacia el baño me di cuente de que las ventanas frente a mi estaban abiertas de par en par y podía ver lo que había al otro lado. Llamó mi atención y me quedé observando. Me había quitado la ropa mientras miraba. No estoy seguro de qué pensé que podría ver, pero no pude apartarme. Traje una de las sillas del comedor hacia la ventana y me senté desnudo como un pájaro.
Así como me senté, ahí estaba ella. Era absolutamente preciosa. Vi cómo caminaba por su apartamento manoseando diferentes cosas y finalmente se apartó de mi vista. No pude evitar preguntarme dónde había ido. Reapareció de repente, solo que esta vez apenas llevaba ropa. Se había quitado la falda y su blusa y ahora andaba por su apartamento en sujetador y un par de medias.
Había oído que muchas mujeres no llevaban bragas bajo sus medias. Creo que era algo sobre ponerse cachondas o algo parecido. Desee haber prestado más atención a esa conversación.
Mi mente volvió a su sexy cuerpo mientras se sentaba en su sofá y encendía la televisión. Mientras la miraba, lentamente se quitó las medias y las lanzaba sobre el brazo del sofá. Sentí la familiar emoción en mi polla mientras la veía quitarse el sujetador. Tío, no podía creer que estuviese sentada en su salón, desnuda y viendo la televisión.
Mi mano bajó hasta mi polla endureciéndose y ausente le di unos pocas caricias mientras la veía tumbarse. Lo que pasó después me sorprendió del todo.
La vi deslizar sus manos por su precioso cuerpo. Sus uñas rojas rozaron ligeramente su pecotosa piel. Sentí un cosquilleo en mi cuerpo como si sus manos estuviesen sobre mí. Pude sentir sus dedos viajando por mi lado. Mi polla saltó.
Movió sus manos arriba hacia sus alegres pechos y empezó a deslizar sus dedos alrededor de sus pezones rosas. Quería sentirlos en mi boca tanto. Vi como estiraba de ellos, los pellizcaba y masajeaba sus pechos
Casi podía oír sus gemidos desde aquí. Estaba completamente enganchado por no mencionar que estaba duro como una jodida piedra. Nunca había visto a una mujer masturbarse. Bien, si que lo había hecho, pero las porno no cuentan. Aquí estaba, sola (o eso pensaba) y se lo estaba haciendo por la simple razón del auto-placer.
Mientras continuaba amasando sus carnosos pechos con una mano, llevó la otra a su boca. Lentamente insertó su dedo índice en su mano y lo chupó como una pequeña polla. Como si yo no estuviese lo suficientemente caliente, ella estaba chupando mi polla ahora. Sabía que no sería capaz de ver mucho más sin tener que auto-satisfacerme.
Miré en total anticipación cómo dejaba que sus dedos volviesen a bajar por su cuerpo hasta su coño. Mi boca salivaba mientras ella deslizaba su dedo entre sus seductores labios, su vello rojo rizado cubría su dedo. Lentamente frotó su clítoris de delante hacia atrás en lentos movimientos fluidos.
Tras unos momentos separó sus piernas más. Pude ver su coño, todo rosa, húmedo y absolutamente invitador. Insertó su dedo en su agujero y arqueó su espalda. Podría decir que estaba gimiendo. Pero no podía oírlo. ¡Condenado tráfico!
Imaginé sus suaves gemidos en mi cabeza mientras sus dedos bailaban dentro y alrededor de su dulzura. Sus movimientos se volvieron sacudidas al continuar. Mi mano había estado acariciando mi polla un rato. Podía correrme en cualquier momento entonces, pero quería esperarla. Quería compartir su clímax, incluso aunque no ella no lo supiera.
Movió sus dedos más y más rápido. Empezó a retorcerse sobre el sofá mientras sus piernas empezaron a temblar. Sabía que estaba a punto de correrse. Miré intensamente cómo se acercaba más y más al borde. Mi mano rápidamente se volvió borrosa para cualquiera que pudiese estar mirando.
Finalmente con unas pocas sacudidas y su cuerpo tensándose, se corrió. Su mano se relentizó y frotó su clítoris en un lento pero firme círculo mientras llevaba su clímax al máximo. A la vez, sentí la calidez ascender por el mástil de mi palpitante polla. Antes de saberlo, mi polla explotó con mi grueso semen, cubriendo mis muslos y la silla. Mis caricias se relentizaron e intenté unirme a las de ella.
Cuando su clímax empezó a amainar también lo hizo el mío. Relajó su cuerpo en el sofá y pude ver su pecho moviéndose mientras intentaba recuperar la respiración. Se llevó los dedos a la nariz e inhaló. Entonces deslizó sus dedos a su boca chupando sus dulces jugos. Dejó escapar una risilla. No pude oírla, pero vi sus amplios pechos balancearse cuando lo hizo.
Desde entonces la miro. Siempre compruebo su casa cuando llego a casa del trabajo. Fue definitivamente un modo genial de relajarme tras un duro día de trabajo.
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