RELATOS EROTICOS #1

HISTORIA #94

ST. TROPEZ

Amber paseaba por la playa, admirando la belleza de los acantilados despojados de arena conocido por todo el mundo como St. Tropez. Famosos en los sesenta por Brigitte Bardot, ahora eran zona recreativa para los desocupados ricos de Europa. Esta era la segunda visita de Amber al continente, pero su primera al sur de Francia, y esto era todo lo que había soñado y más. Eran las siete de la mañana y tenía toda la playa para ella, claro, excepto por los grandes yates que estaban amarrados a no mas de noventa metros de la costa. Recogiendo conchas mientras caminaba, Amber pudo sentir el calor del sol calentando su espalda desnuda, incluso a esta hora temprana. Cuando estuvo suficientemente lejos de la zona principal de baño, se deslizó sobre algunas rocas y se quitó los shorts y la parte de arriba y se tumbó en su manta para tomar el sol. De vuelta en Ohio, no tenían ninguna playa nudista, y aunque la tuviesen, ella no tendría agallas a desnudarse delante de gente que pudiese conocer, e incluso en Francia, a ocho mil kilómetros de casa, encontró un sitio aislado donde nadie la molestase. El calor le sentaba bien a su cuerpo, y la situación de estar desnuda y de vacaciones hacía que su conejo se humedeciese con excitación. Estaba medio dormida y no escuchó los pasos de un hombre aproximándose que también estaba buscando conchas en la playa, y ella se despertó asustada cuando él dijo con un fuerte acento francés, "Buenos días señorita, es un bonito día, ¿no?"

Amber estaba totalmente sobrecogida por la aparición del hombre de mediana edad y desesperadamente deseó que siguiese paseando y la dejase sola, pero en lugar de eso el se quedó allí mirando su cuerpo desnudo mientras charlaba un poco. Cuando tuvo la oportunidad de echarle un vistazo, no tenía mal aspecto para un hombre de unos cuarenta y cinco, y por un momento olvidó que estaba tumbada desnuda frente a un total extraño con sus piernas paracialmente abiertas y su ya húmeda vagina abultada para que él la viese. El no pareció notarlo, no obstante, y solo parloteaba sobre cúanto disfrutaba encontrando gente de todo el mundo, y cómo le gustaban los Americanos. Se presentó como Claude, y repentinamente se dejó caer en la arena al lado de ella. Sintiéndose un poco más cómoda, se desplazó un poco y le ofreció espacio en su manta. El rápidamente aceptó su oferta, pero antes de ponerse allí, se levantó y casualmente se quitó sus holgados shorts, mostrando su pene a sus ahora interesados ojos. El no estaba ni un poco avergonzado por estar semi erecto y se tumbó en la manta cerca de una cada vez más excitada Amber. Su vagina estaba ahora babeando por la largura de su raja, las pequeñas gotas brillaban en los cálidos rayos solares, mientras sus pechos, grandes y llenos, se empapaban por el calor y brillaban con el sudor que recorría el valle entre sus senos. Estaba encontrando cada vez más dificil mantener su mente en la conversación, mientras la sensación en su conejo se volvía más y más intensa. Echó un vistazo hacia la entrepierna de él, y gimió en alto cuando vió que su antes semi-erecto pene había crecido a su longitud completa de veite centímetros. El, entonces, le dijo, "No puedo evitar notar que la señorita parece estar necesitada de, ¿cómo lo llamais, gratificación?"

Ella asintió con su cabeza ofuscadamente, dificilmente capaz de decir dos palabras coherentes juntas, mientras separaba las piernas ligeramente, dando a Claude una visión sin problemas de sus hinchados labios. Casi casualmente él se inclinó y tomó su ya erecto pezón en su boca y lo chupó con suavidad, haciendo que su vagina chorrease incontrolablemente bajo el calor del sol de la mañana. Su respiración se había vuelto superficial y trabajosa, mientras el hombre francés usaba su talentosa lengua en su pecho, mordisqueando y chupando sus duras protuberancias. "¿Sabe la señorita que los hombres franceses son los mejores en el mundo satisfaciendo oralmente a las mujeres?" le susuró al oido "No," susurró ella, a través de sus mandibulas cerradas, "No sabía eso" "¿Te importa que te demuestre este fenómeno?" preguntó inocentemente "Oh, si," le rogó, "por favor, muéstramelo, muéstramelo ahora". El rió ligeramente y se deslizó entre sus calientes piernas bronceadas, besando el interior de los muslos con suaves besos húmedos, avanzando hacia su conejo mojado. "Oooo, lala", entonó alegremente, mientras tomaba una fuerte inspiración de su aroma sexual, "estás caliente ¿no?" "Por favor deja de jugar conmigo," le rogó ella, "házmelo ahora, por favor" Lo siguiente que sintió fué una larga lengua reptando a lo largo de su raja, hasta descansar en su protuberante pequeño clítoris. En cinco segundos el conejo de Amber era sacudido por un atronador clímax, del tipo que nunca antes había sentido, mientras su vagina inundaba la boca del hombre francés con un torrente de eyaculación que rápidamente cubrió toda la mitad inferior de su cara.

Cuando su orgasmo decreció, tuvo la increible necesidad de ser llenada por un gran pene, y Claude parecía leer su mente como un libro abierto, porque un segundo o dos después, estaba empujando su gruesa polla hasta el fondo de su conejo. Amber era ahora como una zorra caliente, y lo único que le importaba era tener otro orgasmo. Puso sus largas piernas alrededor de la espalda de Claude, intentando desesperadamente mantener sus caderas fuertemente juntas. Su mente se tambaleaba, aquí estaba en una playa pública permitiendo que un total extraño tomase su sexualidad como ningún otro hombre había hecho nunca en su vida. De repente, el tomó el ritmo de los impulsos, ahora batiendo a golpes su indefenso conejo con eficiencia, conduciéndola como a un animal salvaje al borde del clímax. No parecía posible, pero su pene parecía ponerse incluso más duro cuando se acercaba su propio clímax, y mirando directamente a sus ojos dijo, "Señorita, eres tan bonita que tengo que cogerte como a una flor y sujetarte." Oyéndole hablar en ese lenguaje floral fue todo lo que necesitó y ambos se sujetaron como si su vida fuese en ello mientras sus orgasmos atravesaban sus cuerpos, dejándolos tumbados juntos en una incandescencia post-orgásmica.

Entrelazados, tomando el sol, Claude besó su cuello y dijo, "Siempre te recordaré, Amber, como uno de los mejores momentos de mi vida" Ella le devolvió el beso y respondió, "Yo también, Claude, yo también."

FIN

RELATOS EROTICOS
video chat

Prohibida su reproduccion total o parcial
Copyright © LS Interactiva Tele media S.L. 2003 - 2008 -
WEBMASTERS
CONTACTAR
INICIO

Política de Privacidad