RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #79

NECESIDAD DE ELLO

"Oh dios mes estoy corriendo," gritó Jill, "no pares ahora, más rápido, más rápido" Josh incremento el rito de follar, intentando conducir su dura polla hasta el fondo de la caliente zorra tumbada bajo él. Se había follado a algunas chicas en su vida, pero nunca había encontrado una con semejante apetito sexual prodigioso. Conoció a Jill hacía dos semanas, y ya le estaba follando hasta la muerte. Ahora sabía por qué su amigo Rick había dicho que estaba bien para él dejarla, porque estaba intentando salir de una situación casi imposible, una mujer que tenía mucha más energía sexual que él. Al principio le pareció maravilloso, esa mujer preciosa te dejaría tener lo que quieras, pero el único problema era que cuando habías terminado, ella acababa de empezar. Josh estaba intentando pensar en alguien que pudiese pasársela, pero en ese momento esta pequeña picaruela estaba haciendo lo mejor para terminarlo justo entonces y allí.

Tras correrse, Josh se quitó de encima, sintiendo su pobre polla dolorida por todo el trabajo que había estado haciendo últimamente. "Josh," le rogó ella, "podrías lamer mi conejo una vez más ¿por favor?" "Mira nena," le respondió, "tienes que darme un descanso, no soy una máquina". No podía creerlo, incluso cuando sólo estaban hablando, su mano gravitó hacia su conejo y empezó a frotar ociosamente su clítoris erecto. Tenía que admitir que ella era un sueño húmedo en carne, con largo cabello rubio, ojos verdes, bonita cara, tetas agradables y el cuerpecito más mono que pudieses ver, pero el único problema es que no podías encotrar el botón de 'off'. "Al menos chupa mis tetas," le pidió, agarrándolo del cuello y atrayéndolo hacia su duro pezón. El suspiró a disgusto y tomó la pequeña protuberancia entre sus labios y la chupó toscamente, produciendo un fuerte gemido de sus labios y segundos después todo su cuerpo tembló cuando otro clímax se desgarró a través de su vagina. Por el momento se sentía saciada, pero sabía que en un par de horas la necesidad de correrse sería abrumadora, y que tendría que encontrar un modo para liberarla. Por ahora era bastante obvio que no conseguiría esa liberación de Josh.

Después de que Josh dejase su apartamento, Jill se levantó y comenzó a darse un baño caliente. Se sentía sucia tras dos horas de sexo sudoroso, y un agradable baño de burbujas siempre parecía relajarla. Antes de meterse en la bañera, Jill miró su imagen en el espejo de detrás de la puerta. A los veintitres años, estaba probablemente en su cúspide física, musculos tensos suaves, un pecho firme, ojos azules, pelo rubio, el tipo de cuerpo por el que cualquier hombre mataría. Mirándose, Jill cogió sus grandes pechos y miró como sus pezones se endurecían. Su conejo estaba todavía hinchado del abuso que la gran polla de Josh le había dado, pero ya podía sentir como su vagina se humedecía otra vez. ¡Dios adoraba el sexo! La sensación se estar llena de una gran polla era la mejor sensación del mundo. Jill no podía entender como alguien no quería ser follado al menos una vez al día, y preferiblemente dos. Había llegado incluso a afeitarse su rubio vello de sus labios vaginales, solo para poner más facil a sus amantes satisfacerla oralmente. Deslizándose en el agua caliente, Jill sintió como sus músculos cansados empezaban a relajarse mientras los chorros del jacuzzi la masajeaban suavemente.

Se debió de dormir, porque lo siguiente que recordaba era ser zarandeada por su mejor amiga Cyndi. "Levántate chica," dijo Cyndi, "vamos a llegar tarde a la fiesta si no te pones en marcha" "Oh, hola Cyndi," respondió una adormilada Jill, "¿Qué hora es?" "Casi las cinco," respondió Cyndi, mientras abría una toalla y se la ofrecía a Jill. Cyndi miró cómo su amiga se secaba, y se maravilló con el cuerpo de la joven rubia. Un vistazo a su conejo le dijo a Cyndi que Josh había venido a verla. "Ya veo que Josh ha estado aquí" comentó Cyndi, todavía mirando fijamente al suave coño labiado. "Si, ha venido", respondió Jill, "se fué un poco pronto, si me preguntas" "Jesucristo, chica," dijo una exasperada Cyndi, "¿nunca tienes suficiente?" Jill miró a su amiga a los ojos y contestó, "Sígueme", y dirigió a Cyndi a la habitación, donde se tumbó en la cama y separó sus piernas, mostrando sus genitales en un modo increiblemente lujurioso, y sin decir una palabra, clavó sus dedos en su conejo y lentamente comenzó a masturbarse. Cyndi permaneció en silencio perpleja mientras los dedos de Jill se disparaban dentro y fuera de su baboseante raja, mientras su otra mano amasaba y sujetaba sus bonitos pechos, y lo único que podías escuchar era el sonido de la fuerte respiración de Jill mientras se llevaba a sí misma hacia otro orgasmo, el quinto de día. Cyndi no lo aguantó más y se levantó el vestido y deslizó su mano dentro de sus braguitas bikini blancas, donde su dedo medio rápidamente encontró la dura protuberancia de su clítoris y empezó a trabajar llevándose a su propio clímax. Ambas mujeres cerraro los ojos, ahora ansiosas de caliente pasión, hasta que Jill rompió el silencio cuando dijo, "Adoras verme cómo me toco, ¿no baby?" mientras contiuaba follándo con el dedo su raja caliente. Cyndi asintió tontamente, y sintió como sus músculos vaginales empezaban a contraerse, un signo seguro de que su conejo iba a perder el control y tener un orgasmo, ahora era incapaz de permanecer de pie sin ayuda debido a que sus rodillas eran como gelatina temblorosa, se dejó caer contra el tocador para evistar caerse. Lo que hizo que ambas se corriesen, fue cuando Jill opinó en una voz sexy, "Me siento como una jodida puta, mi clítoris parece gobernar mi vida, siempre parece estar necesitado." El coño de Cindy le dió un vuelco, cuando su orgasmo la desgarró a través de la cabeza de su palpitante clítoris, mientras el climax de Jill hizo que su tenso culo rebotase arriba y abajo en su suave cama hasta que el sublime momento hubo pasado.

Cyndi miró a Jill y en una voz exasperada dijo, "Tienes que dejar de hacerme esto, no tenemos tiempo para este sinsentido" Jill solo puso una recatada sonrisa, buscó bajo la cama y sacó un gran consolador con doble cabeza mientras masturbaba descaradamente otra vez su vagina, se inclinó y rogó a Cyndi que se uniese a ella en la cama. Cyndi sabia que intentar resistir sería más que desesperanzador, así que lentamente caminó hacia la cama, quitándose la ropa mientras iba, su cuerpo regordete todavía excitaba más a Jill. Jill adoraba sentir las suaves curvas que Cyndi tenía que ofrecer, justo lo contrario que la dura y tosca forma que Josh le había dado antes esa tarde. No era que le gustase más Cyndi, era sólo que ella era diferente, como comparar bistec y pollo, cada uno era bueno a su manera, solo dependía de tu apetito y humor en el momento. Mientras Josh podía llenar su conejo con su polla dura, Cyndi tenía grandes tetas flexibles que eran perfectas para chupar. Lo primero que hizo cuando Cyndi estubo tumbada en la cama fue tomar uno de sus perfectos pezones en su boca y saboreó su textura y sabor. Cuando te dabas cuenta, Cyndi era casi tan hedonista como Jill. Jill sería considerada un "chico duro" de libro, mientras Cyndi se caracterizaba como una regordeta "muñeca hinchable", pero una vez que su conejo se humedecía, era dificil de parar, y hoy no era una exepción. Teniendo a Jill amamantándose en sus pechos hacía que su conejo se inundase, los labios abultándose, la raja humedecida con su propia eyaculación. "Chupa los pezones de mamá, baby", rogó Cyndi, acariciando la cabeza de su amiga mientras ella pellizcaba su protuberancia distendida. Aunque Cyndi no era lesbiana, Jill le había mostrado el lado erótico del sexo chica a chica, y un par de veces a la semana Cyndi procuraba apagar el fuego enfurecido en las caderas de Jill.

Despacio pero segura la cabeza de la gorda polla de goma se introdujo dentro del humeante conejo caliente de Cindy. El gemido, mezclado con su sujeción y estiramiento en las sábanas de la cama le dijo a Jill que Cyndi se estaba poniendo más y más excitada. Se giró para que sus conejos estubiesen a treinta centímetros de separación y con unos buenos veinte centímetros de la polla clavada dentro de Cyndi, Jill cogió el lado contrario del consolador y lo trabajó dentro de su propio coño húmedo. Ahora ambas chicas estaban tumbadas entrepierna con entrepierna con una gorda polla negra conectándo sus conejos como una línea de vida. Jill agarró el consolador por su mitad y lentamente empezó a empujarlo dentro y fuera de sus goteantes agujeros. Cuando se deslizaba fuera de Cyndi, penetraba más en Jill y viceversa. El resultado era una follada estira-empuja, cada mujer siento llenada en golpes alternativos. Lo que atrapaba a Cyndi no era la largura, si no el increible grosor de la polla sustituta. Su conejo siempre se estiraba al máximo cuando Jill lo usaba como juguete sexual, y no podía evitar preguntarse cómo esta preciosa rubia se había vuelto tan adicta a los orgasmos. No importaba cúantas veces o con cuanta frecuencia lo tuviese, sencillamente nunca era suficiente para satisfacerla. Bueno, no se preocupaba por eso ahora, porque Cyndi estaba teniendo su propio torrente de orgasmos en su coño lleno, y estaba intentando disfrutarlo al máximo. Ahora la mano de Jill estaba desdibujada mientras empujaba el consolador dentro y fuera de los dos conejos deboradores, y sobre el sonido del coño sobre la goma podía ser escuchado a través de la habitación, con ambos conejos intentando desesperadamente mantener sujeto al gran invasor. "Yo-yo-yo me estoy corriendo," tartamudeó Cyndi, retorciendo sus duros pezones, saboreando los golpes que su coño estaba recibiendo del gigantesco pene. Jill por otro lado, tras haberse corrido antes, gimió cuando otro orgasmo la invadió, calmando por ahora el fuego que se enfurecía dentro de ella.

Ninguna de ellas se movió en un rato, el consolador de color ébano todavía clavado obscenamente en ambos de sus goteantes conejos hasta que Jill echó una mirada al reloj y se dio cuenta de que iban a llegar tarde a la fiesta. De repente sintió la familiar muy dentro de ella, la sensación que una mujer tiene cuando está necesitada, cuando su mano lentamente se deslizó haci la polla de goma y levemente la movió dentro y fuera de su conejo. Cyndi no hizo un sonido, pero su boca se abrió ligeramente y una mirada vidriosa apareció en su cara. Unos pocos tirones más y los pezones de Cyndi se endurecieron, una señal segura de que su conejo se estaba hinchando. Los ojos de Cyndi se cerraron con los de Jill y pronunció, "¿otra vez?". Unos pocos empujones más fue toda la respuesta que Jill le dio, y realmente, era toda la respuesta que necesitaba.

FIN

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