RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #126

REINA VUDU

Reina Vudu Mark paseó por la locura de Bourbon Street el sábado por la noche sobrio. Había estado intentando durante una semana conseguir una entrevista con Queen Etonne por su pieza vudú de Nueva Orleáns. Esta noche su teléfono había sonado, su rica voz criolla le pidió que fuese a su tienda a las 11.30 de la noche. Su tienda era una trampa local para turistas. Aunque tenía su nombre en la ventana, raramente era vista allí. Cuando la veían, la recordaban. Era una alta mujer negra con cincelados rasgos y cuerpo ajustado. Mucha gente le echaba unos treinta pero los rumores oscuros insinuaban que era mucho mayor. Cuando finalmente se dirigió hacia la ruidosa, balanceante y cambiante multitud hacia la tienda, vio que estaba cerrada. Llamó al timbre de la puerta, momentos después oyó como la cerradura se abría. Dejando la locura de la multitud tras él, entró en la oscura tienda. Oyó la puerta cerrarse tras él. Había extrañas sombras en la pared. Mark vió una leve luz en el fondo de la habitación y oyó la aterciopelada voz negra de Queen Etonne. “Llegas a tiempo,” dijo, “Por favor, reúnete conmigo en mis habitaciones.” Deambuló hacia la luz tenue y encontró un hueco de escalera con una vela púrpura ardiendo. Su voz sonaba en su oído como si ella estuviese justo detrás de él. “Arriba, por favor.” Subió por las rechinantes escaleras y giró el pomo de la puerta a la parte de arriba de las escaleras. A pesar del cálido día, un fuego centelleaba en la chimenea. No había ninguna otra luz. Se movió hacia el fuego. Entrando en la habitación vió a la legendaria reina negra acostada sobre un sofá de piel blanca. Llevaba un vestido rojo, su cabello oscuro colgaba hasta su cintura, las sombras de la hoguera bailaban sobre su piel oscura. Sus gruesos labios sonreían mientras se levantaba para saludarle. “Has llegado escéptico. Te irás creyendo, dudo que uses mucho de lo que vas a aprender en tu artículo.” Su profunda risa vibró en la habitación. Mark la miró. El escote de su vestido rojo apenas contenía sus suaves, maduros pechos. Se movía como una pantera, su maravilloso culo tensaba su estrecho vestido. Sus ojos verdes claros parecían estar salpicados de oro. El se sentó en una silla lujosa, abrió su libreta e intentó concentrarse en su trabajo. “La gente dice que tienes un gran poder,” dijo “Alguna gente lo sabe, otros solo lo dicen,” respondío. “Déjame que lo diga de otro modo,” dijo intentando no fijarse en su cuerpo de pie al lado de su silla. “¿Dices que tienes un gran poder?” “No necesito decirlo,” dijo ella, “lo que es mío, es mío.” Esto no va bien, pensó Mark, la mujer está dando vueltas y su fuerte perfume picante estaba haciendo difícil centrarse. Sacudió su cabeza en un intento de aclararla. “Oh, hombre blanco Mark, ¿dudas de mí?” “No,” dijo, “yo solo…” “Tu solo nada,” bufó ella. Su humor de repente cambió y sonrió. Sus brillantes dientes blancos brillaban en contraste con su piel oscura. Mark miró su culo contonearse mientras caminaba hacia el sofá de piel. Cogió un muñeco vudú que había estado tumbado allí y susurró unas pocas palabras en él. Entonces le miró con una amplia sonrisa en su bonita cara. “Creo,” dijo ella, “que es necesaria una agradable demostración. Eres atractivo para un chico blanco.” Él miró sus largos dedos negros empezaron a frotar entre las piernas de la figura en sus manos. Él sintió esos mismos dedos en sus pantalones, en su polla. Eran cálidos y suaves contra su la piel blanca de su piel, le estaban urgiendo en su erección, estaban acariciando suavemente sus pelotas. Mark sabía que estaba a tres metros de él. Su rígida polla sabía que ella había enrollado su suave mano alrededor de su rígido mango. La miró sentada sobre el sofá de piel blanca, acariciando ligeramente la figura mientras le hablaba demasiado bajo para entender las palabras. Una mano invisible estaba sacudiendo su polla, se retorció de placer y sus caderas empezaron a levantarse. Tras unos momentos de exquisito placer la mano paró, no pudo sentir más su cálido y maravilloso tacto. Oyó la risa retumbante de la reina. “No tan rápido, Sr. Mark, deseo compartir tu buena fortuna.” Queen Etonne se levantó del sofá y se quitó el vestido. No llevaba ropa interior, su cuerpo negro parecía brillante a la luz del fuego. Se contoneaba mientras caminaba hacia él, sus firmes pechos se balanceaban con el sensual movimiento de su pavoneo. No tenía vello púbico sobre su prominente montículo púbico. La raja negra parecía emanar poder y lujuria. Miró hacia él con sus brillantes ojos verde-dorados, sonrió y elevó una ceja. Mark se bajó los pantalones, las venas en su dura polla parecían estar palpitando. Queen Etonne tiró de su camisa sobre su cabeza y la tiró a una esquina. Todavía sobre él, sus grandes pezones marrones, casi en sus ojos, absorbió aire a través de sus gruesos labios negros. Su polla creyó que estaba recibiendo una intensa y poderosa mamada. Mark empezó a golpear la silla, profundos gemidos de lujuria venían de su boca abierta. Ella bajó su suave coño negro hacia su palpitante erección. Su dura polla se envolvió en un mar de calidez que inundaba en suaves olas. Sus grandes manos suaves agarraron sus hombros blancos y empezó a moverse contra él en un moliente movimiento. Su bonito culo negro se movía en círculos y pequeños movimientos de sacudidas. Mark sintió como si fuese follado por un coño de una milla de profundidad y esa erección fuese lo suficientemente dura, lo suficientemente gorda y larga para llenarla hasta sus más fieras profundidades. El frotó sus palmas contra sus largos pezones duros y oyó su gemido con placer. Una armada de mariposas revoloteaba contra su aparentemente inmensa polla mientras la alta mujer negra empezaba a follarle con fuerza. Reclinó su cuerpo hacia atrás. Mark continuó frotando sus balanceantes pechos. Pudo ver su dura polla, brillante por sus jugos, deslizándose dentro y fuera de su sensacional coño negro. Bajó su mano para frotar su clítoris. Sus dedos parecían vibrar con electricidad cuando frotaban su hinchada protuberancia de deseo. Su coño caliente se había convertido en una tormenta de mar agitada, poderosas olas rompían contra la polla constantemente sumergida, se empujó a sí misma contra los dedos de él y gimió. Él pudo sentir su caliente respiración en su oído, jadeando mientras sus caderas empezaron a moverse como un pistón, rápido y fuerte. Sus poderosos movimientos folladores le llevaban más allá de cualquier sensación sexual que hubiese experimentado en su vida. Dibujó la espiral de lujuria más y más estrechamente hasta que difícilmente pudo soportar la tensión. Nunca quiso terminarlo pero su cuerpo demandaba liberarse. Ella lo mantuvo al borde durante varios minutos. Su corazón estaba palpitando con fuerza en su pecho, estaba empapado en sudor y retorciéndose de placer mientras la bonita y poderosa mujer negra lo follaba hasta el borde de la locura. Sus gritos de pasión se volvían más altos y más largos. Un maremoto de pasión le golpeó a través de su dura polla blanca. Sus fuertes músculos vaginales palpitaban y chupaban su agitada polla repleta formando una espiral en sus pelotas. Se agitó con la poderosa eyaculación, sintió como si su alma estuviese chorreando de su agitada polla. Gimiendo en éxtasis, disparó montones de blanco esperma caliente dentro de su negro coño. Parecía por un momento, que nunca iba a dejar de correrse, que seguramente iba a tener un orgasmo hasta la muerte, pero finalmente los aplastantes chorros se acabaron y se quedó desecado bajo el cuerpo de ébano de la reina vudú. Definitivamente ahora era un creyente. .




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