RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #106

PERSUASION ASIATICA

Tad estaba a punto de ascender en la corporación; podía sentirlo. Las revisiones de empleados estaban a punto de caer y finalmente parecía estar causando una buena impresión a su jefe. Sabía que la competición para la promoción sería feroz, y que ser bueno no era suficiente. Tad sabía que tenía que parecerlo también.

Odiaba ir de compras, imaginó que tendría que aguantar la situación y comprar un nuevo traje o dos y tal vez un conjunto de chaqueta y pantalón de sport. Como siempre, salió del trabajo tarde y las tiendas cerrarían pronto. Era miércoles, y el departamento masculino estaba vacío. Fisgoneó entre los estantes unos minutos y miró su reloj. Si nadie viene aquí a ayudarme en los próximos dos minutos, pensó, me iré de aquí.

Echó un vistazo a tres trajes más y de repente una mujer asiática apareció a su lado.

¿Puedo ayudarle? Sonrió.

Tad la miró un par de veces, su placa decía “Jen”. Oh si, pensó tu puedes ayudarme, pero no tiene nada que ver con comprar ropa. Ella podría estar en los treinta o posiblemente más joven. Su pelo hasta los hombros era liso; con el brillo de un visón,  se mecía como el mercurio cuando se movía. Incluso sus dientes blancos contrastaban con su carmín rojo brillante y su suave piel oriental. Los ojos de Jen destellaban, vislumbrando una pasión interior; sus ojos eran grandes y oscuros y perfectamente delineados. Su cuerpo era curvado en los sitios correctos; bien formado pero no gordo, Tad estimaba que tenía una copa de la talla C.

“Necesito un par de trajes nuevos y quizá algo un poco más casual, pero dentro de la línea de vestir.”

Jen lo cogió por le brazo. “Sígame, por favor. Creo que sé lo que está buscando.”

Lo dudo, pensó Tad, a menos que sepas que busco echar un polvo.

Jen le dirigió a un estante de trajes, y resultó que estaba en lo cierto. En diez minutos, Tad había cogido un traje azul marino y uno gris marengo.

“Venga,” dijo tirando de él. “Tenemos que medir.”

En los probadores había un par de sillas, varios espejos grandes y un plataforma en la que los hombres se ponían mientras los sastres tomaban medidas.

“Quítese los pantalones y póngalos en la silla,” le dirigió Jen.

Tad se quedó parado.

“No tenemos toda la noche,” dijo Jen. “¿Qué, crees que no he visto a un hombre en ropa interior antes?”

Normalmente, no sería tímido, pero llevaba calzoncillos de moda, eran negros y de talla demasiado pequeña. Al principio era consciente, preguntándose qué pensaría Jen la sastre de su ropa interior. Después decidió que le daba igual. Dudó que la volviese a ver. Mientras Tad se quitaba los pantalones, la vio inclinarse por la cintura y recoger algo del suelo. Pudo ver la parte superior de sus medias y una tira de su liguero. Su polla saltó a la erección como un corredor al sonido de la pistola. No había nada que pudiese hacer; desde que era un niño, estaba loco por las mujeres con ligueros y medias. Ahora, pocas cosas le calentaban tan rápido. Se deslizó en los pantalones del traje azul marino esperando que ella no notase su erección  sobresaliendo por encima de sus calzoncillos.

Se movió hacia él y subió a la plataforma. Cogió el dobladillo a los pantalones, con agujas y una línea de jabón sin problemas. Mientras ponía sus brazos alrededor de su cintura para medir, su barbilla empujó firmemente contra su entrepierna. Estaba seguro de que ella podría sentir lo empalmado que estaba, pero Jen no dijo nada. Caminó por detrás de él y empezó a marcar el asiento de sus pantalones. El la notó acariciando su culo una o dos veces, pero no dijo nada, después de que ella le metiese mano, él dejó escapar un gemido de satisfacción. Por detrás, ella empezó a medir el tiro de la entrepierna. Sus nudillos, mano, pulgar, dedos, todos casualmente tocaron sus bolas, empalmándolo más.

Jen volvió en frente de él. “¿diestro o zurdo?”

“¿huh?”

¿Eres diestro o zurdo?”

“Diestro.”

“Muchos chicos diestros llevan sus pollas en su pierna izquierda. Pero tu no llevas boxers ¿verdad?”

“No.”

“Ok,” ella cogió sus bolas en su mano. “Voy a darte un espacio extra delante para las situaciones,” suavemente apretó sus bolas, “como esta.” Jen empujó una silla y puso el respaldo contra la plataforma. “Quítate los pantalones, pero quédate ahí”.

Tad se quitó los pantalones y se quedó en la plataforma en ropa interior.

Jen se arrodilló en la silla, deslizó sus calzoncillos por debajo de sus caderas, dejando que cayesen a sus tobillos. Tad estaba sorprendido, pero de un modo bueno. Ella cogió sus bolas e introdujo su polla en su boca. La lamió y chupó y jugó con sus bolas, hasta que estaba más duro que una ingeniería polimérica. Sin el más ligero aviso, ella paró, se giró y se sentó en la silla. Echó hacia atrás su cabeza de tal modo que estaba mirando a la entrepierna de él de arriba abajo. Jen envolvió con sus brazos las piernas de él, sus uñas afiladas y de manicura clavándose en sus muslos. Abriendo la boca tragó su gorda polla blanca hasta el fondo de su boca introduciéndola en su garganta. Moviendo su cabeza había algo como un movimiento de gárgaras que hacía con su garganta que cosquilleaba en la punta de su polla mientras los labios y la lengua masajeaban su mástil. Si sigue así, pensó, no va a haber manera de que aguante.

Tan rápido como empezó, paró. Sentándose, se giró; “Ven, siéntate aquí,” dijo.

Tad siguió su indicación, bajando semidesnudo y empalmado de la plataforma y sentándose en la silla. Jen se puso en frente de él. Se desabotonó su blusa hasta la cintura y sacó sus pechos del sujetador. Sus tetas eran suaves y redondas con oscuros pezones hinchados. Tad inmediatamente se inclinó y chupó uno y después el otro hasta que estuvieron húmedos y duros. Jen se subió la falda a la cintura, mostrando las correas elásticas de su liguero, haciendo que su polla saltase por atención. Dio un paso adelante, sentándose a horcajadas sobre sus caderas y bajando su empapado conejo sobre su polla. Un poco dentro, un poco fuera y un poco más hasta que su culo estuvo descansando sobre los muslos de él.

Tad agarró su culo con ambas manos, sus dedos se movían por su raja contra su ano. Jen inhaló bruscamente y se estremeció. El miró en sus ojos brillantes y la besó apasionadamente. Ella puso un brazo alrededor de su cuello mientras se besaban y con su mano libre, pellizcaba un pezón de él. Sus lenguas se entrelazaron, ella empezó a mover sus caderas hacia detrás y delante. Moviéndose hacia delante, su polla se hundía hasta el fondo de ella, moviéndose hacia detrás su polla se salía un poco pero sus dedos empujaban su ano.

Jen se estremecía cada vez que se movía, su entrepierna al completo estaba al rojo vivo con las más deliciosas sensaciones.

Tad sintió que sus bolas se contraían en anticipación a su corrida. Dejó que Jen fuese a su propio ritmo, no quería que esta follada terminase. Sintió el temblor en las caderas de ella y la besó con fuerza. Su boca era suave y ella era una gran besadora. Sus caderas temblaban incontrolablemente; ella rompió el beso, inclinando su cabeza hacia detrás y gimió con fuerza. Tad puso su boca en su pezón de nuevo y lo chupó con fuerza. Sus temblores se tensaron a través de su coño y lo llevaron al límite.

Mientras Jen dejaba escapar un largo gemido en bajo, Tad apretó sus dientes y gruñó mientras descargaba su semen caliente dentro de su coño. Se quedaron sentados sin moverse un momento antes de que Jen lentamente se levantase. Cuando estaba de pie frente a él de nuevo, puso las manos en sus rodillas, se inclinó y chupó su polla hasta limpiarla.

Un anuncio del cierre de la tienda llegó desde el altavoz.

Jen colocó sus tetas de vuelta en su sujetador y ajustó su falda. “No da tiempo de terminar hoy,” dijo con una sonrisa. “Creo que tendrás que volver mañana por la tarde para el resto de tus medidas. “

Tad asintió y se vistió. Se preguntó cuántos trajes se iba a comprar aquí.

FIN


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