RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #96
MI AMOR FALASHA
Mi nombre es Etan. Mi madre solía decir que significaba “firme y fuerte”. Ahora me dice que debe significar “testarudo”. Se molestó cuando me casé con Chara pero creía que ella asistiría a la boda no teniendo a mi padre en contra. A veces no entiendo a mi propia familia. Mi abuelo sobrevivió al Holocausto. Nosotros, de entre toda la gente, deberíamos saber los peligros del odio ciego de la gente. Ser eso como se pueda, mi padre estaba amargamente en contra de la Operación Salomón. No deseaba “impuros, sangre negra contaminando el conjunto genético del pueblo elegido.” Este puente aéreo masivo de Etiopía salvó a la gente de Chara. Los Falasha son tan Judíos como nosotros. Sus tradiciones pueden incluso ir más atrás del tiempo del Rey Salomón y la Reina de Saba. Mi padre no puede ver más lejos que la preciosa piel marrón de Chara. No ha dejado que su maravillosa calidez penetre en su duro corazón. Si le diese la oportunidad, ella suavizaría su corazón igual que ha derretido el mío. Todavía rezo porque algún día le de la oportunidad. Hasta entonces, me niego a hablar con él.
Como muchos reservas Israelíes, he pasado algún tiempo en los territorios ocupados. Es un trabajo duro y peligroso. El odio ardiente a veces hace que el absurdo fanatismo de mi padre parezca una mera vela de estupidez. Volviendo de tal servicio, a menudo me siento sucio y exhausto. Es como un juego volver a los amorosos brazos de Chara.
Era de noche cuando finalmente volví de este destacamento pasado. Cuando entro en nuestra casa todo es dulce, tranquilo y silencioso. Chara sale del dormitorio en un camisón vaporoso, diáfano, blanco que contrasta agradablemente contra su suave, oscura piel marrón. La tomo en mis brazos y siento la calidez de sus grandes pechos contra mi pecho. Su olor me excita.
“Acabo de completar mi mikvah preparándome para tu llegada. Mi cuerpo ha sido purificado para mi marido,” dice Chara con una sonrisa. Me alegro de haberme duchado antes de dejar Hebron.
Me toma de la mano y me dirige a nuestra cama. Con un suave empujón me tumba sobre mi espalda, su bonito cuerpo de ébano esta sobre mí, sus dulces pechos redondos balanceándose en su camisón. Los voy a alcanzar pero ella desvía mi mano sujetando mi muñeca. Chupa mis dedos uno a uno. Deslizando cada uno por sus brillantes dientes blancos y recibiéndoles en su dulce boca. La sensación de hormigueo recorre mi brazo, a través de mi pecho y abdomen para formar una piscina de lujuria en mi ingle.
“Mi marido está demasiado vestido,” murmura ella seductoramente.
Sus oscuros, delicados dedos me desvisten hasta que yazco desnudo sobre la cama con mi pálido falo alzándose alto y duro. Ella levanta su camisón blanco sobre su cabeza y veo su bonito cuerpo joven. Sus adorables pechos redondos tienen pequeños círculos marrones alrededor de sus pezones erectos, su abdomen es plano, unos centímetros bajo su ombligo, hay una fina línea de pelo negro, suave que dirige al frondoso triángulo negro alrededor de su vagina de labios oscuros. Pese a haberla visto desnuda muchas veces, la visión todavía me quita la respiración.
Ella viene a mis brazos y comenzamos un beso apasionado, su lengua rosa envía centelleos de electricidad a través de mí. Nuestras carnes se presionan juntas mientras compartimos el calor de nuestro amor. Le hago rodar sobre su espalda y miro fijamente sus grandes ojos marrones. Su sonrisa resplandece en la habitación levemente iluminada. Mi mano parece fantasmal contra sus firmes pechos oscuros. Ella suspira cuando acaricio un pezón. Nos besamos otra vez y puedo sentir su piel aterciopelada presionando contra mi erección, rozándola ligeramente cuando su pelvis se contorsiona. Ambos estamos hambrientos de lujuria, he estado lejos mucho tiempo.
Bajo la mano, deslizando mis dedos tentadoramente por su oscura piel aterciopelada para tocar su oscuro vello púbico. Mis dedos juegan justo sobre su portal de feminidad, tocando el vello pero no la deliciosa carne que está debajo. Ella gime y se empuja hacia los dedos bromistas. Los retiro unas cuantas veces y entonces los deslizo entre sus oscuros labios inferiores. Haciéndole gemir más tiempo y más fuerte. Sus dedos se cierran alrededor de mi rígida vara. Su mano empieza a moverla arriba y abajo lentamente y pronto yo también estoy gimiendo profundamente mientras continuo frotando su abertura rosada maravillosamente húmeda. Nuestros cuerpos se tensan hacia el del otro, buscando la unión.
Mirando hacia abajo entre nuestros cuerpos, veo su mano marrón guiar mi blanca erección hacia sus húmedas profundidades. Mis caderas empujan para llevarme más adentro en su acogedora calidez, ella envuelve sus fuertes piernas oscuras alrededor de mi pálida espalda muscular. Empezamos lentamente, saboreando las sensaciones profundamente con nuestros gemidos emergentes, suavemente balanceándonos juntos como uno, pero hemos estado separados durante muchas semanas. Nuestra pasión es fuerte, toma el control de nuestros cuerpos acoplados haciéndonos empezar a empujarnos más fuerte y más rápido. El sudor hace a nuestros cuerpos resbaladizos, ella junta cada empujón hacia abajo con su empujón de subida. Nuestra respiración es pesada y áspera, nuestro cortejo es caliente y rápido. Mis bolas blancas están balanceándose contra su trasero marrón, pequeños sonidos de absorción se pueden oír saliendo de nuestros excitados genitales.
Los gritos de pasión de Chara se hacen más fuertes, sus piernas se envuelven con más fuerza alrededor de mi espalda mientras me urge a seguir, diciéndome que le folle con más fuerza, más profundamente y más rápido. Sin embargo, a la tensión sexual es como una herida dentro de mí, ansioso por explotar, cumplo con sus deseos. Nuestras pelvis golpean juntas, mi duro pene golpeando en su avariciosa vagina una y otra vez. Siento sus fuertes paredes interiores ondeando contra la piel de mi órgano circuncidado, sus manos han agarrado mi culo. Ella me empuja dentro y fuera de ella en un ritmo de frenesí. Sus fuertes gemidos rebotan en las paredes de nuestro dormitorio y su fuerte pierna amenaza con romper mis costillas mientras grita.
“Ohhh...Etan.... me voy... vete conmigo... córrete dentro de mí.... ohhhh!!!”
Las vibraciones de su cuerpo y mis oídos son demasiado fuertes para resistir. Derramo mi semilla en su caliente, húmeda, pulsante feminidad en poderosas sacudidas y gruñidos de lujuria. Sus músculos vaginales me dejan seco. Nuestros cuerpos gastados colapsan uno contra el otro. Su carne marrón emplastada contra mi carne blanca y, no importa lo que diga mi familia, nada en mi vida me ha sentado tan bien.
FIN
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