RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #107

SABOR DE CARNE BLANCA

Empecemos diciendo que no voy a utilizar el nombre real de mi hombre, los cabrones comentaristas deportivos se divertirían mucho arrastrando su culo negro sobre la mierda por algo de lo que voy a decir y él no necesita la humillación por lo que voy a decir. Voy a llamarle Hollis, siempre quise un hombre que se llamase Hollis. En cualquier caso, básicamente es un bueno hombre. Solo es que la temporada fue muy dura para él este año, el equipo no cumplía con las expectativas y él peleó con todos ellos gruñendo insultos y aguantando todas esas críticas. Si el tonto no hubiese soltado todo eso justo antes de salir hacia la Costa Este nada de la mierda de después hubiese pasado. Pero lo hizo y lo hice y aunque tengo algunos remordimientos por engañar al hombre, realmente me divertí. Tengo que admitir eso, directamente .

Teníamos hecha parte de la jardinería de la nueva casa que compramos en las montañas. Era un día cálido. Ya me había cambiado a mi bonito bikini rosa, planeando nadar cuando Hollis se fuera. Por supuesto, empezamos a discutir. Él en su fino traje azul y yo casi desnuda gritándonos. Gracias a dios el hombre tuvo que irse al aeropuerto, antes de que las cosas se nos fuesen de las manos. Estaba todavía hirviendo por toda la mierda que Hollis había dicho cuando me di cuenta de que los jardineros estaban poniendo el jardín de rosas en el maldito lugar equivocado. Llamé a un tío mejicano y le dije que quién era el idiota que estaba a cargo y que quería verlo pronto.

Estaba, sentada en el porche con una larga, fuerte bebida cuando este joven blanco musculoso con largo pelo rubio vino andando moreno y sudoroso. No llevaba camisa así que mostraba sus suaves depilados pectorales y los abdominales. Con sus estrechos, desteñidos vaqueros parecía el chico de portada de una novela rosa barata. Estaba medio esperando oír algún acento europeo y palabras de sonidos extravagantes saliendo de sus suaves labios blancos así que di un paso atrás cuando salieron las palabras toscas sureñas..

"Disculpe, señora, Juan dijo que quería verme".

Su nombre era Lance y era el capataz. Lo invité a la casa para echar un vistazo a los dibujos que tenía del diseño. Solo mirando sus bonitos ojos azules y oliendo su sudor estaba dando a mi cuerpo una interpretación diferente de la palabra "diseño". Podría decir que estaba mirando a hurtadillas mi cuerpo bronceado. Me mantengo en buena forma para una chica que se acerca a los treinta. Mi talla 36C de pecho todavía estaba firme y elevada, mi abdomen está tenso y plano. Mis largas piernas morenas son suaves y tengo el trasero de acero por todos los ejercicios que hago. Ese pequeño bikini rosa, no cubría mucho de mi sexy cuerpo moreno y podría decir que ese chico blanco estaba apreciando la vista.

Cuando cogí los dibujos del último cajón del escritorio, tardé para hacer que viese mi bonito culo redondo, contoneándolo un poco mientras los desenterraba de entre otros papeles. Mirando el gran bulto en sus vaqueros, era obvio que el meneo de mi trasero no había pasado desapercibido. Me senté en la cama, extendí los dibujos y le invité a sentarse conmigo. Inclinada sobre el papel, le di una vista de mi escote mientras apuntaba a las diferentes características del diseño. Para mi sorpresa, resultó que estaba poniendo las rosas justo donde el dibujo decía que debían estar. Me deshice en disculpas, explicando todo el estrés bajo el que había estado recientemente y llevándome al borde de las lágrimas. Cuando se inclinó para consolarme, fue como si una oleada de electricidad nos recorriese.

Antes de darme cuenta estaba en sus fuertes brazos y nos estábamos abrazando y besando con fuerza. Con manos seguras desató el top de mi bikini y dejó mis grandes bellezas morenas libres. Sus manos blancas encallecidas las acariciaban suavemente mientras yo trabajaba en desabrochar sus vaqueros. Se quitó las botas mientras chupaba uno de mis grandes pezones negros, enviando olas de lujuria de mis tetas directamente a mi conejo. Con sus vaqueros y unos slips negros todavía alrededor de sus tobillos se deslizó hacia abajo y desató la parte de debajo de mi bikini con sus dientes. Olía a sudor ácido y salado, su duro culo blanco estaba en el aire, pude sentir su aliento cálido en mi vello rizado. Girando mi cuerpo, nos pusimos de lado. Con mi cabeza hacia sus pies, liberé sus tobillos, mientras el empezaba a lamer mi coño caliente. Aparté sus suaves piernas blancas fuertes y encontré su gran, rosada e incircuncisa polla rodeada por un mata de pelos rubio ceniza. El prepucio estaba rojo, así como la brillante rajita que le sobresalía. Su mamada me estaba volviendo loca de deseo. Engullí aquel mástil rosa entre mis gruesos labios de ébano, invitando a la mitad de sus veinte centímetros erectos a mi caliente boca húmeda.

Estuvimos tumbados allí lado a lado, mamándonos y gimiendo varios deliciosos minutos. Me gustaba la sensación de sus bolas rosadas rebotando contra mi barbilla mientras chupaba su blanca polla y adoraba las cosas sensacionales que su lengua estaba haciendo tanto dentro como fuera de mi hambriento coño húmedo. Estábamos retorciéndonos en esa gran cama, perdidos entre las fuertes piernas del otro. Era mi primera degustación de carne blanca y era una buena comida. Nuestras manos estaban apretando el culo del otro mientras nuestras caderas se retorcían y giraban por nuestras intensas atenciones orales.

Ambos decidimos parar para coger aire al mismo tiempo. La barbilla blanca de Lance estaba húmeda con mi 'jugo del amor' y el chico lo frotó en mi abdomen y tetas mientras se deslizaba por encima para mirarme a los ojos. Nos cerramos en otro beso profundo, probando nuestro propio sabor en la cálida boca del otro. Separé mis largas, formadas piernas negras y sentí su dura polla blanca presionando contra mi hambriento conejo. Alargando el brazo, enrolle mis dedos alrededor del mástil y lo guié a casa. Se deslizó lentamente dentro de mí, moviéndose suavemente como si tuviese miedo de herirme. Cuando estaba totalmente introducido hasta el fondo y mi vello negro estaba mezclado con el suyo rubio, enrollé mis piernas alrededor de su bronceada espalda musculosa. Era hora de follar y mis caderas se lo hacían saber, así que no tenía la intención de retrasarlo. Creo que se desconcertó durante un segundo por mis fuertes empujones, pero pronto empezó a devolvérmelos, conduciendo su gran polla rosa dentro de mí una y otra vez con fuertes empujones que hicieron que mis dedos de los pies se agarrotasen. Nuestra fina apariencia de humanidad se había perdido por el calor de nuestra pasión. Nos follamos en loca desesperación, su fuerte cuerpo blanco sudoroso golpeándose contra mi fuerte, suave cuerpo negro, mi duro culo moreno balanceándose arriba y abajo en la cama, sus bolas rosas abofeteando la raja de mi culo cada vez más rápido y más fuerte mientras gemíamos y jadeábamos con fuerza. Si fuese una carrera, la ganaría por un pelo.

Mis piernas se tensaron alrededor de su espalda cuando el orgasmo atravesó mi cuerpo, enviando olas de calor líquido inundando mi ingle, abdomen y pechos mientras gritaba largos gemidos con palabras sin sentido. En mitad de mi fuerte corrida oí a Lance gruñendo y sentí fuertes chorros de caliente esperma blanco eyaculando de su pulsante polla mientras sus caderas se agitaban y daban tirones. Nuestros cuerpos se agitaron juntos, blanco sobre negro, sudorosos y goteantes, con temblores post-orgásmicos. Hollis haría mejor tratándome bien, me podría llegar a gustar el sabor de la carne blanca.

© 2003 Jim Goodwin.

FIN


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