RELATOS EROTICOS #1
HISTORIA #75
RUBIA EN ORIENTE
Mientras Marla meneaba su culo en la cara del medio borracho hombre de negocios Japones, él
estiró su mano y la deslizó entre las piernas de ella y pasó un dedo por su raja cubierta
por un tanga. Después de la rápida sensación, el metió mil yenes dentro de su cinturón y
pidió a la camarera otra bebida. Eran casi las diez de la noche y todavía los hombres de
las compañías, como eran llamados en Japón, estaban bebiendo y de juerga con sus socios
de negocios. Se decía que el sake y las geishas eran el aceite que mantenían la estructura
corporativa japonesa lubricada. Bien, Marla no sabía nada sobre la estructura empresarial,
pero todos los ejecutivos en el bar Ty Ling estaban definitivamente "lubricados". Siendo
rubia y de América era muy atractiva para los hombres japoneses, probablemente porque en
la homogénea sociedad que era el Japón moderno, como el 99.9% de los residentes son
japoneses, no había mucha variedad en lo que a apariencia concierne, así siendo rubia
en Japón te hacía definitivamente un extranjero, y los hombres japoneses no parecían
tener suficiente de las mujeres americanas. Mientras que las corporaciones de America
se quejaban sobre el mercado cerrado, un vistazo al estilo de vida americano te contaba
una historia totalmente diferente. Los japoneses llevaban ropa americana, veían películas
americanas, comían en los restaurantes de comida rápida americana y escuchaban música rock
americana. Paseando por el distrito de Ginza en Tokio, podías pensar que estabas en Times
Square con todos los logos americanos ardiendo en brillantes luces de neon. Marla era
solo otro icono americano para ser comprado y vendido, su atributo era su cuerpo de
veinticuatro años flexible y sensual. Como ella dijo a sus compatriotas americanos,
"Solo estamos haciendo nuestra parte para ayudar a equilibrar el déficit comercial."
Marla había respondido un anuncio en el New York New sobre hacer un fabuloso dinero en
el lejano oriente, y cuando fué a la entrevista, vió que aunque no era muy glamuroso,
trabajando en bares y clubs nocturnos de Tokio y Osaka una bonita chica rubia podía ganar
cinco mil dólares por semana. Las horas se harían largas, pero la recompensa era buena
para alguien con un poco de ambición. Marla estaba trabajando de secretaria legal ganando
setecientos dólares por semana, un salario que dificilmente llegaba a fin de mes en New York,
así que una semana después estaba en un avión hacia Tokio, preparandose para comenzar una
nueva carrera. Comprobó que realmente se podía ganar cinco de los grandes cada semana, pero
para hacerlo, había que dejarse manosear por hombres de negocios por todos los sitios íntimos,
y aunque no era ninguna puritana, le tomó varias semanas acostumbrarse a los sobamientos y
miradas que tenía que aguantar mientras bailaba en el club. En su tercera semana, Marla
tuvo su primera proposición para ganar dinero realmente. Un joven ejecutivo quería llevarla
a un hotel y hacer el amor con ella. El parecía un tipo amable y no estaba borracho como
la mayoría de los otros hombres en el bar esa noche, así que ella hizo unos arreglos para
encontrarse con él en la barra del hotel cuando su turno acabase.
Como muchos hombres japoneses, Ken, ese era el nombre que él le había dado, era bajo y
delgado. Él la estaba esperando en el bar y juntos montaron en el ascensor hacia una
habitación que él había reservado. Le ayudó con su abrigo y recorrió con sus manos hacia
arriba y abajo los lados de su cuerpo, pausándose para sentir la forma de sus caderas.
Ella se giró y le pidió, "Se bueno, cielo, y ayúdame con mi cremallera". Con mano firme,
la bajó, besándole en su espalda desnuda, y deslizando el vestido de lentejuelas hasta el
suelo. Cuidadosamente desabrochó su sujetador y también lo deslizó fuera de su cuerpo mostrando
su pecho al aire de la tarde. Sus pezones inmediatamente se pusieron erectos cuando Ken la
rodeó y los tomó en sus manos. Muchos hombres japoneses son agresivos y toscos con sus mujeres,
pero Ken tenía un toque gentil que empezaba a excitar a Marla. Se giró de cara a él, dándole
una visión directa de su magnífico pecho y mientras él levantaba sus manos otra vez hacia sus
tetas ella preguntó suavemente, "¿Te gustan, Ken?" El asintió afirmativamente y dijo,
"Las chicas americanas teneis los pechos mucho más grandes que las mujeres japonesas, me
gustan mucho" Ahora Marla estaba divirtiendose realmente y su vagina vestida con las bragas
se estaba humedeciendo como resultado de los frotamientos que Ken le estaba haciendo en su
pecho. Volviéndose un poco impaciente con él, Marla decidió mover las cosas un poco, quitándole
la chaqueta de su traje y desabrochando su camisa. El parecía divertirse con la atención, y
no ofreció resistencia cuando ella le quitaba la ropa. Su cuerpo sin pelo era suave y liso y
el comienzo de una erección podía verse a través de sus calzoncillos boxer. Marla se quitó
las bragas y preguntó "¿por qué no te quitas los calzoncillos para que podamos ver qué tienes
oculto para mí ahí?" Ken los tiró de un empujón y les dió una patada, mostrando una dura si no
gran erección que Marla tomó en su mano y empezó a sacudir hacia delante y atrás, trayendo
un suave gemido de los labios de Ken. Instintivamente Marla se arrodilló y tomó el miembro de
Ken en su boca, saboreando los débiles trazos de jabón, pero eso rápidamente desapareció
mientras trabajaba su boca arriba y abajo de su lanza rígida oriental. Mirando hacia abajo
a la regordeta rubia chupándole su pene era demasiado para Ken, y rápidamente se corrió en su
caliente boca. Había soñado con este momento siempre desde que estaba en el instituto y
era abrumador cuanto menos. Siguiendo la tradición japonesa rápidamente se disculpó por
correrse tan rápido, pero Marla se rió y dijo, "No te preocupes Kenny, te mostraré como
puedes recuperarte, sólo sígueme."
Tomándolo por su polla le dirigió a la cama donde ella se tumbó con las piernas abiertas.
Su conejo, recortado en una pequeña uve rubia, se abultaba invitándole, sus labios húmedos
con secreciones sexuales. "OK, baby", le arrulló suavemente, "ahora vas a hacer a mamá lo
que ella ha hecho por tí". No necesitó una segunda invitación, y prácticamente se lanzó
entre sus muslos, enterrando su boca en su vagina húmeda. Lamió arriba y abajo la largura
de su raja, finalmente parando en su clítoris, que estaba fuera de su capucha protectora
y empezando a chuparlo. Su lengua serpenteó y cuidó de la pequeña protuberancia, haciendo
que Marla suspirase, no importaba lo que le dijesen de él, no había duda de que era un experto
en hacer mamadas. Hacía mucho tiempo desde que Marla había experimentado este tipo de sexo
oral y su conejo estaba babeando su zumo por toda la cara de Ken mientras él intentaba
lamer cada gota lo mejor que podía. No paso mucho hasta que Marla sintió las familiares
contracciones vaginales que eran el comienzo de un orgasmo, y mientras movía su cabeza
delante y detrás en la almohada, a través de los dientes apretados le rogó, "Cómeme, Kenny,
dios, me comes tan jodidamente bien, oh joder, baby, hazmelo." Oyendo aquí el uso del
jerga callejera sólo llevó a Ken a comerle más intensamente, clavando su lengua dentro y
fuera de su conejo, tomando un gran esfuerzo para golpear su clítoris con cada empujón.
Ella levantó sus caderas cuando su clímax le golpeó, intentando desesperadamente empujar
su coño con más fuerza en su boca, haciendo que Ken desease que las mujeres japonesas fuesen
tan animadas como sus equivalentes americanas durante el sexo. La tradición de la mujer
oriental silenciosa y reservada parecía llevarse hasta el dormitorio, mientras que las mujeres
americanas, por el contrario, parecian entusiastas al hacer el amor, incluso lo saboreaban.
Esta chica americana Marla era una cazadora de pollas obvia, pero este era el modo en
que las chicas americanas actuaban e incluso ahora, después de un fuerte clímax, esta
zorra americana estaba rogando por ser follada. Ken se levantó y lentamente sacudió su polla
mientras miraba el fantástico cuerpo de Marla. "Vamos Kenny," le rogó con los brazos
abiertos, "fóllame con esa preciosa polla, por favor" La polla de Ken ahora estaba dura
como el acero azul, esta puta americana se parecía a Marilyn Monroe, pero actuaba como una
estrella porno, tras deslizarse sobre ella él pudo sentir su flacidez, la suavidad de
sus muslos, el leve abultamiento en su abdomen, y la plenitud de sus pesados pechos.
Ella estiró su mano hacia abajo y dirigió su polla a su agujero de miel, tomando su tiempo
en frotar la cabeza hacia arriba y abajo de la largura de su raja. Él se deslizó dentro de
ella fácilmente, sus bien acondicionados músculos vaginales sujetaban su polla como un
tornillo, y tras sólo unos empujones, empezó a respirar erráticamente, gimiendo más y más
fuerte con cada hundimiento. "Oh, fóllame, baby" gimió, "lo necesito tanto" Ken continuó
golpeando, conducido por el uso del lenguaje sucio. Una mujer japonesa nunca usaría ese tipo
de lenguaje, ni le preguntaría a su marido para probar un tipo concreto de posición sexual
o actividad, pero esta chica americana usaba lenguaje de la calle y no dudaba en pedir
a su amante que le follase o le comiese el coño.
Ken había perdido ahora el control sobre su polla, y ahora estaba apaleando el conejo de
Marla sumiso mientras la chupa-pollas americana enrolló sus piernas alrededor de su espalda,
intentando sujetarlo. Estaba actuando como una puta, pero no podía evitarlo, porque una
vez que se excitaba, su clítoris tomaba el control y haría cualquier cosa para alcanzar
el orgasmo más explosivo posible. Sus músculos vaginales intentaron en vano sujetar el
pistón golpeante que lo estaba invadiendo, pero sin éxito, y cuando el gran orgasmo
se estaba creando en su abdomen, y ella siseó a través de sus dientes prietos que se
se estaba corriendo. Los testículos de Ken se tensaron y contrajeron con fuerza, enviando
un torrente de semen velozmente dentro del dulce conejo americano de Marla, mientras
ambos se tensaban para conseguir el último golpe de placer de la unión de sus órganos
sexuales, hasta que Ken finalmente se colapsó sobre Marla, jadeando e intentando recuperar
su respiración.
Cuando ambos estubieron vestidos, Ken buscó en su bolsillo y sacó una gruesa cartera y
extrajo el equivalente de dos mil dólares americanos y se los tendió a Marla. Inclinandose
cortesmente dijo, "Pasalo bien, has sido muy buena también, ¿a la misma hora la semana que viene?"
Marla metió el dinero dentro de su bolso y respondió, "A la misma hora la semana que viene,
Kenny, haremos lo que podamos para ampliar las relaciones entre oriente y occidente."
FIN
RELATOS EROTICOS
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